lunes, 9 de junio de 2014

¿POPULISMO EN ESPAÑA?

     Los defensores del status quo ha salido al paso de Podemos diciendo es un fenómeno populista de tipo bolivariano, a ver si nos asustamos. ¡Que viene el coco! Se trata de que veamos en “la casta” una reserva de buen hacer democrático, una garantía de que estamos a salvo. Todo un síntoma.
     En lugar de respetar la aparición de la nueva fuerza, de entrada se la rechaza de plano. Lo que indica que el sistema carece de flexibilidad y de sentido de futuro y que, como ya se sospechaba, aspira al insano monopolio del espacio político, aspiración que, en teoría, podría dar lugar a la necesidad de crear otro monopolio alternativo, con la consiguiente turbulencia. La historia está llena de ejemplos, no precisamente felices para la democracia en cuanto tal.
    Nadie puede saber qué rumbo tomará Podemos. No sólo va a depender de su propia lógica interna, pues el rumbo de una formación política depende en buena medida de lo que hagan sus oponentes, contra ella y en general. Pero ya ha sido tildado de populista bolivariano, con la intención de que caiga sobre él la artillería mediática concentrada en Maduro.
     En realidad, Podemos es una originalidad española. La comparación con el chavismo está traída por los pelos. En primer lugar, porque nos encontramos en Europa, en otro contexto. Pero también porque faltan otros rasgos característicos del populismo y hecho y derecho. Si bien es cierto que los dos  populismos de referencia, los más conocidos, el peronismo y el chavismo, hicieron acto de presencia en circunstancias semejantes, en vista de la putrefacción de los respectivos sistema políticos, lo que algo nos atañe en la actualidad, hay diferencias fundamentales a tener en cuenta.
    No parece posible que Podemos genere un líder carismático del tipo de Perón o de Chávez, un elemento que nunca falta en los populismos propiamente dichos. La artificial elevación de Pablo Iglesias a esa dimensión comportaría, dentro de la sensibilidad de la gente de Podemos, un suicidio político. Además, en un pueblo resabiado como el nuestro, no parece posible que la gente se deje llevar apasionadamente por el magnetismo de un solo individuo, por un caudillaje puro y duro. Aquí sólo parecen admitirse ciertos liderazgos condicionales y de baja intensidad. Podemos  se expresa por medio de varias personas y su insistencia en la democracia interna le sirve de adecuada protección contra una deriva caudillista.
     Por otra parte, debe recordarse que tanto el Perón como Chávez, si bien llegaron al poder por la vía democrática, tras movilizar a las grandes masas perjudicadas por sus respectivas oligarquías “vendepatrias”, necesitaron contar un el respaldo de las fuerzas armadas. No es casual que fueran precisamente militares, un coronel y un comandante. O habrían sido barridos a las primeras de cambio. Aquí no hay candidatos al doble papel de líder carismático y jefe militar. Nos encontramos en un encuadre muy alejado el punto de partida del peronismo de la Argentina de los años cuarenta y del chavismo de los noventa. Hasta que no se demuestre lo contrario, aquí no vivimos expuestos a un golpe de mano maximalista.
    Otra diferencia importante se refiere a la composición humana de Podemos. En los dos populismos de referencia, el peronismo y el chavismo, se dieron cita, encabalgándose sobre las masas movilizadas, unos elementos muy diversos, de por sí incompatibles: de extrema derecha nacionalista, de la derecha nacionalista y templada, de sectores conservadores y progresistas de la Iglesia, de la izquierda moderada  y de la extremosa…  Sólo el líder carismático podía dar sentido y aparente unidad de acción a un conjunto tan heteróclito. Podemos es una fuerza mucho más homogénea tanto desde el punto de vista social como del político. Las gentes movilizadas no son de la hechura de las masas que depositaron sus esperanzas en Perón y en Chávez. Nadie se atrevería a tildarlas de “aluvión zoológico”. Y en cuanto a los dirigentes, no cabe dudar de que se trata de personas que han tenido ocasión de disfrutar, como buena parte de sus seguidores, de una excelente preparación. Podemos ha salido a la palestra tras muchos lustros de trabajo colectivo encaminados a mejorar la cohesión social, y esto se nota mucho, marcando una diferencia con respecto a los modelos populistas de referencia.
    También hay que tener en cuenta un factor material decisivo. Me refiero a la riqueza disponible. La Argentina de los años cuarenta era un país rico, consagrado como potencia por su condición de granero en un mundo en ruinas. La Venezuela de Chávez tenía petróleo en abundancia. De modo y manera que ambos caudillos populistas pudieron ponerse a repartir riqueza desde el primer día, ganándose con ello el corazón de las masas, inmunizándose de paso contra los ataques internos y externos. El caso de España es,  salta a la vista, muy distinto, tanto que no parece posible aplicar el mismo modelo. Casi cualquier cosa que se haga contra la casta y sus asociados externos requerirá esfuerzos y sufrimientos incompatibles con el abecé del populismo clásico.
     Así pues, en mi opinión no tiene sentido hablar de populismo propiamente dicho en España y a propósito de Podemos. En este partido se detectan, claro, elementos populistas, pero de género menor. Como en todos. Cuando los candidatos del PP o del PSOE se quitan la corbata y se calzan unos vaqueros para un mitin, incurren en dicho populismo menor, como el propio gobierno cuando nos cuenta que la crisis ha quedado atrás.
    Dicho esto, no quiero dejarme en el tintero un par de consideraciones. Porque hay algo en Podemos que sí tiene cierto regusto a populismo clásico. Me refiero a su tendencia a situarse por encima de la dialéctica izquierda/derecha, sobre el principio de que se trata de algo superado, como los propios partidos configurados en función de ella, lo que lleva implícito el rechazo del “régimen de 1978”.
   Esta tendencia, seré sincero,  me deja un regusto peronista y chavista (y también, por cierto, fascista y franquista). Y a esto sí que no le veo la gracia, tanto por razones teóricas como prácticas. Porque, a conciencia o sin ella, es una manera de apuntar a lo que se entiende por un partido único, a una situación de conmigo o contra mí, de todo o nada, de lo que  a la larga no cabe esperar un curso democrático. Y en la práctica, porque en ausencia de los elementos del populismo clásico antes señalados, una cosa así resulta inviable.
    Hace falta aquí y en Europa una izquierda potente, pero eso no se puede lograr si se guarda disimuladamente en un cajón la correspondiente etiqueta. Claro que, por otra parte, hay que entender el fenómeno. Podemos aspira a hacerse desde abajo, en función de las creencias imperantes en su electorado presente y potencial. Y hoy lo que se lleva es precisamente decir que la dialéctica izquierda/derecha ha caducado. Y se lleva esta creencia por la larga prédica de los teóricos del fin de la historia y de las ideologías… asociados y pagados, oh ironía,  por los promotores de la revolución de los muy ricos,  por no hablar de los rollos filosóficos posmodernos que vienen en el lote. A ello sólo ha tenido que sumarse la reiterada  y frustrante comprobación de que los dos partidos hegemónicos hasta la fecha, el PP y el PSOE, juegan en el mismo equipo, a favor de la casta, para que mucha gente experimente el espejismo de  que izquierda y derecha son lo mismo.  Ya veremos lo que pasa con estos matices, que no me bastan para extender el acta de nacimiento de un populismo propiamente dicho en nuestro país.

martes, 3 de junio de 2014

EN LOS PLIEGUES DEL TERCER MUNDO

   El daño que nos está haciendo el sindicato de proxenetas (la “casta”) es indecible.  Las cifras de parados, subempleados, precarios, hambreados, desahuciados, emigrados, enfermos, alcoholizados  y suicidas son tremendamente elocuentes. Pero tales cifras, llamadas a aumentar,  no muestran el cuadro completo: se producen daños muy difícil cuantificación.
     De seguir las cosas así mañana será imposible enseñar lo buena que es nuestra Constitución, lo sensato que es el sistema y el respeto que se  debe a las autoridades. Si los padres tienen motivos para preocuparse por sus hijos, estos toman nota de lo que está pasando, obligados  a asumir prematuramente  las “verdades de la vida” del tiempo infeliz de sus abuelos.
    Para millones de españoles la normalidad ya no rige, y esto tiene devastadoras consecuencias sociales y políticas. No se vive impunemente en la inseguridad, con la casa a media luz, con miedo al buzón, al teléfono y al timbre. Lo sabe cualquiera, aunque todavía no haya tenido necesidad de desollarse la cara con una cuchilla vieja, jabón lagarto y agua fría.
     Cuando se ha llegado al punto en que un niño sabe que si comunica que los zapatos se le han quedado chicos dará un disgusto, cuando un adulto trata de ocultar que se la ha caído un diente, cuando a un señor formal le tiembla la mano al hacer pis porque ha recibido un burofax, la cosa está bien fastidiada, aunque quede un trecho para llegar al abismo propiamente dicho.
    ¿En qué cuadrícula se registran los casos de paranoia invertida, en los cuales el sujeto, en lugar de verse perseguido, se siente eludido por propios y extraños, por su condición de mendicante o posible sablista? ¿Qué hace una persona seria que ha operado toda la vida sobre el mandato de no depender de nadie cuando tiene que confesar que no se las puede?
    ¿Dónde figuran las zozobras de la persona buena y solidaria ante el amigo o el familiar en apuros? ¿Y las de los abuelos, que ven hoy arruinada su tranquilidad ante la evidencia de que pronto dejarán de aportar su pensión a la subsistencia de hijos y nietos?
    ¿Cuántas personas se sientan a oscuras en la alta noche sin saber hacia dónde tirar, cuántas hacen zapping compulsivamente, corroídas por la idea de haberse equivocado de medio a medio en los estudios, los sueños, las ambiciones, en todo? ¿Dónde se anotan estos sufrimientos? ¿Dónde figuran los casos de autoinculpación neurótica y los reproches vitriólicos que vienen con la desesperación?
     Para millones de españoles el tiempo corre a una velocidad endiablada: siempre se echa encima “el fin de mes”, con el trépano de las facturas pendientes y nuevas. Si la víctima decide llevar una contabilidad al céntimo, malo para él y para las personas de su entorno, si opta por no llevar las cuentas, malo también. Si la percepción del tiempo se altera, resulta que la percepción del dinero también. Lo que al sujeto le parece mucho, resulta que es poquísimo, con cálculos o sin ellos. Y por eso cuando ha “cobrado algo que le debían”, resulta que vuelve a casa con las orejas gachas o completamente airado.
     Decía el optimista Benjamin Franklin que el tiempo es oro. Puede ser plomo.  Pero no sin consecuencias, extrasístoles, discusiones vanas, esperas inútiles, colas, frenético escarbeo de papeles y documentos, vanas esperanzas, sudores fríos, alcohol, calmantes, antidepresivos y salidas en falso. En términos existenciales, esto va de plomo en el ala. Cuanto más probo y bienpensante haya sido el sujeto, cuanto más razonable haya sido en todos los órdenes de la vida, cuanto más se haya fiado de las santas apariencias, peor lo pasará. No se aprende en un día ni en dos a vivir en los pliegues del Tercer Mundo.


lunes, 2 de junio de 2014

EL REY HA ABDICADO HOY

  El sistema se apresta a entronizar a su hijo a la mayor brevedad, sobre el principio de que aquí no ha sucedido nada irreparable salvo el desgaste propio de la edad. Sobre el papel parece sencillo, en la práctica ya veremos.
    La historia acelera sin contemplaciones y ya estamos otra vez divididos entre monárquicos y republicanos, en un clima emocional más tempestuoso de lo que nos conviene a juzgar por la potencia de las fuerzas brutalmente hostiles al bienestar de los españoles. En fin, hay que dar por hecho que el principio monárquico va a tener que vérselas con el principio republicano y que saltarán muchas chispas por el camino.
    Ya se habla del “régimen de 1978” en términos de repugnancia. Esto quiere decir que la herencia de la Transición ha sido dilapidada. Me resulta amargo porque tengo muy presentes no sólo sus deficiencias sino también y principalmente sus méritos históricos. Si esas deficiencias tenían solución, el problema derivado de su agravamiento, que ahora nos ha estallado en la cara, promete ser muy duro de roer y de padecer. Roto un consenso mayoritario es muy difícil llegar a otro. ¿Cuánto serían hoy capaces de ceder estos, los otros y los de más allá para sentar las bases de una convivencia constructiva? ¿Tiene alguien noticia de una monarquía que se haya mantenido en el tiempo sobre la base de servir de instrumento a una minoría rapaz? Yo no. La historia es muy elocuente al respecto. 

jueves, 29 de mayo de 2014

LA IRRUPCIÓN DE PODEMOS

     Esta es la gran novedad que nos han dejado las elecciones europeas. Quienes se congratulaban por el  supuesto desvanecimiento del 15-M se han llevado una desagradable sorpresa al toparse con su materialización en forma de partido. Podemos ha venido para quedarse, con el sólido respaldo de más de un millón de españoles. Esto  ha pillado desprevenidos a los genios malignos del orden establecido.
     El señor Arriola, consejero áulico del presidente del gobierno, ha dado muestras de una prepotencia más bien patética al confundir un fenómeno político del tamaño de Podemos con una ventolera friki. De tanto jugar con los términos el gran prestidigitador, réplica española de Karl Rove, ha acabado por no distinguir un mosquito de  un tigre.
    Tomar por frikies a los profesores, licenciados, doctores y personas ilustradas en general que han dado vida a Podemos es una ocurrencia realmente estúpida. Pablo Iglesias y su equipo representan a la parte activa de una generación que de tonta no tiene un pelo. Por lo que a ellos se refiere, el infame plan de crear una sociedad clasista en la que sólo puedan hacerse con una preparación digna de tal nombre los hijos de los ricos ha llegado tarde.
    El señor Arriola no tardará en caer en la cuenta de que las exitosas fórmulas que se utilizan para manipular a las gentes de la América profunda son inútiles, contraproducentes e irritantes en la España del siglo XXI. ¿Qué papel cree que harían Arias Cañete o González Pons en un cara a cara con el profesor Monedero o con la “camarera del gin-tonic”, Lola Sánchez, licenciada en Ciencias Políticas? Que sus clientes sigan pendientes de argumentarios idiotas hasta la completa despersonalización y ya veremos lo que pasa.
    Claro que no es Arriola el único que ha dado la nota. Podemos ha provocado reacciones cavernarias dignas de estudio. Pablo Iglesias es “el niñato”, “el de la coleta”, “Pablete”, nada importante, o bien, simultáneamente, un “Lenin”, la  reencarnación de Hitler y de Castro, un Le Pen, un Chávez.  Los mismos que se descamisan para las elecciones le han acusado de “populista”… Y esto no ha hecho más que empezar. Todas las alarmas han saltado a la vez.
    Particularmente expresivo ha sido Felipe González, que se ha declarado orgulloso de pertenecer a “la casta” por lo mucho que esta ha hecho por el país. ¿Le habré entendido mal? Su pertenencia a la casta es evidente, pero, ¿en qué se funda su orgullo? ¿Atribuye a la casta las pensiones no contributivas o se las atribuye al PSOE de los años ochenta? ¿Confunde a aquel PSOE que recibió un apoyo masivo con la casta de marras y nos invita a confundirnos también? Más clara ha sido su definición de Podemos: una moda bolivariana, algo que le preocupa mucho, vamos, como si no fuese una moda. Viene a decirnos que sería catastrófico que fuese a más aquí y en Europa. Exactamente como si en lugar de efecto de la catástrofe que estamos viviendo, Podemos y Syriza  fuesen la causa de la misma. Es una forma de sugerir que más vale conformarse con lo que hay, por ser terrorífico lo que puede pasar.
     No es la primera vez que  Felipe González pulsa las fibras del miedo  a lo desconocido. Ahora bien, ¿por qué lo hace ahora, como si Pablo Iglesias estuviese a punto de instalarse en La Moncloa? Mucho me temo que sigue pensando en un gobierno de concentración o salvación nacional y que en su mente ya opera el fantasma de Hugo Chávez como pretexto añadido. Y el problema es que ese gobierno de salvación sería precisamente el hacha de la casta mafiosa. Por no hablar de la manera realmente grotesca de dar la razón a todos aquellos que han llegado a la conclusión de que la Transición fue  una estafa, lo que no es precisamente un favor para quienes tratamos de defender sus aspectos meritorios y decentes. Muchísima gente joven ya habla con desprecio del “régimen de 1978”, de la socialdemocracia y del liberalismo, y no creo que la ejecutoria de González y sus compadres sea ajena a este desperfecto de nuestro sistema político.
     El poder establecido haría bien en estar agradecido a que, a pesar de sus modales  chulescos, le haya tocado en suerte una oposición tan cívica e ilustrada como Podemos, que hasta le da una oportunidad de reflexionar y de ponerse límites, cosa elemental que no sabe hacer por sí mismo, una oposición que por su sola presencia invita a la sanación democrática de nuestros diversos males, empezando por la sanación del propio PSOE, que si llega a celebrar unas primarias dignas de tal nombre será por lo que ha aprendido el domingo. Pero esta es una apreciación idealista. Lo cierto es que el poder establecido ya ha emprendido su particular cruzada contra Podemos y todo lo que representa. Y esto sí que es preocupante. 

martes, 27 de mayo de 2014

TRAS LAS ELECCIONES EUROPEAS

   Mientras la situación económica sigue inmutable, por sus férreos raíles, el panorama político cambia, como era de prever, tanto en Europa como en España, sin que sea posible adivinar en qué momento se producirá el choque entre los defensores del status quo y quienes están decididos a modificarlo. De momento, el choque es virtual.
    La hora de la verdad propiamente dicha llegará cuando el poder establecido vea objetivamente amenazada su rutina criminal. La impresión es que “la casta”, por emplear la definición de Pablo Iglesias, cree haberse salido con la suya, poniéndose en situación de seguir en las mismas.
     Haríamos bien en prepararnos para una prolongada confrontación. Y no uso la palabra confrontación por descuido: en Europa las novedades, tanto por la izquierda como por la derecha,  apuntan a una modificación real del orden de cosas existente. Y de hecho, por apuntar hacia dicha modificación real han ido hacia arriba fuerzas de opuesto signo, Podemos aquí o Syriza en Grecia, por un  lado, y por el otro, en Francia, el Frente de la señora Le Pen. Cada país tiene sus particularidades, pero es obvio que estamos ante una consecuencia de la falta de miras de quienes han dirigido el cotarro europeo hasta la fecha.
     Centrándonos en España, las formaciones de toda la vida se han visto castigadas o frenadas por su participación en el sistema, por haberse ganado la desconfianza de grandes masas de votantes.  Hasta Izquierda Plural parece haberse visto afectada por este interesante fenómeno. Asistimos a un castigo a nuestro familiar bipartidismo, que de “imperfecto” pasa directamente a “fallido”, con consecuencias más o menos  obvias para la organización territorial,  la Monarquía y la “casta” en él asentada.
    El PP parece haber quemado sus naves a mayor gloria del neoliberalismo, convirtiéndose en la fuerza a batir y en el modelo de lo que se rechaza instintivamente. El PSOE intentará lavarse la cara, pero no se sabe cómo. La izquierda acomodaticia, por él representada, parece haber quemado sus naves también, ganándose el aborrecimiento de votantes otrora fieles. Lo que se pide hoy es una alternativa, no una acomodación. Y las propuestas alternativas en alza exigen cambios reales, esto es, una ruptura con el paradigma neoliberal vigente.
    Hoy se presta atención a lo que pasará tras la caía de Rubalcaba, pendientes todos de la persona que tomará el relevo. Más importantes son las cuestiones de fondo. ¿Hará algo el PSOE contra el artículo 135? ¿Se arrepentirá de su complicidad con el PP en este feo asunto? ¿Qué papel se dispone a jugar, en adelante, con respecto al tratado EU-EE UU, hoy en fase de clandestina redacción? Estas son las preguntas que no se pueden eludir.
    Ya veremos qué pasa en Europa, donde la desafección  del Frente Nacional y de los euroescépticos ingleses promete algo más que turbulencias, pues poco margen tienen para satisfacer a sus votantes con meros aspavientos retóricos. Podría suceder que la Europa que nos ha estafado se haga pedazos y salga algo peor. A cualquier conocedor de la historia el proceso le da mala espina. La fijación en “el problema de emigración”, con metódicas y repulsivas cargas de xenofobia, será atizada para ocultar los verdaderos problemas.
    En cuanto a España, creo que hay que tener en cuenta que “la casta”, que desconoce el bien común, que no tiene nada que ofrecer, que carece de sensatez y mano izquierda, que ignora el fair-play, que se siente respaldada por las más altas instancias planetarias, no va a ser de buen perder.  Capaz es de pretender salvarse por medio del famoso gobierno de concentración (PP + PSOE) y con vaya uno a saber qué medidas excepcionales, algunas ya precocinadas.
     En todo caso, quienes nos oponemos a la Bestia neoliberal le debemos a los resultados de estas elecciones la porción de legitimidad que no le permitirá a dicha casta despacharnos como simples perroflautas , frickies o comunistas casposos. Y creo que ha hecho muy bien Podemos en no encastillarse en su éxito y apuntar a la creación de un Frente Amplio. Pues nos va a hacer falta, como acaba de demostrarse.

martes, 20 de mayo de 2014

YO IRÉ A VOTAR

   Sí, iré, pase lo que pase, a pesar de la ofuscada resistencia de mis  infalibles neuronas reptilianas.  A ver si todavía se puede hacer algo por la vieja Europa, un caso desesperado. Me digo que, al menos, ahora será posible elegir al sustituto del incombustible y teledirigido señor Durao Barroso, posibilidad que sólo parece interesarme a mí.
   No quiero ser cómplice por omisión de la Europa canalla. Quiero contribuir a meter un buen palo en la rueda del proyecto de poner la soberanía a los pies de las grandes multinacionales, como ya lo está a los pies de los señores banqueros. Porque algo gravísimo se está tramando: el Tratado de Libre Comercio UE-EEUU. Y se está tramando a puerta cerrada, sin hacer ruido, apartando el asunto de la atención de los ciudadanos europeos llamados a votar. ¿Se mencionó ese Tratado en los debates? Pues no. Ni la señora Valenciano ni el señor Arias Cañete han dicho ni pío al respecto, en lo que yo veo un caso muy feo de complicidad.
    Si ese Tratado prospera en los términos que se han filtrado, resulta que la legislación europea se acomodará a la norteamericana en diversos órdenes. Asistiríamos a la definitiva liquidación del sueño europeo, sacrificado al mismo Moloch que el sueño americano. Más desregulaciones. Libre circulación de sustancias que los sabios europeos consideran tóxicas y asalto final a la Europa del bienestar, tan molesta para la elite norteamericana como para los propios primates europeos.
    Cuando una empresa multinacional se vea incomodada por la legislación de un país europeo, acudirá a un misterioso tribunal supranacional, pudiendo exigir monstruosas indemnizaciones, sin que ese país pueda hacer otra cosa que pagar, sin que los de Bruselas hagan otra cosa que decir sí señor. 
    Contando con el maldito artículo 135 que los socialistas y los populares calzaron en nuestra Constitución, estaremos realmente atados de pies y manos.  Y es que esa gente no da puntada sin hilo. No hemos llegado a este punto por azar, ni por mala suerte. El Tratado vendrá a rematar la jugada, y si algún día tenemos una Constitución europea, o si se modifica la nuestra, a buen seguro que será a medida del infame documento. No es que la señora Merckel y la Troika sean incompetentes, incapaces de ver más allá de sus narices, no, no. Nos han conducido a este desfiladero con mano firme. Primero, el austericidio, el sometimiento de la gente, finalmente el Tratado, que será presentado como una oportunidad de oro, como la solución. Los interesados harían bien en preguntar a nuestros hermanos mexicanos acerca de ese tipo de negocios.
    Préstese atención, y se verá que todos los pasos que se han dado en España apuntan a la imposición del modelo neoliberal norteamericano, y cuando digo todos digo todos. ¿Que la gente sufre? "No me importa nada", como acaba de decirle el diputado popular García-Tizón a los padres de unos niños enfermos de cáncer. El "que se jodan" de la señora Fabra no fue una salida de tono ocasional. Ya llevamos mucho recorrido por este camino de perdición.  O nadie, y menos el rey y el príncipe, se atreverían a sumarse al rollo de la recuperación cuando la gente está  con el agua al cuello. Ya nos dijeron los genios de la fundación Everis que tenemos que pasar de "la sociedad de las personas a la sociedad de los talentos" [sic!], etcétera.
     Me opongo a esta Europa cuyo único horizonte es ese Tratado. Me opongo por razones filosóficas, por sentido común, por eso que antes se llamaba conciencia histórica, y también porque corro el peligro de acabar bajo un puente.  Si ese proyecto sigue adelante, será cuestión de tiempo que Madrid acabe como Detroit. Y no  quiero. Por eso iré a votar.

viernes, 16 de mayo de 2014

LOS “INDESEABLES” DE TWITTER

   El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, se propone “limpiar las redes sociales de indeseables”, tarea hercúlea donde las haya, al parecer no solo en adelante sino retroactivamente, a raíz de ciertas barbaridades  suscitadas por el asesinato de Isabel Carrasco. La cosa se las trae. ¿Se irá también contra los anónimos autores de los comentarios de cierto jaez vertidos al pie de los artículos informativos publicados en los diarios digitales? Ya hay un detenido por “apología de la violencia”,  un chico de 19 años, autor de unas líneas de gusto pésimo, lo que quizá sea el anuncio de una redada espectacular.
   La autoridad acaba de mezclar el asesinato con el yihadismo y el terrorismo, nada menos, como otros lo han relacionado con los escraches. Es una forma de hablar encaminada a la persecución de los “indeseables”. Se pretende aprovechar un crimen para reprimir la libre expresión de la gente en ese medio, con la idea de que se calle o que se corte un poco. Lo que no me parece admisible, por una cuestión de principios. La libertad de expresión es sagrada y punto. Así son las cosas en una sociedad abierta, y si a la autoridad le molesta que se fastidie, como nos fastidiamos todos al leer u oír asertos que nos repugnan, sin reclamar medidas a la china o a la turca.
    La iniciativa del ministro se inscribe en un contexto preciso, siendo obvio que aquí de lo que se trata es de amedrentar al personal con baterías de multas, e incluso con penas de cárcel, como acaban de comprobar dos manifestantes, un joven estudiante de medicina y un ama de casa. Estas cosas empiezan así, poco a poco, y van a más si la sociedad no atina a frenarlas. En relación al tema que nos ocupa, primero se va contra los que se han complacido en un crimen, aprovechando la repulsa general, y se acaba yendo contra quienes haga falta,  contra los opinantes molestos. Entre la censura y la autocensura, todos arrugados.
     A mí las barbaridades que he tenido ocasión de leer estos días me han dado un pesado material para la reflexión, material que debo precisamente a la libertad de expresión todavía existente en la red. Si así está el patio, prefiero saberlo. Y por cierto que no solo he leído barbaridades. Hay realmente de todo. Mucha gente se esfuerza por dar en el clavo, y esto vale, aunque se le tuerza. Además,  por la misma dinámica de la red, al burro no le suele faltar un contradictor, acabando todo en tablas.
     Las redes sociales se han convertido en un foro aparte, en el que gente que jamás se ha expresado públicamente por escrito, como el joven detenido, tiende a expresarse en plan válvula de escape. Los resultados, claro, producen vergüenza ajena. Pero me parece chusco que lo que pueda pensar un jovencito en la intimidad de su cuarto le interese más a la policía que a sus familiares, amigos y lectores de ocasión. Como me parece anómalo que se crea que reprimiéndolo se vayan enmendar sus malos pensamientos. En cuanto a la creencia de que así se puede impedir el contagio de estos, presupone la creencia de que la red los crea, cosa de la que dudo. ¡Y cómo han cambiado los tiempos! Los anónimos malignos llegaban antaño por correo, se deslizaban por debajo de la puerta, se emitían desde un teléfono público, hoy los manda un ingenuo que de anónimo no tiene más que su estado de ánimo.
      Debo añadir, para terminar, que me da mala espina cierto fenómeno: la tendencia a reclamar histéricamente la acción de la Justicia en casos de opinión. Una cosa es criticar a la autora de Cásate y sé sumisa, y otra distinta llevar el caso a los tribunales. Una cosa es que los feligreses se revuelvan contra un párroco que llamó “adúlteras” las mujeres, o que nos irrite lo dicho por el obispo Reig, capaz de decir que la homosexualidad conduce a la prostitución, y otra reclamar la acción de la Justicia. Como he dicho, la libertad de expresión es sagrada, también la del párroco y la del obispo, que ya se retratan por sí mismos, como el joven que acaba de ser detenido.  Claro que hablo como parte interesada. De seguir las cosas así, los escritores tendremos forzosamente que volver a escribir entre líneas, como en los viejos tiempos, y llegará a considerarse un insensato el escritor que no se saque un seguro, como los arquitectos, para hacer frente a las consecuencias de un “accidente”.