lunes, 25 de enero de 2016

El LLAMAMIENTO DE VARUFAKIS

     El ex ministro de finanzas griego Yanis Varufakis pone en marcha el Movimiento por la Democracia Europea, cuya presentación en sociedad tendrá lugar el 9 de febrero en Berlín. La iniciativa obedece a la evidencia de que, una de dos, o se materializa en Europa una democracia digna de tal nombre, o sobrevendrá un desastre político y social de imposible remedio.
     Si alguien sabe con qué bueyes aramos, este es Varufakis.  Ha sufrido en sus propias carnes la prepotencia y la cerrilidad de las altas instancias europeas que pusieron a Grecia de rodillas. Sabe cómo se las gastan los mandamases de Bruselas, ha sido testigo de cómo el Parlamento europeo opera en el vacío. Las decisiones se toman a puerta cerrada y en plan tecnoburocrático, a placer de los intereses oligárquicos. La democracia actual es pura apariencia, la cobertura de un autoritarismo fatídico para el bien común.
    No dice Varufakis que vaya a ser fácil democratizar Europa de verdad.  Reconoce abiertamente que su proyecto tiene una dimensión utópica, pero –y esto es lo decisivo– ha decidido actuar, espoleado por su conciencia. Me solidarizo con esta decisión, de orden moral.
    Ya veremos lo que sale del cónclave fundacional del 9 de febrero. De momento, me ha gustado mucho que Varufakis plantee su Movimiento por la Democracia Europea en términos abiertos, no excluyentes, como un llamamiento a todos los europeos que hayan comprendido el peligro de seguir en las mismas y deseen democratizar Europa a fondo. 
     Nos las tenemos que ver con un mecanismo autoritario y elitista que viene de lejos y que no puede ser desmontado por un solo grupo político. Es preciso apelar a valores que están por encima de la lógica partidaria, sobre los cuales es posible basar un acuerdo trascendente. Hacen falta todos los demócratas, tanto los de izquierdas como los de derechas. Solo se podrá cambiar el actual estado de cosas en la medida en que consigamos embridar el poder por medios democráticos, proeza que no está al alcance de un solo partido, ni de un solo país.  Por eso el llamamiento se dirige, en primer lugar, a las personas, con independencia de su filiación política.
    El planteamiento de Varufakis es propio de un pensamiento maduro y resabiado. Si no le interpreto mal, creo que tiene ojos para una cuestión delicada, sobre la que no se suele pensar:  desmontar el aparato antidemocrático que padecemos es tarea que supera las fuerzas de un solo partido, como acabo de decir, salvo en el caso de que el tal partido opere de forma no democrática, es decir, por las malas, como ya ha ocurrido varias veces para desgracia general.  Ya sabemos adónde se va a parar con los regímenes de partido único, detestables por definición, y ya flota en el aire la tentación de repetir viejas historias, una tentación solo comprensible por la cerrilidad del poder desaforado que nos domina.
    Bajo esta luz la propuesta de Varufakis resplandece en todo su valor y oportunidad. Se trata de dar vida a un movimiento democratizador  generalizado, capaz de limpiar el terreno de juego, única manera de que las distintas sensibilidades políticas puedan desempeñarse de manera normal, de manera legítima y efectiva, libres de la acusación de no representar al ciudadano común y corriente.

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