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miércoles, 11 de febrero de 2015

PARA SALIR DE DUDAS

  Sólo hay que esperar un poco, unos días, menos de un mes. Me confieso con el alma en vilo. Tengo mis sospechas, pero a ver qué pasa.
    ¿En qué acabará la “negociación” entre Grecia y la Troika? ¿Habrá un debate inteligente entre las partes, o un simple dicktat? ¿Hay siquiera un margen para los juegos de prestidigitación? ¿Seguirá la Troika chantajeando y machacando a los griegos, indiferente a su sufrimiento, e incluso los castigará por la osadía de haber  depositado su confianza en Tsipras? ¿Se impondrá la ley de la jungla como hasta la fecha? Un poco de paciencia y lo sabremos. Si Grecia acaba humillada y económicamente peor de lo que estaba, no quedará otra que darnos por enterados de una vez por todas sobre lo que nos espera y sobre lo que ya se ha cocido sobre nuestro destino en la trastienda de esta Europa que me resulta irreconocible. Bien entendido que ya es el colmo haber llegado hasta aquí.
    Pero no sólo vienen días decisivos para Grecia. Tengo el alma en vilo por lo de Ucrania. Europa  y el mundo podrían estar en camino de un desastre de proporciones inauditas. Ahora mismo tienen lugar “negociaciones” a varias bandas, en ausencia de las Naciones Unidas y mientras en el este del país truena la artillería. De lo que se decida ahora depende, tengámoslo claro, nuestro porvenir.
    Dada la habituación de ciertas potencias a jugar con fuego por razones geoestratégicas y económicas, todas inconfesables, dada su peculiar habilidad para crear focos de horror y experimentar cínicamente con ellos, solo cabe esperar una desgracia. Pero, a ver qué se decide.
     Si todo siguiese igual  o peor sobre el terreno, será inevitable concluir que las negociaciones no fueron tales por haber planes ya perfectamente trazados y en fase de ejecución. Por momentos, lo confieso, me vuelve la sensación de incertidumbre, por no decir de miedo, que experimenté cuando era un muchacho a propósito de la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, con el mismo contrapeso de “no puede ser”, con la misma tendencia a no pensar en ello y a distraerme con pequeñeces.