jueves, 22 de agosto de 2019

LEYENDO A MANOLO MONEREO

     Leo en Cuarto Poder un artículo de Manolo Monereo, “¡Que se vayan todos! El retorno del ‘momento populista’ que nunca se fue”, publicado el 29 de julio de 2019 (https://www.cuartopoder.es/ideas/2019/07/29/manolo-monereo-que-se-vayan-todos-el-retorno-momento-populista-que-nunca-fue/).
    Es inspirador, como otras piezas que le he leído, comparto su anhelo de una sociedad justa y libre, pero me produce malestar, mucho malestar. Detecto las peculiaridades  intelectuales y estratégicas de una izquierda que, a poco que se descuide, quedará encerrada para siempre en la trampa para incautos que le han tendido los magos la revolución de los muy ricos. 
   Imagina Monereo que la única fuerza capaz de vencer al populismo de derechas es un populismo de izquierdas. Apela al “momento populista que nunca se fue”, apela al 15-M. No suena mal, pero no termino de acostumbrarme a esa manera de hablar y mucho me temo que el 15-M ya se fue. A mi entender el populismo es por definición una instrumentalización del sentir colectivo, por la izquierda o por la derecha. (Lo del nacional-populismo de izquierdas, sobre el que he oído hablar, me parece completamente ilusorio.)
   El 15-M no fue un movimiento populista sino un movimiento popular, cosa muy distinta. Fue una reacción espontánea y masiva contra la crisis económica y su gestión, una reacción de los indefensos y no representados. Si de lo que se trataba era de que Podemos le diese alas y orientación a ese movimiento, fracasó por completo. Se alejó de la gente, perdió apoyo electoral, y no es extraño que , habiendo renunciado a ese papel histórico, se empeñe ahora en “tocar poder” al precio de su completa esterilización. Y en  el supuesto de que volviese a producirse un movimiento popular como el del 15-M –algo muy difícil bajo el repulsivo articulado de la Ley Mordaza–, no creo que Podemos, ya consumido por su torpe ejecutoria, pueda adueñarse de su destino. Ha perdido el tren.
   También me causa malestar el trato superficial que Monereo dedica a la socialdemocracia. Hace bien en señalar la complicidad de los socialdemócratas en la jugada neoliberal y en la restauración del status quo, pero demando precisiones. Una cosa es la socialdemocracia como teoría política y otra la andadura de sus dirigentes de los últimos cuarenta años. Considero muy empobrecedor confundir la socialdemocracia con los hechos de falsos socialdemócratas como Schröeder, González, Blair u Hollande, una confusión que ya afecta seriamente a los más jóvenes. 
   Si la izquierda renuncia a la socialdemocracia por culpa de tales personajes, si renuncia al registro liberal que le pertenece, ¿qué le queda? Perseguir en vano la hegemonía, en plan comunista. Y la gente, aunque no lo diga, se lo barrunta, de lo que se aprovechan a placer los publicistas de la derecha. Y por cierto: Podemos nos debe una aclaración.  No puede jugar a la vez la carta comunista y la carta socialdemócrata, ni siquiera jugando vergonzantemente a ambas. 
    En otro artículo, firmado por Monereo y Julio Anguita (https://www.cuartopoder.es/ideas/2019/08/19/un-mundo-grande-y-terrible/), se habla de reflotar el socialismo, pero no queda claro a qué socialismo se refieren. Por el contexto, no parece que al socialismo libertario. Podría tratarse del de Brezhnef, del de Castro, vaya usted a saber. Lo que hay que tener claro es que muy poca gente se siente atraída por tales modelos y que el PSOE, por un lado, y por el otro, los publicistas de la derecha se aprovechan de la ambigüedad, el primero para sacar brillo a su título en plan tranquilizador, y los segundos para meter miedo con los fantasmas coreanos o venezolanos. Hace falta claridad, aunque ciertos teóricos la teman. 
    Hay quien se complace en imaginar un enfrentamiento a cara o cruz con el capitalismo. Es  comprensible desde luego, porque  la imaginación no es dialéctica ni tiene que atenerse a las duras realidades. No obstante, tal y como están las cosas, entiendo que la socialdemocracia seriamente entendida ofrece el único cauce político en el que pueden converger las distintas variedades de la izquierda. El salto de la minoría a la hegemonía es una cosa de locos.
   Otro motivo de malestar: aunque reconoce que es comprensible que se hable en términos de derecha e izquierda, Monereo considera que es un lenguaje desfasado. No estoy de acuerdo y me da mala espina, porque tengo muy presente cómo empezó el juego de confundir al personal, con Daniel Bell y el canturreo tecnocrático. ¿Acaso se puede olvidar que el pistoletazo de salida de la moda de negar la dialéctica izquierda/derecha lo dio Ronald Reagan, hace muchos, muchos años? Jamás entenderé que la izquierda se dejase vender la moto. 
   En opinión de Monereo, de lo que se trata es de que el 99 por ciento se movilice contra el 1 por ciento, siendo necesario sustituir la vieja dialéctica por la pugna entre los de abajo y los de arriba. No suena mal, suena a pan comido en términos democráticos, pero es un error tremendo, de pronóstico pésimo, una invitación a darse cabezazos contra una pared de hormigón. Y esto lo digo porque no sé de ninguna revolución que se haya producido sobre esa hipótesis. Las grandes revoluciones fueron obra de una combinación de elementos de arriba y de abajo. Y la revolución que habrá de hacerse si queremos salvar el pellejo, la dignidad  y la entera humanidad, será obra de gentes de arriba y de abajo, sumadas, o no habrá revolución. Thomas Jefferson no era un pringadillo, tampoco lo eran los nobles que desencadenaron la Revolución Francesa, tampoco los militares que le dijeron al zar hasta aquí hemos llegado, tampoco lo era Lenin, financiado por los alemanes… ¿O no lo hemos entendido aun? 

viernes, 26 de julio de 2019

LA INVESTIDURA FALLIDA

    La fracasada investidura de Pedro Sánchez no solo copa los titulares; oigo despectivos comentarios, brevísimos, como de pasada, en bares, taxis y ascensores. Impresión de cosa zanjada, de asunto sobre el que ya no apetece añadir nada más. 
   Algunos desesperados escriben que todavía es posible que Sánchez e Iglesias se pongan de acuerdo. Me sorprende. Si algo ha quedado claro es que estos caballeros no están en condiciones de alumbrar un gobierno de coalición.  Mejor que mañana, ya todos en alta mar, ahora mismo: archívese ese sueño. Un gobierno de coalición con esos mimbres naufragaría a las primeras de cambio, y la vergüenza y el daño serían mucho mayores para la izquierda y para el entero sistema político.
   Es tentador echarle la culpa del fracaso al tándem Sánchez/Redondo, a la perfidia del IBEX o a una llamadita de la Casa Real. Pero no se me pida que caiga en esa trampa. En mi opinión, la culpa la tiene Pablo Iglesias. Ha pedido demasiado como tiene por costumbre y muy mal de la cabeza tendría que estar Sánchez para ceder a sus pretensiones. 
   En lugar de apoyar a Sánchez sin pringarse en su gobierno, en lugar de un razonable acuerdo de colaboración, Iglesias ha optado por tentar a la suerte, a ver si sonaba la flauta, y al menos conseguía una vicepresidencia para Irene Montero. No ha sonado, y ahora se dispone a hacer política a costa de Sánchez, presunto responsable del tremendo fracaso, se dispone a hacer política facilona, digo, de nivel no superior a la practicada por la derecha.  
   Lo preocupante no es que Pablo Iglesias de muestras de no conocer la naturaleza del PSOE, uno de los pilares del establishment. Lo grave es que ignore sus propios límites y los de Podemos. La idea de que podría hacer una política de izquierdas seria por el simple procedimiento de subirse a la chepa del PSOE es digna de lástima. La creencia de que Unidas Podemos podría acomodarse a una política de izquierdas de pega sin sufrir un colapso es ya de género tonto. 
    Nótese que la fuerza combinada PSOE y Unidas Podemos no se presta a ensoñaciones estimulantes. En el supuesto de que no se dañaran mutuamente, estos partidos no le llegarían ni a las rodillas a lo que fue el combinado de Syriza de la primera hora. ¡Y ya sabemos cómo acabó Syria!
     Darnos a entender que se ha desperdiciado la gran ocasión de parir un gobierno de izquierdas digno de tal nombre es un completo desatino. Lo que se ha desperdiciado es la oportunidad de un gobierno de sufrida contención de las pulsiones derechistas sistémicas. Media un abismo entre lo uno y lo otro. Y conste que lo de la sufrida contención, a lo máximo a que se puede aspirar en la actualidad, no es ninguna pequeñez. 
   Desde la óptica de los indefensos e incorrectamente representados (categoría en la que me incluyo) lo mejor que podría haber hecho Unidas Podemos es respaldar la investidura de Sánchez, colaborar en lo posible, asistirle en temas de Estado, no meterle palos en las ruedas, dejarle que cargue con sus responsabilidades (se vienen encima 15.000 millones de nuevos recortes), y tener vida propia, sin perjuicio de esa colaboración. 
    Y en lo de tener vida propia incluyo el necesario trabajo de introspección y puesta a punto de su ideario. Considero demostrado que es una locura arremeter contra el régimen del 78, agitar el fantasma constituyente, dejarse llevar por peroraciones sobre el derecho a decidir y la soberanía catalana, desairar al rey  y venir luego a exigir que se cumpla la Constitución y que se le haga un lugar a Unidas Podemos en el gobierno (por no mencionar el apoyo electoral modesto y menguante). De seguir como va, Unidas Podemos encajará a con exactitud milimétrica en el nicho de la antigua Izquierda Unida. Y de ello no se le podrá echar la culpa a Sánchez, ni al IBEX ni a las cloacas del Estado. Se lo habrá buscado y ganado a pulso.

jueves, 27 de junio de 2019

¿A QUÉ JUEGA PABLO IGLESIAS?

   Como se recordará, en su momento Podemos tuvo la oportunidad de acelerar la caída de Rajoy por el simple procedimiento de apoyar a Pedro Sánchez. Pidió demasiado y la desperdició. Me pareció un error. 
    Ahora Pablo Iglesias anda en lo mismo: a cambio de su apoyo a Sánchez reclama un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, a ser posible con él de vicepresidente o de ministro. ¡Cielos! ¡Otra vez pidiendo demasiado, insensible a sus propios límites, a la correlación de fuerzas y a los cálculos elementales! Si Sánchez cediese, el engendro resultante sería de corta vida, con perjuicio seguro para el PSOE y para Unidas Podemos. 
    Es lógico que Pedro Sánchez, consciente de los números y de los intereses de su partido, consciente de algunas peculiaridades de Unidas Podemos, no esté por la labor. Lo ilógico es la pretensión de Pablo Iglesias, que descuida los números y no parece percatarse del peligro que corre su partido. En lugar de reprocharle a Sánchez su negativa, este debería agradecérsela. Porque ir por la vida como ruedecilla de auxilio del PSOE… Unidas Podemos iría por ese fangoso camino protestando, de lamentación en lamentación, con buenos motivos, pero sin efecto alguno,  una forma más bien patética de pregonar su impotencia y su desconocimiento de las duras realidades.
    Una cosa es apoyar al PSOE con motivo de la investidura, una cosa es cooperar en lo posible, y otra distinta pringarse en su gobierno. Unidas Podemos tiene que reencontrarse a sí mismo, y sobre todo tiene que reencontrarse con su electorado potencial, y no podrá hacerlo si se compromete con Sánchez en grado innecesario y en situación de evidente inferioridad. 
    La tarea de Pedro Sánchez es complicada y poco envidiable. Consciente de el PSOE puede acabar como sus pares italianos y franceses, se afirma en lo social, en su ser de izquierdas, viéndose favorecido por el giro de Ciudadanos hacia la derecha  y por la calenturrienta retórica del PP y de Vox. Pero, no nos engañemos, Pedro Sánchez tiene que casar ese noble propósito con la voluntad de los chantajistas que dominan los resortes del poder en España y fuera de ella, de larga data entongados con los socialistas europeos. Conseguirá que le sean concedidas algunas migajas, que le den tiempo, que no le trituren de la noche a la mañana. Dichos chantajistas aprecian sus modales suaves, su talante, su moderación. La cosa va de mantener el status quo, una de las especialidades del PSOE, maestro en acomodaciones. Unidas Podemos no debería engañarse al respecto. Su pretensión de controlar al PSOE desde la sala de mandos, en plan parasitario, no tiene ningún porvenir y además dañaría la causa de la izquierda propiamente dicha. 

miércoles, 19 de junio de 2019

TRAS LAS ELECCIONES AUTONÓMICAS, MUNICIPALES Y EUROPEAS

   Impacientes por saber a qué atenernos, ya estamos cansados de imaginar pactos. El resultado de las elecciones generales se ha complicado con este nuevo paso por las urnas, y a saber en qué acaba todo esto. Pero ya hay algunas cosas claras, al menos para mí.
    En primer lugar, creo que el sistema, tomado en su conjunto, se ha deslizado varios grados hacia la derecha. El PSOE ha renacido de sus cenizas, pero no ha conseguido alzarse con una victoria comparable a las de antaño. Además, no ha tenido que hacer gran cosa para sacar brillo a su lema “somos la izquierda”. Le ha bastado con hacer gala de moderación, de buen rollo, del famoso talante. La situación le favorecía: Unidas Podemos iba en caída libre y la derecha de toda la vida reaparecía a cara descubierta causando reacciones alérgicas masivas. 
    Sociológicamente hablando, el país se encuentra donde siempre, algo vencido hacia el centro izquierda, pero los aspirantes a representarlo, si exceptuamos al PSOE, no parecen haberlo tenido en cuenta. Ciudadanos ha preferido girar hacia la derecha, para competir con el PP y ponerse en situación de recabar apoyos de Vox. Todo un espectáculo. 
    Ciudadanos se ha presentado como una cosa y funciona como otra… sin dar ninguna explicación. El sueño de un partido de centro derecha digno de tal nombre, sin pesadas rémoras, se ha ido al diablo. El Partido Popular, por su parte, después de volcarse descaradamente hacia la derecha, ha vuelto a declararse de centro. Las alianzas pondrán a unos y otros en su sitio. 
    Yo entiendo que el sistema se ha desplazado hacia la derecha porque siendo Ciudadanos, el Partido Popular y Vox peones de brega del neoliberalismo, no tienen en el PSOE un aguerrido oponente, sino, salvo que se me demuestre lo contrario, un cómplice vergonzante. Ni qué decir tiene que Unidas Podemos habría podido ser ese oponente que falta, pero no lo será, por la sencilla razón de que se ha desangrado por el camino. De modo que la cabalgada nihilista de los señores neoliberales va a continuar con mejores o peores modales. 
    Los socialistas se han visto duramente acosados por la derecha, que no se ha privado de ninguna indecencia, pero no desde las alturas del poder, y esto por la sencilla razón de que no interesa engordar el demonio de los populismos nacionalistoides, lo que nos ha valido una tregua, un espacio para el teatro político. Ya vendrán las vueltas de tuerca, según el guión preestablecido. Los indefensos, seguimos indefensos. Ya estamos bajo la amenaza de nuevos recortes (15.000 millones), y habría que ser muy ingenuo para creer que el PSOE “en colaboración” con Unidas Podemos represente una protección digna de tal nombre.

lunes, 13 de mayo de 2019

EVA PERÓN, MI PADRE Y LA RAZÓN DE MI VIDA

    Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Eva Perón, Emecé publica Evita y yo, libro póstumo de mi padre, donde he reunido sus valiosísimas páginas sobre el peronismo, sobre su relación con la primera dama de los argentinos y sobre la escritura del libro que ella firmó, La razón de mi vida
    La publicación de Evita y yo me quita un gran peso de encima. Yo deseaba ver debidamente vengado a mi padre ante el tribunal de la historia, hasta la fecha injusta con él, y al final me he salido con la mía. 
   La razón de mi vida que conocen los argentinos es una lamentable tergiversación del original, y las cosas no podían quedar así eternamente. Una cosa es el original, que obra en mi poder, y otra muy distinta la versión oficial. 
   En su momento, ya fallecida Eva Perón, mi padre exigió una lectura comparativa entre el original de La razón de mi vida y la versión oficial publicada por Peuser en 1951. Reclamó ese peritaje tanto por decoro intelectual como por motivos económicos, seguro, además, de que Eva Perón había sido engañada. Era de rigor una argentinización del texto, pero el encargado de la tarea, Raúl Mendé, eliminó una tercera parte, borró cuanto quiso y añadió lo que le dio la gana, al parecer, según el padre Benítez, con el propósito de de complacer a Perón. 
    Imagínese la situación: A mi padre no le pagaban lo convenido (la mitad de los beneficios del libro) y por ahí iba Raúl Mendé propalando el bulo de que el manuscrito era tan malo que había tenido que reescribir la obra de principio a fin. Se requería  una lectura comparativa a cargo de expertos neutrales. Pero a mi padre no le hicieron el menor caso. La enfermedad y la muerte de Evita lo habían dejado completamente indefenso. Las personas que debían cumplir lo prometido por ella, empezando por el presidente Perón, le dieron la callada por respuesta. No le pagaron y la versión oficial pasó a la historia como libro maravilloso o como ridiculez aborrecible, según el punto de vista. 
   Desde la caída del peronismo hasta la fecha se ha atribuido la autoría de La razón de mi vida a Manuel Penella de Silva. Ningún consuelo… Imagínese el lector lo que fue para mi padre verse asociado a ese libro mutilado y deformado, verse responsabilizado de las ñoñerías, simplezas y monstruosidades (piénsese en la comparación de Perón con Jesucristo y con Alejandro Magno) que salieron de la pluma del señor Mendé. Y conste que esto le dolía no solo por él, sino también por Eva Perón. 
   Por culpa de la versión oficial de La razón de mi vida –convencional hasta la náusea– Eva Perón se ha visto excluida de la historia del feminismo. De modo que yo, al dar a la imprenta el testimonio de mi padre y al ofrecer una lectura comparativa de ambos textos, no solo libero a mi padre de los desatinos de Mendé. También Eva Perón aparece bajo una luz distinta, liberada, en situación de ser recolocada en la posición que le corresponde en el debate sobre el papel de la mujer en la historia, recolocada como feminista, en la corriente que se ha dado en llamar feminismo de la diferencia.
   En ausencia de los datos que figuran en Evita y yo, se entiende que se haya dejado volar la fantasía y que hayan fraguado algunos lugares comunes en el imaginario de los argentinos. Desde la óptica peronista, bien estaba reducir a mi padre a la condición de un escriba pasivo,  para salvar la autoría de Evita. Desde la óptica antiperonista, para dejarla retratada como una nulidad intelectual y como una pretenciosa por hacerse escribir un libro, nada mejor que agitar la versión oficial de La razón de mi vida y dar a entender que el tal Penella de Silva era un don nadie, a lo sumo un avivado.  Nadie parece haberse preocupado por la pregunta acerca de por qué la primera dama de los argentinos confió su firma a un forastero. En fin, amigos, pienso que quedarnos con esos lugares comunes y con esa pregunta sin responder es muy empobrecedor para todos. Creo, además, que ya es tiempo de echar un vistazo al sueño a la vez feminista y humanitario que compartieron Eva Perón y mi padre. Que ese sueño se frustrase no representa una objeción, y menos en los tiempos que corren. (Véase Evita y yo, https://www.amazon.com/dp/B07RN2PGWH  )

miércoles, 8 de mayo de 2019

RESACA ELECTORAL

    Por un tiempo nos veremos libres de la risible moda de decir que la dialéctica izquierda/derecha se ha visto superada… Esta ha sido, una vez más, una confrontación entre la una y la otra. 
   Por un lado tenemos la hazaña de Pedro Sánchez, que ha conseguido salvar al PSOE de una quema más que merecida. A nadie se le puede ocultar lo cerca que estuvo de acabar como Hollande y los suyos, en la mismísima ruina, lo que acrecienta su mérito. La listeza de retrasar un poco la ineludible convocatoria a elecciones le permitió lucirse adecuadamente con unos pases sociales y sobradas muestras de buen talante. Dado el enardecimiento de la derecha, no le hacía falta más.
   Del mismo lado –el izquierdo– tenemos a Pablo Iglesias, como perdedor. Nos será dicho que Unidas Podemos salvó los muebles, pero quizá ni eso. El partido se ha dejado por el camino a millones de votantes, que se le fueron al PSOE por sentirse defraudados y para mejor pararle los pies a la derecha de toda la vida. Si ese partido estuviese realmente vivo, de seguro que Pablo Iglesias, Irene Montero y Alberto Garzón estarían juntando sus bártulos en cajas de cartón.
   Por la derecha, lo que más ha llamado la atención es el derrumbe del PP, algo que se veía venir. Lo curioso es que Casado se haya desplazado hacia la banda de Vox. ¿Qué sentido tenía abandonar tan a las claras el supuesto centro del espectro político? Ninguno, salta a la vista. La psicología positiva, la asertividad, las ínfulas de ganador, todo eso estaba fuera de lugar. A pesar de su mecánico sonreír, Casado llegó a dar miedo, y pasó lo que tenía que pasar. Ahora le han entrado prisas por centrarse, tan a la desesperada que causa vergüenza ajena.
   También ha sido llamativo el giro de Rivera hacia la derecha.  Que Ciudadanos pertenece a la derecha ya lo he dicho y repetido en este blog, pero, ¿qué necesidad tenía de abrir los ojos a los despistados? Y conste que se trata de un giro irreversible. Por lo visto, la tentación de arrancarle votantes al PP y de postularse como el relevo ha sido más fuerte que la querencia por el centro. 
    En cuanto a Vox, las urnas le han puesto un límite, pero está claro que ha venido para quedarse,  para seguir gravitando sobre el entero sistema político, deformando tanto al PP como a Ciudadanos, y cumpliendo una función añadida: la de sacar brillo a los títulos de izquierda reales o figurados, a cualquier cosa que se le oponga.

lunes, 21 de enero de 2019

LA CRISIS DE PODEMOS

     Íñigo Errejón se ha aliado con la independiente Manuela Carmena y la crisis de Podemos es tal que no hay manera de celebrar su quinto cumpleaños. 
   El proceder de Errejón, una felonía desde la óptica oficial, no parece obedecer a simple ambición personal, ni tampoco a cálculos electorales más o menos obvios. Supongo que ha dado el paso de unirse a Carmena por las bravas ante la imposibilidad de hacerlo por las buenas, desde dentro. Y esto es en sí mismo muy revelador, pues nos deja entrever la rigidez del aparato constituido alrededor de Pablo Iglesias.
    Lo único que tengo claro es que la izquierda situada a la izquierda del PSOE se ha metido, ella solita, en una crisis de las gordas, viéndose sus votantes mareados  y fraccionados hasta sentir náuseas. Esto para gran satisfacción de las derechas y, por supuesto, del PSOE, cuyo lema “somos la izquierda” cobra sentido y hasta parece de buena ley en medio de tamaña confusión.
   Hay algo incomprensible en todo esto, dadas las circunstancias, en teoría favorables a la causa de una izquierda digna de tal nombre. Ya nos veo en situación parecida a la de la veterana Rossana Rossanda, que confesó que no sabía a quién votar en la próxima cita electoral italiana. El colmo.
   Como no entiendo lo sucedido, solo se me ocurre dejar caer algunas impresiones. Por ejemplo, como ya escribí en este blog, no me parece verosímil en la España actual el florecimiento de un liderazgo carismático. Es para alegrarse, pero he aquí que precisamente Podemos se ha jugado hasta la camiseta a esa ficha perdedora. El aparato a medida de tal liderazgo que se ha construido repugna a las personas normales y, para colmo, por muchas invocaciones a la democracia interna que se hagan, no funciona. La soledad del líder empieza a ser preocupante.
    Y hay cuestiones de fondo de las que no se habla. En primer lugar, no se habla de la desmesura y tampoco del adanismo improductivo que en definitiva han terminado por remeter a Podemos en el nicho hasta ayer mismo reservado a Izquierda Unida. Los ataques al Régimen del 78, las llamadas a un proceso constituyente, el antimonarquismo, el republicanismo idealista y ciertas ambigüedades en el tema catalán no podían conducir a otro sitio. No sé cuánta gente se ha dejado entusiasmar por tales movidas, pero me parece que no sirven para definir a una auténtica izquierda a la izquierda del PSOE, pero sí para darle a este todas las facilidades en lo que al monopolio de la cordura se refiere.
   La gente quiere justicia social porque es urgente, pero no está de humor para dar un rodeo enorme y peligrosísimo antes de poner manos a la obra. Es una cuestión de sentido común, y por supuesto de memoria histórica. 
   Y está lo otro: si de las grandes palabras se pasa bruscamente y sin explicaciones a tomar como gran cosa la aprobación de unos presupuestos no tan sociales, la buena gente se desconcierta o se enfada. El desmesurado queda mal parado cuando da muestras de contención… (hasta he oído hablar del famoso chalet de Galapagar como explicación).
   Por otra parte, creo que Podemos se ha equivocado al entrar en el juego de la superación de la dialéctica izquierda/derecha, un rollo posmoderno surgido de la matriz neoliberal (ya Reagan andaba en ello). Esa dialéctica no se puede sustituir provechosamente con el rollo de los de arriba y los de abajo, o lo de la casta y la no casta, como considero demostrado. Para frenar a la horda neoliberal, dicho sea de pasada, no bastan “los de abajo”. Hace falta contar con el apoyo de gentes de arriba, a las cuales es estúpido estigmatizar o asustar.
    Tampoco ha acertado Podemos al meterse en una batalla lingüística minoritaria. Eso de “la portavoza” ha causado hilaridad. Ver machismo donde no lo hay es tan irritante como considerar prueba de feminismo ese palabro pintoresco. La lengua evoluciona, desde luego, pero no a voluntad, y la sociedad patriarcal  es invulnerable a las ridiculeces y además disfruta con ellas.
    Y he dejado para el final un asunto muy molesto: resulta que en el imaginario colectivo, Podemos, que no termina de aclarar su posición, es visto como de izquierdas, como es lógico, con la particularidad de que muchos se lo representan como comunista, como comunista vergonzante… 
     Se ha dicho que el aparato del partido es estalinista y algunos se representan a Echenique en el papel de Beria. Es una frivolidad, desde luego (del mismo calibre que llamar fascistas a los carcas neoliberales de Vox), pero no se puede tomar a guasa por la sencilla razón que afecta a la intención de voto. ¿Cuánta gente está dispuesta a votar a un partido comunista? ¿Cuánta gente está dispuesta a votar a un partido hipócrita, al que se supone capaz de ocultar su comunismo bajo un amable disfraz? La división de la izquierda en comunista y no comunista ya ha causado penas innumerables. Un poco de claridad sería muy de agradecer (no basta con hablar de moderados y no moderados).
   

martes, 15 de enero de 2019

A VUELTAS CON LA CONSTITUCIÓN

      Se oye decir que hay que actualizarla o reescribirla, y algunos van muy lejos, afirmando que o se entra en un período constituyente en toda la regla o seguiremos encerrados en el  “régimen del 78”,  un fraude político de la peor especie. Parte de la izquierda se complace en esta visión, y me preocupa.
   ¿Acaso existe hoy el consenso que hizo posible la Constitución? Creo que no. Plantear su sustitución en las actuales circunstancias me parece una frivolidad, francamente. Corremos el peligro, dada la correlación de fuerzas existente y el pésimo ambiente, cargado de intolerancia, malicia e irracionalidad, de que salga un texto mucho peor. 
    En particular, me preocupa que se prescinda de una evidencia más bien aterradora: en la actualidad, los tres partidos que ocupan la banda derecha del espectro político son neoliberales, una especie inexistente, por fortuna, en 1978. Arriesgarnos a cambiar una Constitución de cierto sesgo social por una de corte neoliberal es de lo más estúpido, pero, claro, ¿quién tiene ojos para este peligro? 
   Suelo leer con placer y provecho al profesor Vicenç Navarro, pero por eso mismo me ha turbado una apreciación vertida en “El debate sobre la Constitución en la izquierda” (https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2019/01/14/debate-sobre-la-constitucion-entre-las-izquierdas/). Allí nos presenta el artículo 129.2 como “una victoria del movimiento obrero” (apreciación que, por lo que parece, comparte con Nicolás Sartorius y Joan Coscubiela). Refresquemos la memoria: en ese artículo constitucional se dice que “los poderes públicos (…) establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”… 
    Pues bien, he aquí lo interesante (sin restar méritos al movimiento obrero y sin la menor intención de elogiar al régimen anterior): ese artículo fue propuesto por el franquista Licinio de la Fuente. 
    El comunista Solé Tura confesó que no se había atrevido a proponer algo así por temor a que le acusaran de querer dar a la Constitución un giro socializante. Interrogado al respecto, Licinio de la Fuente declaró que su enmienda, aprobada con facilidad, no tenía nada de asombroso, por estar inspirada, eso dijo, en la doctrina social de la Iglesia y en el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera. 
   De este tipo de cosas, ni pío, pero considero  insoslayable reconocer que en aquel entonces se produjo cierta afortunada convergencia en lo social de los que venían del régimen franquista y de  los que venían de fuera, de la izquierda. Puestos a escribir y a pronunciarse, unos y otros tenían in mente los requerimientos de la justicia social, lo que les permitió entenderse en temas principales.  
    Ahora, tras cuarenta años de neoliberalismo, con toda la derecha y parte de la izquierda en el ajo friedmanita, ¿cómo creen que saldría la nueva Constitución? ¡Si ni siquiera ha habido arrestos para eliminar los renglones inmundos y anticonstitucionales del artículo 135!