jueves, 29 de junio de 2017

EL CETA Y LA ABSTENCIÓN DEL PSOE

    Se ha aprobado el CETA. El establishment se felicita  de su éxito: el diktat corporatocrático se ha revestido de formalidad democrática. ¡Es fantástico!
    Y naturalmente, no se deja pasar la ocasión de atacar a Pedro Sánchez por su abstención. Se quiere ver en ella una prueba de que, en efecto, este hombre está  sacudiéndose de encima la sapiencia  de los genios ocultos del socialismo español. Voceros autorizados nos hacen saber que Sánchez se encuentra en no sé qué trance de podemización… ¡Es un radical, un loco!
      Pero dejémonos de estupideces: Esta abstención  nos ofrece una dolorosa aclaración sobre los límites de la izquierda que el PSOE dice representar.  Porque abstenerse en un tema así, de tal trascendencia (a sabiendas, encima, de que con eso bastaba para que el infame CETA siguiese su curso) no pasa de ser un clásico de la acomodación y el gatopardismo.  Con este tipo de juegos de no pero sí  en materias tan graves no hay mimbres para una renovación.
    Me será dicho que es mucho pedirle a Sánchez cosas tales como recusar el CETA por aquello de lo peligroso que es plantarle cara a las autoridades que están detrás de las autoridades. ¡Cómo iba a resistirse a esos chantajistas! ¿Desairar con un tremendo NO a sus compadres del Partido Socialista Europeo involucrados en la clandestina elaboración del CETA, del TTIP y del TiSA? ¡Menuda ocurrencia! ¡Si ya es heroico que se haya abstenido!
     Si abstenerse en lo del CETA se considera una heroicidad, apaga y vámonos. 

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