martes, 12 de septiembre de 2017

A VUELTAS CON EL CASO CATALÁN

   Lo que está pasando me produce un sentimiento de consternación.
   Los dirigentes de  la operación independentista han tomado la iniciativa,  saltándose la Constitución, por lo que veo venir una respuesta contundente, de última hora, por parte del Estado español.
    Que este Estado sea lento de reflejos no quiere decir que sea débil. Puede ser tolerante en muchas cosas, pero de seguro que en otras no lo es en absoluto. Póngase en riesgo  “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, y actuará, con mayor o menor miramiento, a tiempo o a destiempo.
    Uno se pregunta qué hacen los de Izquierda Republicana de Cataluña y los de la CUP del brazo de los herederos de CIU. ¿Cómo pueden anteponer el valor terruño al valor justicia social? ¿Acaso no tienen conciencia del daño que le están haciendo a la izquierda de este país?
    ¿Cómo osan echarle la culpa a España de los males sociales que sufre Cataluña, desviando nuestra atención de los mercaderes que están labrando la perdición de todos? ¿Cómo se atreven a prometer un futuro alegre y próspero por el simple procedimiento de desconectarse? ¿Cómo se atreven a meter a este país en su follón particular, debilitándolo ante los retos del presente y del futuro inmediato? ¿Acaso no son conscientes de esos retos?
    ¿Acaso no se percatan que su proceder deja malherida la causa de la República para varias décadas?
    ¿Acaso ignoran que su demencial conducta refuerza la posición del gobierno del Partido Popular?
    Metidos en su rollo, les importa un bledo que su proceder excite las fibras más insanas del nacionalismo español, sin ningún provecho para nadie. Resulta que este nacionalismo, que ya se está desperezando, se lanzará contra ellos, dándole la espalda a los ataques contra la soberanía procedentes instancias económicas superiores y ajenas…
    Ni se dude que ciertos tiburones se relamen ante la perspectiva de que aquí pase algo grave. En otras latitudes, el nacionalismo, en mala hora reavivado por la galopada neoliberal, se revuelve contra Europa, en plan Le Pen o Farage, y aquí se revuelve contra el vecino de al lado… ¡Uf!
   Puestas las cosas en los términos escogidos por los señores independistas catalanes, una minoría compuesta por osados y por vacilantes, ¿qué sentido tiene proponerles no sé qué retoques de la Constitución, no sé que “federalismo asimétrico”? ¡Si precisamente ellos no merecen que se les conceda nada de nada! Y además, su independentismo es de tal calibre que ningún retoque les podría valer.
    ¿Y qué sentido tiene dar vivas a  no sé qué “soberanía catalana”  que no figura en nuestra Constitución? Para mi desconcierto, es lo que han hecho Ada Colau y Pablo Iglesias...
    Por lo que parece, una parte significativa de la izquierda toma como referencia suprema el “derecho a la autodeterminación de los pueblos”, transponiendo al presente caso la terminología de los tiempos de la descolonización. ¡Como si Cataluña tuviese hoy, en nuestro encuadre constitucional, la misma consideración que tenía Angola en tiempos del dominio portugués!

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