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domingo, 22 de julio de 2018

PABLO CASADO Y EL ABANICO DE SORAYA

    Vencido en la ronda electoral de los militantes, Casado ha vencido en la ronda de los compromisarios, dejando malparada a la escudera de Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría. Se habla simultáneamente del relanzamiento del partido y de un regreso a sus orígenes...
    En materia de contenido no ha habido ninguna novedad. La derrotada y el ganador son ideológicamente compatibles. A lo que sí tendremos que acostumbrarnos, me parece, es a una mayor franqueza, lo que para nada le garantiza a este partido en crisis la añorada centralidad, ni menos aun los avances transversales. 
   Fiel a su estilo, proclive al encubrimiento, Soraya Sáenz de Santamaría no entró en precisiones programáticas. Se limitó a exhibir inesperadamente un abanico muy español y nos invitó a ver en sus varillas los principios inmutables del partido, como para que cada uno dejase volar su imaginación. Casado, en cambio,  salió, arreciando, en defensa de la España “de los balcones y las banderas”, de la “familia” y de la “vida”, de la “eficiencia”, de la “meritocracia”, de la bajada de impuestos, mostrando sus cartas, todas  archiconocidas. ¿Autocrítica? No hubo ninguna. En su lugar, puro narcisismo, pura autocomplacencia y también la promesa de seguir erre que erre.
    Según parece, Pablo Casado es un neoliberal de libro (mucho más entusiasta que Rajoy y, por lo tanto, menos realista). Como es característico de esta especie, se siente liberal en el plano económico y sin serlo para nada en el plano de las costumbres. Como sus mentores políticos, no es consciente de la contradicción. Tal como está, queda retratado a la derecha de Rivera, ayudándole a centrarse y en situación de entenderse con él en todos los asuntos referidos a su común interés. 

viernes, 8 de abril de 2016

EL COLMO: SEGUIMOS DE “NEGOCIACIONES” PARA FORMAR GOBIERNO…

    Como era de prever, el PSOE, Ciudadanos y Podemos han sido incapaces de entenderse. Ahora parece que Pablo Iglesias consultará a las bases de Podemos para que sean ellas las que decidan si se debe o no  dar vía libre al proyecto del PSOE y Ciudadanos. Que nadie desee ser considerado responsable de que se vaya a nuevas elecciones no es estímulo  suficiente para que unas negociaciones de este tipo lleguen a buen puerto. Los señores negociadores deberían renunciar a esta modalidad política de avestruces, sacar las cabezas de sus respectivos montículos y reconocer de una vez que no van a entenderse nunca con movimientos del trasero que ya empiezan irritar a los bienpensantes y a los indignados por igual.
     Yo opino que Podemos debería allanar el camino a un gobierno PSOE-Ciudadanos basado en el acuerdo programático suscrito por estas dos fuerzas. Mas vale pájaro en mano que ciento volando.
     Es cierto que ni siquiera sobre el papel se puede considerar estupendo  ese acuerdo. Como ha sido pergeñado para no perder votos, entre una cita electoral catastrófica y una posible repetición de las elecciones, como se redactó con la vista puesta en atraer a Podemos,  no es lo que se dice de fiar. Si se llegase a un gobierno PSOE/Ciudadanos, lo más probable es que sea pulido hasta la desfiguración.  Ahora bien, no por ello es completamente despreciable en estos momentos: contiene ingredientes mejores que el tremendo más de lo mismo que nos espera si Sánchez se estrella. 
     En su pacto con Ciudadanos, el PSOE  ha dejado ver hasta dónde es capaz de llegar. Quiere moverse dentro del terreno de juego convencional, sin saltarse ningún límite, y eludiendo cualquier confrontación directa con los amos del cotarro, tratando, al mismo tiempo de recuperar apoyo electoral entre las numerosas víctimas de estos, escondiendo, de cualquier manera y con muchas sonrisas, lo contradictorio de ambos propósitos. Pedirle que se comporte como una izquierda seria es pedir peras al olmo y, además, así está en su papel, para felicidad del grueso de sus votantes.
     Ya es mucho que Sánchez haya preferido ir del brazo de Rivera y rechazar Rajoy (como es mucho que Rivera haya preferido a Sánchez). Y visto lo visto, ¿qué sentido tiene forzar a esta pareja a ir más allá de sus posibilidades? Yo no le veo ninguno, como no le veo ventaja alguna a los insultos oportunistas, que están envenenando la atmósfera del público espectador.
     En cambio, le veo el sentido y la gracia a dejar que el PSOE y Ciudadanos se muestren como lo que son. Que expongan de paso a la vista de todos la futilidad de cualquier oposición blandengue contra el orden de cosas establecido. Eso, que jueguen el juego de la acomodación que tan bien conocen. 
      Si Podemos diese vía libre al tándem PSOE/Ciudadanos no solo conseguiría desalojar al PP del poder. Porque también ampliaría el campo de la izquierda propiamente dicha, única beneficiaria política de los palos que se avecinan. ¿Acaso le conviene pringarse en un gobierno débil obligado a vender como deliciosos  los recortes que figuran en la agenda de Bruselas? Yo creo que no, francamente.  Si uno piensa en los desafíos que se nos vienen encima, sería muy de agradecer contar, por lo menos, con una oposición seria, bien organizada, coherente, libre de compromisos incompatibles con su esencia, capaz de decir verdades como puños y, por lo tanto, en situación de ser creída,  perfectamente diferenciada de lo que se ha dado en llamar "la vieja política".  A buen entendedor pocas palabras: “más vale retroceder un palmo que avanzar un milímetro”. Es una cuestión de estrategia.

lunes, 7 de marzo de 2016

CREO QUE PODEMOS SE HA EQUIVOCADO

    Por lo visto no soy el único que tiene esta impresión en el campo de quienes no somos afectos ni al PSOE ni a Ciudadanos.  Íñigo Sáenz de Ugarte reprocha a Podemos su “maximalismo”. El profesor Juan Torres López, coautor del borrador de un posible programa económico de Podemos, ha dejado una bien razonada constancia de su incomodidad. El fiscal Villarejo se ha dado directamente de baja del partido, en señal de protesta.
      Iglesias y Errejón anuncian ahora que tienen –que siempre han tenido…– la “mano tendida", pero que yo sepa, la política del patadón y la mano tendida nunca ha funcionado. Y no le va a funcionar a Podemos, como tampoco a Rajoy, que acaba de anunciar, como gran cosa, que “esta semana” tendrá a bien llamar a Sánchez, como si aquí no hubiera pasado nada.
      Por el lado izquierdo no se suelen tomar en consideración dos hechos de la mayor relevancia. El primero  es  que el entendimiento entre Sánchez y Rivera comporta  la exclusión de Mariano Rajoy y, de últimas, su jubilación.  Este no era el guión de la Gran Coalición. Estamos ante una novedad que merece ser alentada en la medida de lo posible, no vaya a ser que el rajoyato se prolongue de una forma u otra como consecuencia del desdén de la izquierda. 
     Otra novedad es, desde luego, el texto del acuerdo firmado por los líderes del PSOE y Ciudadanos. Si estos no han querido bailar como osos en la feria monotemática del PP, es evidente que sí han querido ganarse la aprobación de los parlamentarios de la izquierda. De hecho, el documento que firmaron tiene tantos mimbres socialdemócratas que con toda razón el señor Rajoy puede decir que su política económica se iría al carajo en caso de aplicarse.
     Por descontado que ese documento no colma las aspiraciones de la izquierda, pero algo es algo, un indicio significativo, no el único, de que los tiempos están cambiado y de que los viejos mantras neoliberales ya no funcionan, admisión que por venir de partidos del mismísimo establishment merece interés y aliento, no desdén.
     Por descontado que Ciudadanos no ha cambiado de piel. Por descontado que el PSOE tendrá que hacer muchas cosas más para reintegrarse a la órbita de una izquierda seria, pero, ¿qué se gana desdeñando la propuesta? ¡Solo dañar a los líderes de Ciudadanos y del PSOE, dejarlos a los pies de las facciones más cerriles de sus respectivas formaciones y darle el gusto al IBEX y a los chantajistas de Bruselas!   No tiene gracia.
      Para colmo,  ya puesta a desdeñar ese acuerdo y a confundirlo con los gustos de la Gran Coalición, la izquierda se expone tontamente a que la tilden de intransigente e insaciable, de proceder maquiavélicamente, de jugar al cuanto peor mejor, y otras cosas por el estilo, encima sin ningún beneficio conocido.
     A quienes verdaderamente beneficia el desdén de la propuesta de Ciudadanos y el PSOE es a quienes desean continuar la galopada neoliberal a cara descubierta. Y me parece muy mal rechazar que otro gobierne en base a ese acuerdo habida cuenta de que la izquierda propiamente dicha carece la fuerza necesaria para gobernar por sí misma en estos momentos (lo que quizá sea una suerte, desde luego que nada fácil de reconocer como tal).  El horno no está para bollos. Y hasta podría ocurrir que, obligada a gobernar antes de tiempo, esta izquierda acabase pergeñando un programa de gobierno más o menos similar al que nos ha sido propuesto. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

LO BUENO Y LO MALO DE LA SESIÓN DE NO INVESTIDURA

    Lo bueno es que  por fin nuestros representantes muestran sus cartas en el Parlamento; y lo malo es que esas cartas vienen mal dadas: cualquier entendimiento posterior olerá a cuerno quemado, a chapuza contra natura. Las fuerzas que a izquierdas y derechas  han sido llamadas a refrendar la investidura de Pedro Sánchez han pegado tan duro y a la cabeza que no hay manera de imaginar un entendimiento futuro entre  apalizados y apalizadores.
     Como hemos visto, la propuesta de Pedro Sánchez y Albert Rivera ha sido virulentamente rechazada tanto por la derecha como por la izquierda. Rajoy se la toma por la tremenda, como un ataque directo contra su maravillosa política económica,  Iglesias la desprecia por su tibieza y su ambigüedad. No les falta razón a ninguno de los dos, no hay entendimiento posible. Es verdad que en esa propuesta hay, a pesar de la intervención de Rivera, ingredientes socialdemócratas contrarios a la galopada neoliberal, como es verdad que no en grado necesario para frenarla… Pero, ¿está Rajoy en condiciones de continuar su galopada sin inmutarse? No, evidentemente, como tampoco está Iglesias en condiciones de frenarla en seco.
   No es extraño ni tampoco infame que Pedro Sánchez y Albert Rivera hayan perfilado su propuesta sin perder de vista el asqueroso contexto neoliberal en que nos movemos y las filias y las fobias de los amos del cotarro. Otra cosa habría sido irresponsable por su parte. Como habría  sido una irresponsabilidad, y ya una locura, no introducir elementos de corrección. No se puede seguir en las mismas porque el sistema mismo está perdiendo legitimidad a chorros. Su propuesta me parece modesta en el mejor sentido de la palabra, esto es, concebida a la luz de la conciencia de los propios límites. En cambio, tanto la respuesta de Rajoy como la de Iglesias me parecen fruto de la desmesura, de la ausencia total de dicha conciencia. No es raro, por lo tanto, que tanto Sánchez como Rivera me parecieran  presidenciables a diferencia de sus feroces oponentes.
    Añadiré que no entiendo que la izquierda propiamente dicha no valore  la propuesta de Sánchez y Rivera. No entiendo que desperdicie la oportunidad de dejar fuera de juego al PP. No entiendo que desdeñe la posibilidad de hacer valer su peso, medida tras medida, en el Parlamento, ni que se olvide de que la llave de la gobernabilidad estaría en sus manos  (con la ventaja de que los palos de Bruselas se los llevaría otro).
    No entiendo que use en plan escandaloso la evidencia de que el PSOE ha sido y es parte del establishment (¡vaya novedad!) con la aviesa intención de burlarse de los pujos socialdemócratas de Sánchez, en sí mismo novedoso. ¿Qué gana la izquierda con dejarlo a los pies de la parte peor y dominante de dicho partido? No entiendo que no se contemple la posibilidad de que el sucesor de Sánchez sea precisamente de esa parte peor. No entiendo que se deje la puerta entreabierta para que se nos cuele en el sistema algún Monti. En fin, que ni entiendo ni trago la desmesura, la falta de sentido de las proporciones y de las propias fuerzas, y menos cuando se trata de ideales tan altos como la justicia social y de empresas tan difíciles como detener a la horda neoliberal.

lunes, 29 de febrero de 2016

LA INVESTIDURA IMPOSIBLE

    Seguimos a la espera de  gobierno. Salvo alguna novedad de última hora, la cosa va para largo. En un postrer esfuerzo por atraerse a Podemos, Pedro Sánchez le ha hecho llegar a Iglesias una versión de su acuerdo con Ciudadanos. Y he aquí que el líder de Podemos se ha apresurado a declarar que le parece vergonzosa, un mero corta y pega de dicho acuerdo, sin sal ni pimienta.  Y no es posible saber qué esperaba Iglesias, pues resulta obvio que Pedro Sánchez no podía ofrecerle ningún ingrediente incompatible con los gustos de Rivera, ya forzado al máximo.   
    Seguimos, pues, en las mismas, metidos en un círculo vicioso que podría servir de pretexto para algún juego de poder encaminado a imponernos un gobierno completamente libre de los compromisos sociales que Pedro Sánchez logró pactar con Albert Rivera.
     Habrá quien me diga que tales compromisos, por insuficientes y ambiguos, como todo lo relativo a la ley mordaza y a la reforma laboral, no valen el papel en que han sido escritos, por venir de quienes vienen.  Hay mucha ofuscación en el aire, tanta que ni siquiera se tienen ojos para ver en el acuerdo PSOE-Ciudadanos un primer reconocimiento retórico, por parte de figuras del establishment, de que aquí no se puede seguir gobernando de espaldas al bien común, como hasta hoy mismo se ha hecho con un descaro que hiela la sangre. Es un dato crucial. Claro que no cabe duda de que ese acuerdo fue escrito con el propósito de no enfurecer a los chantajistas de Bruselas y a los señores del IBEX y asimilados,  pero me pregunto quién se habría atrevido a escribir algo más osado en las actuales circunstancias, con la presente correlación de fuerzas. Y me digo que solo un demente o alguien sin escrúpulos.
    Hay quien no cabe en sí de rabia ante la evidencia de que Pedro Sánchez prefirió entenderse primero con Ciudadanos, antes que con la izquierda propiamente dicha, en lo que cualquiera puede señalar la mano de los santones del PSOE y del mismísimo IBEX. Pero hay que reconocer que Iglesias le pidió demasiado, de forma coactiva además, sin respetar su espacio. Vistas las cosas desde la calle, no da la impresión de que Sánchez e Iglesias pudieran formar un equipo funcional, con o sin intervención del IBEX. Y esto nos pone ante otro problema, no precisamente aritmético, de muy difícil solución.
    Ahora mismo, el señor Rajoy cree que, fracasado Sánchez, le llegará el momento de reaparecer por la puerta grande, listo para muñir la famosa “gran coalición”. Semejante hipótesis de trabajo no repara en el hecho de que a estas alturas las incompatibilidades van más allá de las personas. Puede que él le haya negado el saludo a Sánchez por considerarlo ya caído e irrelevante. Pero ya puede Sánchez irse a su casa que no por ello verá allanado, ni con toda la presión del IBEX, su entendimiento con el PSOE, ni con nadie más.
    Hace mucho, mucho tiempo que las relaciones del PP con el PSOE están por debajo de los estándares de lo que se entiende por buena educación.  Lejos están los tiempos en que los políticos de ambos partidos podían charlar amigablemente en los entreactos de sus labores.  Se han dicho tales animaladas que ya puede irse Rajoy también a su casa que ni con esas se volverá a la normalidad.
    Entre otras cosas porque tales animaladas han pasado al cuerpo social, sembrando no solo la división y la discordia sino también la necedad y la irracionalidad en dosis tremendas. Si ahora se impusiese la gran coalición como por ensalmo, a buen seguro que desde la calle no tendría visos de funcionar, que alteraría los nervios de los votantes tanto del PP como del PSOE, y que a los millones de votantes ajenos les valdría la primera instantánea del nuevo gobierno como prueba irrefutable de que todo es una farsa. En fin, con ello quiero recordar a los señores negociadores, también a los de Podemos, que la buena educación es para ellos un deber. Palabras tales como mentiroso, deshonesto, vergonzoso, indecente o ruin no pueden ser emitidas al margen de las elementales reglas de urbanidad, aunque vengan al caso.  Ya se ve adónde conduce la mala educación en política. A que nadie pueda entenderse, ni como aliado ni como honesto rival. 

miércoles, 24 de febrero de 2016

SOBRE EL PACTO DEL PSOE CON CIUDADANOS

      Sus signatarios hablan de un “pacto histórico”; por boca de Íñigo Errejón, Podemos lo condena y da por rotas las negociaciones con el  PSOE; Alberto Garzón también lo rechaza. No menos hostil se muestra el PP.
    Pedro Sánchez y Albert Rivera pretenden haberse puesto en situación de cosechar apoyos por la derecha y por la izquierda, pero no se ve cómo, dada la alérgica reacción de unos y de otros.  La posibilidad de configurar un “gobierno de progreso” PSOE, Podemos, Unidad Popular-Izquierda Unida se puede dar por perdida: estas dos fuerzas consideran obvio que el acuerdo que acaba de firmarse es de derechas, pura y simplemente, del gusto del IBEX y, por lo tanto, apropiado para atraer al PP en cumplimiento de los ideales de lo que se llamó “gran coalición”. Pero el cuadro es más complejo. El PP no quiere saber nada. Y además, y esta es la sorpresa, los términos del acuerdo, si uno se toma el trabajo de leerlo, no pueden ser del gusto del IBEX, ni tampoco de los chantajistas de Bruselas.
    A su manera, Pedro Sánchez parece haber comprendido que debe producirse como socialdemócrata más o menos creíble, única manera de impedir que el PSOE acabe como el PASOK.  Rivera, por su parte, ha comprendido que no hay futuro para nadie si se aplican los dogmas neoliberales al pie de la letra, ni tampoco riéndole las gracias al PP, caído en el autismo y el desprestigio.
     Siempre consideré fácil que se produjese un entendimiento PSOE/Ciudadanos, por la similar hechura  intelectual de los señores Sevilla y Garicano. Pero nunca imaginé que con semejantes economistas de cabecera se pudiese redactar un texto como el que acabo de leer, en cuya urdimbre hay más hebras socialdemócratas que neoliberales.
     No se trata de un texto revolucionario, pero sí de un texto que responde a las demandas de millones de españoles, en el que se incluye el propósito de acabar con la ley mordaza, una defensa del Estado de Servicios y un plan contra la pobreza y la precariedad, así como una clara voluntad no hacer sufrir a la clase trabajadora, para lo cual, consecuentemente, se promete hacer pagar más impuestos a los que más tienen. Vale la pena leerlo con un mínimo de detenimiento y teniendo presentes, para contrastar, los mantras de la legislatura que ha llegado a su final. Se trata, a no dudar, de un texto  vomitivo para los economistas de cabecera del PP y para sus patronos de Bruselas. Tan seguro estoy de ello que  no termino de entender que la izquierda en cuanto tal lo rechace de plano, sobre la marcha además.
      Es como si esta izquierda no se hubiera percatado de la correlación de fuerzas, nada favorable a los planteamientos inmoderados, como si se empeñase en correr más de lo autorizado por el tempo democrático y por el dictado de las urnas, como si hubiera caído en la trampa del todo o nada, del ahora o nunca, como si hubiera perdido la perspicacia dialéctica.
    ¿Si no se puede gobernar, qué problema hay en dejar que Pedro Sánchez gobierne con ese programa, habida cuenta que, si no lo cumple, si es un puro engaño, será fácil echarlo abajo? ¿Acaso no le conviene a la izquierda propiamente dicha poner a Sánchez en situación de descubrir por sí mismo cómo se las gastan los chantajistas de Bruselas? ¿Y no le conviene a esta izquierda ganar tiempo, a la espera de su propio refinamiento, de ganarse la confianza de más gente con su buen hacer de oposición, y a la espera de que cuaje alternativa clara y distinta de orden europeo? ¿Y qué sentido tiene desdeñar la evolución del señor Sánchez, habida cuenta de que en el futuro harán falta todas las fuerzas progresistas, también la suya, para frenar en seco y de verdad la progresión de la Bestia neoliberal? 

jueves, 5 de noviembre de 2015

TRES MILLONES DE INDECISOS

     Con las elecciones a la vista, llama la atención el elevado número de indecisos detectado por el CIS, nada sorprendente a mi parecer. Demasiados  motivos de desafección y perplejidad que nos han ido saliendo al paso.  El fenómeno se ve completado por un llamativo elenco de votantes cuyas preferencias van rebotando de un partido a otro según sople el viento.  
     Es evidente que el bipartidismo imperfecto al que estábamos acostumbrados ha entrado en crisis. De hecho, tanto el PP como el PSOE cotizan a la baja, como era de esperar, con la particularidad de que el primero  aún figura como el posible ganador, a pesar de su evidente declive en la consideración de los españoles.
     La escalada de Ciudadanos a costa de ambos promete algunas novedades, entre ellas el entierro de la mayoría absoluta y cierto rejuvenecimiento de los modales, pero también, apariencias aparte y a tenor de lo que sabemos de este partido,  una forma de continuidad en clave neoliberal. Solo cabe esperar de la nueva fuerza una estricta adecuación a los intereses del establishment local y mundial. Doy por seguro que las tres fuerzas, más allá de sus peloteras,  diferencias y escenificaciones, obrarán al unísono sobre el mismo guión, ya conocido, según el cual “no hay alternativas”. ¿Se imagina alguien al PP, a Ciudadanos o al  PSOE plantándole cara al TTIP o al TiSA? Yo no, desde luego. Se comprende que un votante pueda dudar entre Rajoy, Sánchez o Rivera, si lo que desea es continuidad, y se comprende que las caras nuevas tengan cierta ventaja.
     ¿Y cómo no entender a los indecisos que abundan en el campo de la izquierda  propiamente dicha, incapaz de dar vida a una alternativa unánime y potente?  Los sondeos indican que, en lugar de ir a más, Podemos pierde fuelle. Y no es extraño, porque ahora hay que optar –por reducirlo solo a dos nombres– entre Iglesias o el redivivo Garzón, más claro en sus planteamientos.
       El propósito de ejercer el monopolio de la representación porción  indignada de la sociedad por parte de Podemos ha fracasado. No le ha sido perdonada su voluntad hegemónica. Tampoco su propensión a los modos leninistas de organización, enervantes para sus bases. Y la artimaña de jugar a la centralidad solo ha servido para desconcertar al personal, ya que no para atraerse a los votantes de centro. Su apoyo a la claudicación de Tsipras ha sido realmente fatídica. Hasta nos hizo saber que Podemos en su lugar habría hecho lo mismo. Si lo que pretendía era tranquilizar al poder, no sé si lo consiguió, pero  tengo por seguro que a muchos de sus votantes potenciales los echó para atrás. Los indignados no estamos para bromas así.  No es extraño, por lo tanto, que Garzón, a quien daban por enterrado, haya conseguido salir del pozo.  A juzgar por los sondeos, cuando llegue la hora de sumar fuerzas en el Parlamento, se verá que el resultado no da para mucho. Lo que será de lamentar, de lo que habrá que aprender.  Más vale, en todo caso, estar en minoría en un parlamento hostil que tratar de imponer la preciada alternativa por los pelos y sin la debida unanimidad. Nos jugamos tanto en la alternativa a la no alternativa de los neoliberales que sobran las chapuzas y las prisas. No vayamos a quemarla.