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lunes, 23 de mayo de 2016

Y EL 26 DE JUNIO, ELECCIONES GENERALES

     Ya cansado de los acuerdos imposibles y los juegos de prestidigitación  política, irritado incluso, enfilo con mis expectativas por la breve recta que conduce a las urnas. Confieso que tengo que hacer un considerable esfuerzo para reconocer lo obvio, a saber, que el 26 de junio tendrá lugar una cita electoral de la mayor trascendencia. No será una cita más en una situación de normalidad. Los resultados y la evolución de los acontecimientos pondrán a prueba la salud de nuestro sistema democrático y, al mismo tiempo, determinarán nuestro rumbo en asuntos mundiales gravísimos. Piénsese en el monstruoso peso de la deuda, en el vaciamiento de la hucha de las pensiones, en el artículo 135, en los recortes en educación y sanidad previstos para después de estas elecciones, en la miseria ciudadana y, por supuesto, en el TTIP.
     Desde el 20-D hasta la fecha, la única novedad de relieve ha sido la alianza de Podemos, Izquierda Unida y Equo, una fuerza cuyos límites no hay manera de calcular por adelantado, pero que por su sola existencia representa una aclaración de los términos de la batalla política en que nos vemos inmersos. Podemos ha dejado de jugar a la gallina ciega, ha renunciado a dárselas de centrista, o de pícaramente indeciso, para asumir la representación que ya le atribuían tanto sus adversarios como el grueso de sus seguidores, a saber, la representación de los votantes de la izquierda real.
      El nombre Unidos Podemos oculta la palabra izquierda,  pero ya da igual.  Sobre esta fuerza caerán  todos los proyectiles del repertorio neoliberal. Será tildada de comunista, leninista, trotskista, chavista, madurista y demás, se ponga como se ponga. A mi modesto entender lo peor que puede hacer es dar la menor señal de sufrir algún complejo de inferioridad. (Apréndase de la derecha, que de acomplejada  por motivos más que sobrados pasó, tras repetidos baños en asertividad, a no dudar ni de sus mentiras y  a presumir de una buena conciencia a toda prueba.)
     Como ya he dicho alguna vez el centro del espacio político no pasa de ser una ficción electoral. El centro es hoy una delgada tierra de nadie. De un lado, el frente neoliberal, del otro un frente antineoliberal. Ya le gustaría a uno que hubiera más variedad, pero no la hay. Lo que hay es temor. Y se votará bajo la influencia del temor, perfectamente justificado por otra parte. 
     Habrá quien vote al PP por miedo a lo desconocido y por creer que si se está incondicionalmente de parte del poder universal uno será objeto de trato preferente. Esta versión del síndrome de Estocolmo explica, en parte, que varios millones de españoles hagan la vista gorda a la corrupción y a los síntomas de narcolepsia.
    Habrá quien vote al PSOE con la esperanza de que a fuerza de compadreos con dicho poder, acierte a arrancarle unas migajas. Y naturalmente, algún votante habrá que votará a Ciudadanos imbuido de la misma ceguera, acaso con la esperanza de que Rivera sea un neoliberal más consecuente que Rajoy y, por lo tanto, aun más grato a los ojos de la Troika. Me refiero, claro es, a votantes que todavía no terminan de creer que el aludido poder pueda estar tan loco como para conducirnos a la ruina a todos, también a sus cómplices.
    Quienes temen a Unidos Podemos tienen, como se ve, tres opciones, y cabe pensar que son numerosos, como también son muchos los que votarán a esta opción en busca de algo que oponer a la galopada neoliberal.
    Ni qué decir tiene que también el votante de Unidos Podemos pasará por momentos de prueba, de temor. Temor a que Iglesias y los suyos se queden cortos o se pasen, temor a la reacción de poder, temor a un chasco como el de Syriza. Así pues, el temor que hasta ayer mismo se cebó en los negociadores, ahora ha vuelto a los votantes. Lo que no se detecta es ilusión. 

viernes, 18 de marzo de 2016

¿INHUMANOS O POSTHUMANOS?

     Europa se desliza, a cámara lenta, hacia la barbarie de sus tiempos más oscuros. Y esto, me digo, solo puede ser así por el olvido de sus antecedentes peores, en parte atribuible a los relevos generacionales, pero sobre todo a la recaída en el sórdido darwinismo social que inspiró al mismísimo Hitler, la clave de arco de la mentalidad neoliberal.  Hay varias hornadas de europeos formateados en función de los intereses neoliberales, poco o nada interesadas en la historia y sus lecciones, claramente desprovistas referencias morales y filosóficas de altura. No estamos simplemente, como uno quisiera creer, ante unos dirigentes de muy baja estofa moral. El mal habita en incontables europeos, no solo en aquellos que son víctimas del lepenismo y sus variantes. Hay miles de presuntos liberales que están en la misma onda, más o menos disimuladamente. 
    Las criminales políticas de los chantajistas de Bruselas en Grecia, ¿habrían sido posibles de no contar con el apoyo tácito de incontables europeos  bienpensantes? Lo dudo. Como dudo de que, sin considerable apoyo de clase bienpensante se pudiese seguir maltratando a los refugiados que llaman a las puertas de Europa en demanda de protección y asilo.
     A propósito de la idea de enviar a los refugiados a Turquía se me ocurrió decir, en una reunión, que me subleva el propósito de crear allí un campo de concentración gigantesco. Los reunidos saltaron como víboras.
     Es una buenísima idea, me dijeron, para limpiar las calles de Europa, para hacer posibles las devoluciones en caliente, para seleccionar después a los refugiados auténticos, que son pocos…
   El razonamiento: como los auténticos refugiados son pocos (?), no hay problema en asimilarlos, el problema es la avalancha de pillos, de individuos que quieren vivir bien a nuestra costa… A continuación, hablaron de la gentuza, de los peligros del “efecto llamada”, de las alemanas acosadas y violadas, de la infiltración terrorista, todos de acuerdo en que aquí no hay sitio, de que Europa tiene derecho a defender su modo de vida.
    Ya no me sorprendió que celebraran las alambradas, los muros, la acometida de los buldozers contra el jungla de Calais, las multas contra las acciones humanitarias a título individual, las políticas de Cameron, etc., etc. Intenté recordar la responsabilidad de Europa en las demenciales guerras y expoliaciones que han tenido este drama por consecuencia. ¿Responsabilidad?, se enfadaron. Ninguna responsabilidad:  hay pueblos atrasados, semibárbaros, medievales, a los que es contraproducente tratar de ayudar.
      Era una reunión de personas ilustradas y viajadas, antaño aparentemente progresistas, y  sentí náuseas:  Hablaban de los emigrados como otros, en su día, hablaron de los indios pieles rojas o de los judíos. ¿Inhumanos o posthumanos, de qué van estos europeos de mediano pasar? ¿De dónde sacan la estúpida creencia de que el sistema que maltrata a sirios, afganos, libios, iraquíes o lo que sea, tendrá a bien protegerles  a ellos de la barbarie que forma parte de su abecé? Encima de malos,  merecedores de un cero en empatía, los tengo por unos  imbéciles.

lunes, 29 de febrero de 2016

LA INVESTIDURA IMPOSIBLE

    Seguimos a la espera de  gobierno. Salvo alguna novedad de última hora, la cosa va para largo. En un postrer esfuerzo por atraerse a Podemos, Pedro Sánchez le ha hecho llegar a Iglesias una versión de su acuerdo con Ciudadanos. Y he aquí que el líder de Podemos se ha apresurado a declarar que le parece vergonzosa, un mero corta y pega de dicho acuerdo, sin sal ni pimienta.  Y no es posible saber qué esperaba Iglesias, pues resulta obvio que Pedro Sánchez no podía ofrecerle ningún ingrediente incompatible con los gustos de Rivera, ya forzado al máximo.   
    Seguimos, pues, en las mismas, metidos en un círculo vicioso que podría servir de pretexto para algún juego de poder encaminado a imponernos un gobierno completamente libre de los compromisos sociales que Pedro Sánchez logró pactar con Albert Rivera.
     Habrá quien me diga que tales compromisos, por insuficientes y ambiguos, como todo lo relativo a la ley mordaza y a la reforma laboral, no valen el papel en que han sido escritos, por venir de quienes vienen.  Hay mucha ofuscación en el aire, tanta que ni siquiera se tienen ojos para ver en el acuerdo PSOE-Ciudadanos un primer reconocimiento retórico, por parte de figuras del establishment, de que aquí no se puede seguir gobernando de espaldas al bien común, como hasta hoy mismo se ha hecho con un descaro que hiela la sangre. Es un dato crucial. Claro que no cabe duda de que ese acuerdo fue escrito con el propósito de no enfurecer a los chantajistas de Bruselas y a los señores del IBEX y asimilados,  pero me pregunto quién se habría atrevido a escribir algo más osado en las actuales circunstancias, con la presente correlación de fuerzas. Y me digo que solo un demente o alguien sin escrúpulos.
    Hay quien no cabe en sí de rabia ante la evidencia de que Pedro Sánchez prefirió entenderse primero con Ciudadanos, antes que con la izquierda propiamente dicha, en lo que cualquiera puede señalar la mano de los santones del PSOE y del mismísimo IBEX. Pero hay que reconocer que Iglesias le pidió demasiado, de forma coactiva además, sin respetar su espacio. Vistas las cosas desde la calle, no da la impresión de que Sánchez e Iglesias pudieran formar un equipo funcional, con o sin intervención del IBEX. Y esto nos pone ante otro problema, no precisamente aritmético, de muy difícil solución.
    Ahora mismo, el señor Rajoy cree que, fracasado Sánchez, le llegará el momento de reaparecer por la puerta grande, listo para muñir la famosa “gran coalición”. Semejante hipótesis de trabajo no repara en el hecho de que a estas alturas las incompatibilidades van más allá de las personas. Puede que él le haya negado el saludo a Sánchez por considerarlo ya caído e irrelevante. Pero ya puede Sánchez irse a su casa que no por ello verá allanado, ni con toda la presión del IBEX, su entendimiento con el PSOE, ni con nadie más.
    Hace mucho, mucho tiempo que las relaciones del PP con el PSOE están por debajo de los estándares de lo que se entiende por buena educación.  Lejos están los tiempos en que los políticos de ambos partidos podían charlar amigablemente en los entreactos de sus labores.  Se han dicho tales animaladas que ya puede irse Rajoy también a su casa que ni con esas se volverá a la normalidad.
    Entre otras cosas porque tales animaladas han pasado al cuerpo social, sembrando no solo la división y la discordia sino también la necedad y la irracionalidad en dosis tremendas. Si ahora se impusiese la gran coalición como por ensalmo, a buen seguro que desde la calle no tendría visos de funcionar, que alteraría los nervios de los votantes tanto del PP como del PSOE, y que a los millones de votantes ajenos les valdría la primera instantánea del nuevo gobierno como prueba irrefutable de que todo es una farsa. En fin, con ello quiero recordar a los señores negociadores, también a los de Podemos, que la buena educación es para ellos un deber. Palabras tales como mentiroso, deshonesto, vergonzoso, indecente o ruin no pueden ser emitidas al margen de las elementales reglas de urbanidad, aunque vengan al caso.  Ya se ve adónde conduce la mala educación en política. A que nadie pueda entenderse, ni como aliado ni como honesto rival. 

lunes, 22 de febrero de 2016

YO APOYO A VARUFAKIS Y AL DIEM25

    El proyecto para Europa de Yanis Varufakis se ha concretado en el movimiento DiEM25. Se trata de conseguir de aquí al 2025 la completa democratización del sistema político y económico europeo. Se parte de la evidencia de que en la actualidad la Unión Europea no es democrática.
    Recuerda Varufakis, para decirlo todo con una sola frase, lo que le dijo cierta autoridad de triste memoria, aquello de que unas “elecciones democráticas no pueden modificar la política económica”. ¡Acabáramos!
    Los parlamentos nacionales operan en el vacío al igual que el parlamento europeo, sometidos todos a autoridades no electas insensibles a los requerimientos de la ciudadanía, dadas al secreteo, pringadas en negocios extraños y claramente compinchadas con los mandamases de las finanzas. Y Varufakis da por descontado que, si nada se hace para remediarlo, en el 2025 a más tardar, tan loco y antidemocrático procedimiento conducirá a la desintegración de la Unión Europea, con consecuencias catastróficas para sus pobladores. DiEM25 se propone salir al paso de esta eventualidad y refundar el proyecto europeo antes de que sea tarde.
    Completamente harto de los usos hipócritas, gangsteriles e inhumanos de la Europa que padecemos, apoyo a Varufakis y a DiEM25. Y me complace saber que hasta el papa es partidario de la refundación. Esto no puede seguir así.
     Me gusta, como ya dije en un post anterior, que el llamamiento de Varufakis se dirija a personas de distintas sensibilidades políticas de todas las nacionalidades, pues estoy convencido de que los males europeos no podrán ser remediados por acciones en solitario, de un partido o de un solo país. Para hacer frente a los graves problemas que nos afligen, desde el austericidio al drama de los emigrados, pasando por el TTIP el TiSA  y lo demás, necesitamos una plataforma potente, como espera ser el DiEM25, de ámbito internacional y profundas raíces sociales, como instrumento de expresión y presión, y también como instrumento de conocimiento, esto es, de defensa contra las manipulaciones en curso.
    Celebro en especial la voluntad democratizadora de DiEM25. Puede que a algunos les sepa a poco, por no fiarse ya del potencial de la democracia en orden al establecimiento de la justicia. Y precisamente porque tal creencia empieza a difundirse a ras de tierra,  la aparición de DiEM25 no puede más oportuna. Por un lado, porque nos permite reafirmarnos colectivamente como demócratas sin pecar de estúpidos; por el otro, porque los publicistas y los intelectuales orgánicos que sirven al establishment neoliberal se están arrogando el grotesco privilegio de monopolizar los términos democracia y libertad, dando por sentado que toda fuerza progresista es totalitaria y liberticida. No fue ninguna broma que Andoni Samaras metiera miedo en el cuerpo del electorado con la amenaza de que Tsipras convertiría a Grecia en una especie de Corea del Norte. Los de por aquí, en la misma línea, siembran la especie de que Pablo Iglesias y los suyos son de la estirpe de Fidel Castro, unos enemigos de la democracia, unos tipos deseosos de conquistar las instituciones para cargárselas.  ¡Y ya está bien de sofismas! 
     Considero la aparición de DiEM25  una nueva señal de que la era neoliberal y antihumana se acerca a su fin. Como claras son al respecto las apariciones de Jeremy Corbyn y de Bernard Sanders, que no habrían podido levantar cabeza hace unos años y que hoy cuentan con el apoyo millones de personas del mundo entero, entre las que me cuento. Y es que el neoliberalismo ya no tiene nada que ofrecer, nada de nada, salvo dolor, manipulación y represión. Véase a Rajoy, callado, a la espera de que el poder recaiga en sus manos. No tiene nada que decir, salvo dárselas de optimista al antiguo modo de Milton Friedman y sus secuaces.

jueves, 18 de febrero de 2016

A VUELTAS CON LOS PACTOS IMPOSIBLES

    Corre el tiempo y nada cierto se puede decir sobre los pactos que se trae entre manos Pedro Sánchez, ya emplazado a jugarse la investidura el 3 de marzo. Las así llamadas “negociaciones” parecen encaminadas a ninguna parte, esto es, a nuevas elecciones, y empiezan a irritar. 
    Todo porque el 20-D no ganó nadie, aunque todos cantasen victoria. Nadie se libró de sufrir pérdidas cuantiosas. Podemos no logró “conquistar el cielo”, Ciudadanos se quedó por debajo de sus expectativas, el PSOE sufrió un tremendo bajón, poco faltó para que Unidad Popular-Izquierda Unida desapareciese, el PP perdió su mayoría absoluta y quedó a merced de aquellos con quienes no sabe o no puede comunicarse.
     Tomados los resultados del 20-D en conjunto, se puede concluir que el electorado sigue más o menos donde estaba, ligeramente inclinado hacia el centro izquierda, como en tiempos de Adolfo Suárez. La suma de las fuerzas de signo progresista ha aventajado a las de signo conservador, pero por muy poco. Lo que quiere decir que hay mucha gente en este país que, por inercia,  por miedo a lo desconocido, por sufrir el síndrome de Estocolmo, por autoengaño o lo que sea, ha encajado los recortes y los chantajes sin sublevarse contra los principales responsables de lo sucedido.
      Con ser numerosas las fuerzas que demandan un gobierno de progreso, no son suficientes. No me parece un dato menor que Podemos lograse encaramarse al tercer puesto jugando como partido atrápalo-todo, jugando a la centralidad, a no ser ni de izquierdas ni de derechas. Y es muy significativo que Unidad Popular-Izquierda Unida, un partido que se ha distinguido por su claridad, quedase cruelmente descolgado, al filo del desastre.
    Todo eso indica que el electorado todavía no está en disposición de respaldar una opción clara de ruptura con las políticas que nos han empujado al presente desfiladero. Por algo será. La derecha conservadora ha recibido un aviso, pero también la izquierda, obligada a reconocer que, tomadas en su conjunto, las buenas gentes no quieren que sus representantes políticos echen a correr en plan vanguardia desatinada. Y como la posibilidad de hacer frente a los chantajistas de aquí y de allá depende de que las fuerzas progresistas cuenten con un amplio y generalizado respaldo social, harán bien en no ir por libre ni con prisa.
      En definitiva, creo que más nos vale contar con una oposición fuerte a las políticas austericidas que entrar a formar parte de un gobierno confuso y de corta duración. Los recortes, los desahucios y demás prácticas neoliberales se pueden combatir a pie firme desde la oposición, sin el peligro de quedar pringado en las soluciones a medias  o cosméticas que a no dudar se plantearán. De un recto, sensato y creativo ejercicio de oposición solo cabe esperar un aumento del  atractivo y del poder de convicción de la verdadera izquierda, sobre todo porque se ven venir nuevos y más terribles motivos de indignación por parte de quienes nos quieren imponer, paso a pasito, un modelo de sociedad hobbesiano, malthusiano y demencial. Quizá sea el momento de celebrar que ciertos pactos sean imposibles…

miércoles, 10 de febrero de 2016

CASO TITIRITEROS: ESTO NO HA TERMINADO

    Por fin, al cabo de cinco días, nada menos,  el juez ha excarcelado a nuestros dos titiriteros… Pero, ay, con una justificación que demuestra que seguimos metidos en un bucle de lo más inquietante. Se nos hace saber que ya no representan ningún peligro para la sociedad, no habiendo riesgo de fuga, no habiendo riesgo de “reiteración delictiva […] en razón de que ha sido incautado judicialmente todo el material”.
    Increíble pero cierto: el teatrillo y los monigotes se encuentran en poder de las autoridades. Si ya es fuerte imaginar a la bruja,  a don Cristóbal y demás títeres en el espacio reservado a bombas de relojería y quién sabe qué mecanismos peligrosos, me estremece imaginar cómo se encuentran los artistas, privados de su por definición simpatiquísimo e inofensivo medio de expresarse.
    La señora Carmena acaba de declarar que es una “buenísima noticia” que los artistas, por fin conocidos por sus nombres, Alonso Lázaro de Lafuente y Raúl García, hayan sido excarcelados. También para mí lo es. Se diría que la alcaldesa y yo temimos que no hubiera nada que hacer dada la magnitud de los cargos y la implacabilidad kafkiana del mecanismo. 
    Ahora bien, atención, porque libres en el sentido que he demandado en mi apunte anterior no lo son en absoluto. No solo se ven privados de sus monigotes y de su teatrillo; también de sus pasaportes. Todos los días tendrán que acudir a la comisaría, y los cargos (“enaltecimiento del terrorismo”,  “incitación al odio”, etc.), no han sido retirados. Les espera a lo que parece un calvario burocrático, a saber con qué final desgraciado en forma de multa o de enchironamiento, de acuerdo con la modalidad represiva que se encuentra en pleno rodaje.
     Como el lector ya habrá advertido, llamo artistas a Alonso Lázaro y Raúl García. Lo son y como tales deben ser tratados y defendidos, sin merma ni limitación. Merecen, por lo tanto, el respaldo de nuestros artistas e intelectuales, que en un asunto que les compete tan directamente no deberían verse obnubilados por cuestiones secundarias como el horario de la función, la falta de renombre de la compañía Títeres desde Abajo o sus proclividades anarquistas. La mema presunción de que la cosa no va con uno es de lo peor, y prefiero no poner ejemplos históricos. 

lunes, 8 de febrero de 2016

¡TITIRITEROS, LIBERTAD!

    Ahora resulta que dos titiriteros han sido pasaportados del guiñol al trullo, cual criminales pillados con las manos en la masa en algún sangriento negocio. Me parece de pésimo pronóstico que tal cosa pueda ocurrir en nuestro país con el aplauso de no pocos opinantes de  peso.
     Veo en ello un síntoma claro de que aquí todavía abundan las personas que no se han enterado de qué cosa es la libertad de expresión. Asistimos, de hecho, a un creciente ataque contra ella al socaire de intereses que nada tienen que ver con la salud de una sociedad abierta digna de tal nombre. Raspas un poco y resulta que bajo una fina capa de liberalismo subyace el organismo verdadero, todo él intolerante hasta  la médula.  O nos tomamos en serio la libertad de expresión y la defendemos con uñas y dientes (nos guste o no lo expresado), o estamos fritos.
     Me será dicho que los titiriteros del grupo Títeres desde Abajo han incurrido en el delito de “enaltecimiento del terrorismo”con su obra La bruja y don Cristóbal.  Es lo que dice el ministro del ramo y lo  que por lo visto piensa el juez que los mandó a la cárcel. Y núblase la conciencia, como antaño ante palabras como “masón”, “comunista” o “fascista”.
    El concepto de “enaltecimiento del terrorismo” se amplía o encoge como un acordeón. No parece lejano el día en que cualquier expresión o comportamiento crítico aparezca en ese rubro. Sin ir más lejos, los dos titiriteros presos sufren en su piel una de esas licencias que se toma el sistema  a partir del impreciso concepto.
    Oigo protestas airadas contra el Ayuntamiento, por haber programado la obrilla con motivo de las fiestas de carnaval. Dichas protestas no son lo más significativo (la historia de las representaciones teatrales que acabaron mal ocuparía varios volúmenes). Lo significativo fue que se llamase a la policía, metida de súbito en un problema molestísimo.
    ¿Acaso le corresponde a la policía juzgar sobre la marcha el contenido de una obra ya empezada, se le puede pedir? A partir de esa  llamada teléfono  (¿y cómo no iba a actuar la policía al oír la voz “terrorismo" con el agravante de comportamiento escandaloso ante los niños?), se produjo la escalada de despropósitos, dejándonos ver el mecanismo represor en toda su crudeza. Como no será que el propio Ayuntamiento ha demandado a los titiriteros, una manera de abandonarlos a su suerte y de darse por engañado. Un mal rollo. En los viejos tiempos la función habría contado con un delegado gubernativo, con poderes para detenerla, y el texto habría pasado por las manos de un censor. ¿Es a eso a lo que queremos volver? ¡A cuatro años de cárcel se exponen los titiriteros!
    Las primeras noticias que recibí de este “escándalo”  hacían referencia a una exaltación de la ETA, a una monja violada y a una serie de asesinatos (todo de pésimo gusto). Cuando por fin pude encontrar un resumen del argumento, me sorprendí al no encontrar ninguna monja violada ni tampoco “enaltecimiento del terrorismo”.  No se trata de una obra para niños pequeños,  ni fue concebida como tal. El error fue no advertir a los padres de lo que se les venía encima.
       Ahora bien, a juzgar por el resumen, el mensaje de La bruja y don Cristóbal es, oh ironía,  de género moralizante,  clásico además, mil veces recreado en todos los formatos artísticos: la injusticia, con sus valedores habituales,  genera una sucesión de desgracias. Un buen tema de conversación para padres e hijos.
     Claro que alguien dirá que lo grave aquí es que la bruja se sobreponga a los sucesivos ataques de las autoridades, siendo lo bastante bruja como para conseguir que el juez se ahorque en su lugar. ¿Es a esto a lo que hoy se llama enaltecimiento del terrorismo? En fin, amigos, lo dicho. Me sumo a quienes piden la libertad de los titiriteros, por una cuestión de principios en primer lugar. ¿O es que aquí hace falta ser brujo para ganarle la partida a don Cristóbal?

lunes, 1 de febrero de 2016

¿Y PARA QUÉ SIRVE EL PARLAMENTO?

    Mucho se ha perorado últimamente sobre la “regeneración democrática” y la “transparencia”, y ahora resulta que todo  lo relativo a la tarea de formar gobierno se opera en la trastienda del sistema, como en tiempos de Franco mismamente.
     Los votantes del 20-D nos tenemos que contentar con una sucesión de ceremoniosas  escenas en Palacio y con declaraciones a la prensa de los diversos líderes políticos, ya sea equívocas o beligerantes, todavía en tonillo electoral y todas informales,  nada informativas, polisémicas, con segundas intenciones y, por ende, sofísticas. Es lamentable, ¿no creen?
     Como demócrata que soy, no se me puede pedir que me tome a la ligera este modus operandi extraparlamentario. Me parece anormal, sospechoso, insano, oscurantista, nada democrático,  franquistoide, y también una forma de retrasar sine die la obligación de que unos y otros muestren sus cartas.
     ¿No es el colmo que los señores parlamentarios electos del PSOE no se basten a sí mismos para tomar decisiones inaplazables, siendo considerado normal que se vean presionados por elementos no electos de pasadas épocas? ¿No es el colmo que el candidato a la presidencia del PP pase por alto la obligación de exponer sus propósitos en sede parlamentaria, para ganar o para perder apoyos  con luz y taquígrafos, como es debido?
     Si el Parlamento estuviera operativo, puestas ya las cartas sobre la mesa, ya sabríamos a qué atenernos. Tendríamos ya presidente, o sabríamos ya la fecha de la nueva cita con las urnas, con una ventaja añadida: tendríamos, además, los elementos de juicio necesarios para ratificar o enmendar el voto del 20-D. Tal como están las cosas, en este clima de secreteo y navajeo extraparlamentario, si hay nuevas elecciones, iremos a las urnas como si en el ínterin hubiéramos estado en la luna de Valencia.

viernes, 29 de enero de 2016

HABLÓ FELIPE GONZÁLEZ

    El ex presidente está empeñado en convencernos de las bondades de un gobierno PP-Ciudadanos, al que, según su parecer, el PSOE debería dar su anuencia.  Se ha apeado de su gran coalición PP-PSOE, lo que nada tiene de extraño a la luz de los resultados electorales.
    La existencia de Ciudadanos podría servir, cree,  para salvar al PSOE. Lo de la Gran Coalición era una jugada a la desesperada, tramada para salvar el status quo, no a su partido. Vista no le falta a González. Ahora ve la ocasión de que el PSOE, ofreciendo unos servicios menores, pueda eludir la responsabilidad por los recortes y atropellos que se avecinan. Y tanto le complace su arreglo que no ve ningún inconveniente en dejarle el campo libre al PP,  decidido a hacer la vista gorda ante los aspectos de este partido que a muchos nos han revuelto las tripas.
     Y memorable ha sido su juicio sobre Podemos. Se trata, nos dice, de un partido leninista y chavista de la peor especie, en lo que, significativamente, viene a coincidir con la apreciación de José María Aznar, ya convencido de que el propósito secreto de Podemos es cargarse la democracia.
     No se trata de una pequeña anécdota al margen. Que ambos personajes, insignes voceros del establishment, nos vengan con estas es mucho más grave que la pueril campaña encaminada a pintarnos como grandes corruptos y vendidos a Iglesias, Monedero y Errejón. Eso es lo que piensa el establishment, capaz de presentarse como el campeón mundial de las libertades.
    Por lo visto, ya no se considera lo bastante fuerte tildar a Podemos de populista. Es leninista, antidemocrático,  esto es, potencialmente violento. Lo que de buenas a primeras justifica que se prefiera apoyar a Rajoy en este trance, y podría justificar luego cualquier medida de excepción.
  Si tenemos en cuenta lo dicho por González, ¿qué posibilidades tiene Pedro Sánchez de entenderse con Podemos? Ninguna, y además se demuestra que Podemos hizo muy bien en poner duras condiciones a un posible pacto de gobierno con el PSOE. 
    El  PSOE está dividido, y la parte progresista, la de Pérez Tapias, en evidente minoría. No por otra razón ha habido espacio de sobra para el nacimiento y la expansión de Podemos, tema que el señor Felipe González pasa por alto en todas sus intervenciones como si también él, como un posmoderno más, considerase inanes las consideraciones históricas más elementales. Este hombre quiere seguir arrogándose el monopolio de la izquierda después de haberla traicionado alevosamente, y encima se permite meter miedo a los ignorantes y a los timoratos con eso del leninismo. Antes se apelaba al comunismo y  al oro de Moscú para mejor perseguir a cualquier opositor, hoy al leninismo y mañana al oro de Irán... 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL MOMENTO DE LA IZQUIERDA

    Por lo que veo,  nos sigue costando adaptarnos al tempo democrático. En democracia las cosas suceden a su ritmo, se toman su tiempo. Por ignorarlo, los protagonistas principales de las pasadas elecciones se presentaron todos como vencedores numéricos o espirituales, el colmo del ridículo. Helos aquí imbuidos de esa mentalidad de ahora o nunca que jamás le ha sentado bien a una democracia digna de tal nombre.
    Por mi parte, opino que la ventaja obtenida por la izquierda en el cómputo total de escaños debe ser justipreciada sin triunfalismo alguno. Las voces que piden que se la haga valer como sea, para formar gobierno, me dan grima.  ¿Acaso no figura el PSOE en la combinación? ¿Y qué pruebas tenemos de su voluntad de hacer honor al socialismo de su fundador? ¿De qué combinación de izquierdas estamos hablando?
    Seamos conscientes, al menos, de que la  ventaja invocada es demasiado corta y de que las fuerzas están divididas. La castración del PSOE, esta cortedad y esta dispersión son argumentos de mucho peso para no intentar siquiera cargar con la responsabilidad de formar gobierno en clave izquierdista.
     Hay que respetar el tempo democrático, hay que saber esperar, no hay que cantar victoria antes de tiempo. Y sobre todo, hay que caer en la cuenta de que ahora, por fin, la historia corre a favor de la izquierda, si esta no se presta a asumir responsabilidades que no son de su incumbencia, si se abstiene de tocamientos que desde la calle serían vistos como sucios.
     Que el peso de la responsabilidad por la que se nos viene encima caiga íntegra sobre los peones de la Bestia neoliberal que nos han traído hasta este estado de cosas. La izquierda real debe protegerse incluso contra la tentación, que le será servida, de compartir dicha responsabilidad  de alguna manera, para pringarla y desprestigiarla.
     Se nos viene encima un año atroz según ha admitido la señora Lagarde; se reclamarán nuevos ajustes y recortes; se nos vienen encima el TTIP, el TiSA y quién sabe qué más. Que los señores neoliberales carguen con sus culpas, que hasta el último despistado comprenda de qué van y cómo se las gastan. Luego, muy pronto, llegará la hora de la izquierda. Por una razón muy sencilla: a la derecha neoliberal ya no le quedan conejos en la chistera.
      Si ahora, bajo la presente correlación de fuerzas, a la izquierda no le conviene acceder al poder (solo para pagar los platos rotos por la juerga de otros), que haga el favor de no proponer soluciones absurdas, como esa de que se apele a una personalidad ilustre  para que se haga cargo del embolado de formar gobierno (la misma que se usó contra Suárez con un resultado pésimo), no sea que se nos suba a la chepa el Monti de turno. No, no, paciencia, un poco de paciencia. El gobierno al servicio de la Bestia que se forme no durará mucho. El tiempo hay que usarlo para servir a la verdad, para informar,  para dar ejemplo, para rechazar de plano las leyes, disposiciones y conductas inhumanas, para establecer un frente unido contra la Bestia neoliberal, para perfilar una alternativa clara y distinta. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

ACLARACIONES SOBRE PEDRO SÁNCHEZ

    Un corresponsal me reprocha mi “falta de confianza” en el PSOE y en particular que lo tenga metido en el saco de la mafia neoliberal. Me dice que he sido injusto con Pedro Sánchez, a quien considera el líder natural de la izquierda y el hombre indicado para liderar la operación de dejar fuera de juego a Rajoy.
     Me recuerda que Pedro Sánchez acaba de negarle su apoyo al PP ayer mismo. Lo sé, me he fijado, pero yo adscribo al PSOE al campo neoliberal desde hace mucho tiempo a la luz de sus hechos, esto es, en clave de poder y no de juegos de prestidigitación.
      Admito que en mis comentarios no le he otorgado a Sánchez el beneficio de la duda. No le conozco personalmente. Solo sé de él lo que he visto en los periódicos y en la tele. Puede que él se crea las mejores palabras que ha pronunciado al calor de la campaña electoral, puede que tenga las mejores y más socialistas intenciones, pero carezco de pruebas.
      Ahora bien, he tomado nota de que dejó de hablar de la eliminación del artículo 135 de la Constitución en cuanto se vio presionado por el establishment y de que se declaró más próximo a Valls que a Corbyn. No puedo ignorar tampoco que tiene un asesor llamado Jordi Sevilla, neoliberal y partidario de una gran coalición PP/PSOE, ya compinchado al respecto con Josep Piqué y correligionario económico del señor Garicano, el asesor de Ciudadanos.  
     ¿Pequeñeces? No, a mi parecer, aunque entiendo que mi corresponsal no haya prestado atención esos elementos de juicio: el candidato saltó a la palestra en clima electoral,  definiéndose al calor de las circunstancias, empujado por la necesidad de hacer valer lo que por razones históricas el PSOE aun pueda tener de socialista en el imaginario colectivo. Pero de ahí que tenga la cabeza y los huevos para romper con la herencia de los González y los Solchaga media un trecho.
     He visto a Pedro Sánchez andar por el filo de la navaja, tratando de conciliar los buenos propósitos del socialismo con el orden de cosas existente, como si tal cosa fuese posible en la práctica.  Le he visto eludir temas tan graves como el TTIP y el TiSA, de cuyos pormenores ya debe estar más que enterado. Y además, lo que me parece sintomático, recibió tan mal a Podemos como lo recibieron los del IBEX y de la caverna.  Encima, se ha presentado como el continuador de los maestros de la acomodación y el gatopardismo, desde González a Zapatero, a mucha honra me ha parecido entender.
    Admito que Pedro Sánchez me halagó los oídos cuando expresó su deseo de barrer de un plumazo la reforma laboral, pero, ¿cómo podría hacerlo sin pelearse con el establishment, provisto de excelentes peones dentro de su propio partido?
     Por su juventud y por las dramáticas circunstancias, Pedro Sánchez bien pudo declararse socialista renacido, echar pestes sobre la tercera vía, condenar la capitulación de la socialdemocracia ante los intereses del gran capital. Y no lo hizo. Para mí, esto quiere decir que el PSOE, balandronadas sociales aparte, está donde estaba, esto es, en la acomodación. Y por esta razón no lo puedo colocar en el frente antineoliberal. Y conste que me irritan más los neoliberales encubiertos que los declarados.
    Quizá Pedro Sánchez, desprovisto de escamas, por salud juvenil o por no estar atrapado en las redes clientelares, se sienta en posición nueva, quizá crea en el proyecto que los socialistas no contaminados por los intereses particulares todavía atribuyen al PSOE. Pero con eso no me basta. El partido que preside hace mucho que dejó de cumplir sus deberes, hace mucho que actuó como cómplice necesario del desplazamiento a la derecha de nuestro sistema político.
     Entiendo que mi corresponsal defienda a Pedro Sánchez.  Y reconozco que yo no quisiera estar en el pellejo de su defendido. Para salvar al PSOE de la trampa histórica en la que ha caído, tendría sacar del sótano a Pablo Iglesias el Viejo, apoyarse en la parte sana de su partido  y darles la patada a los profesionales de la acomodación, tendría que sacar pecho ante el establishment local y transnacional. Es lo que, a mi juicio, le toca, porque de seguir igual el PSOE se irá al carajo en plan Venizelos.
    ¿Lo veo capaz de tamaña heroicidad?  Pues no. Quizá esté deseando poner manos a la obra, pero yo no creo que le dejen. Y es que el PSOE, como el PP, ya quemó sus naves al servicio de la Bestia neoliberal para mejor disfrutar de sinecuras y zanahorias. 
     En fin,  querido amigo, que de aquí a nada se pondrá de moda la palabra “responsabilidad”, para justificar la siguiente ronda de acomodación, con o sin Pedro Sánchez. Ya se sabe, a la irresponsabilidad social por la responsabilidad corporativa, responsabilidad esta que en las urnas cotiza cada vez menos, como acaba de demostrarse. Y no se me enfade si le digo que presiento que la historia no tardará en sepultar al PSOE y al PP en la misma sima política, abrazaditos los dos. 


martes, 26 de mayo de 2015

TRAS LAS ELECCIONES DEL 24-M

    Se constata un gran avance de la izquierda y un retroceso de la derecha, un cambio de tendencia que, con las elecciones generales a la vista, se puede entender como una clara señal de que se prepara una redistribución del poder. Es pronto para echar a volar las campanas, pero se alegra el espíritu al constatar que millones de españoles son, hoy por hoy, inmunes a las mentiras de saturación que hemos padecido durante los últimos meses.
    Hay quien se asusta ante la necesidad de pactar y habla de ingobernabilidad. Evidentemente, no será fácil llegar a acuerdos y atenerse a ellos. Pero, la verdad, creo que ya era hora de que llegásemos a una situación como esta. Las mayorías absolutas habidas hasta la fecha han sido sumamente dañinas para la  normal maduración de nuestra joven democracia. Piénsese en los modales chulescos de sus beneficiarios, en el hurto de los temas serios  y trascendentes del debate público y leal, por no hablar de otras consecuencias indeseables, desde la corrupción a la promoción de auténticos inútiles a puestos de elevada responsabilidad.
   Me hacen gracia las murmuraciones de la derecha ante las declaraciones del presidente Rajoy, que ya pone proa a las elecciones generales sin mirar atrás. ¿Qué esperaban? Hace mucho tiempo que el PP quemó sus naves para mejor disfrutar de la corriente neoliberal-neoconservadora que nos ha traído al presente desfiladero histórico. El resultado era previsible y de aquí a noviembre no tiene la menor posibilidad de rectificar, como no tiene ni la menor opción de pintar de rosa su agenda oculta, que no es otra que la de seguir en las mismas, destruyendo la cohesión social en nombre de los intereses de su red clientelar y de los mandatos de los amos de las finanzas internacionales.
    No cabe ignorar que el PP tenía otras potencialidades, pero ya da igual. Se lo ha jugado todo a una carta, justo a la carta que la gente tiene buenos motivos para aborrecer y temer. Y es que ha dejado la causa de la justicia social en el lado de la izquierda, de manera inequívoca, haciendo daño hasta a sus ingenuos votantes de ayer. Si ahora empezase a hablar de justicia social, sus palabras sonarían  tan hipócritas que es hasta normal que no se atreva a pronunciarlas.
    Hay quien cree que Rajoy no es el mejor candidato por no ser el más locamente neoliberal-neoconservador del elenco, pero ya me dirán lo que adelantan con ello en orden al reencuentro con la sensibilidad del común de los mortales. Y recuerden que ahora precisamente asistimos al hundimiento del absurdo mito de que las derechas entienden la cosa económica mejor que nadie…
    Ahora veremos qué hace el PSOE. Parece que la historia ha tenido a bien darle una oportunidad de redimirse de sus desviaciones. ¿Con quién pactará? Supongo que Pedro Sánchez ya se ha dado cuenta de que cualquier tocamiento con el PP sería desastroso para el partido. Pero no cabe descartar que le chantajeen para que de el paso fatal. La sombra de Felipe González es alargada y no sabemos en qué quedaron las tenidas sobre el famoso gobierno de concentración PP-PSOE. O con la derecha o con la izquierda, señor Sánchez. Este país no está para bromas.
    No quisiera dejarme en el tintero una evidencia de sumo interés. La división de la izquierda no ha sido un impedimento para su avance, y esto por un dinamismo interno que ha desbordado el marco partidario convencional. Cabe ver en ese dinamismo, tan esperanzador, la consecuencia del sufrimiento y la desazón, y además una manera colectiva de sobreponerse a los cantos de sirena del fatalismo histórico.
    La derecha no tiene ni la menor posibilidad de emplear su arsenal contra un fenómeno social de tal amplitud, contra semejante voluntad de cambio. Dicho arsenal quizá le sirvió para sembrar dudas, en espíritus timoratos, sobre la idoneidad de los líderes de Podemos para encarnar una alternativa creíble y para endosarle al partido de Pablo Iglesias una agenda oculta de tenebrosas intenciones totalitarias, pero ha demostrado ser patéticamente inútil contra dicha voluntad. Si lo tuviera que expresar en términos convencionales, diría que el poder establecido ha topado con el pueblo.

    

lunes, 11 de mayo de 2015

CHANTAJISTAS Y CHANTAJEADOS

      En estos tiempos de dominación neoliberal y globalización, el chantaje se ha convertido en la herramienta más efectiva del poder establecido. Como este poder es esencialmente antidemocrático (obedece a intereses oligárquicos contrarios al bien común), no  es de extrañar que se emplee a fondo como chantajista, papel que le sienta como anillo al dedo y en el que está dando pruebas de un virtuosismo mafioso de superior categoría. 
     Nos encontramos inmersos en la era del chantaje, como si viviésemos en una dictadura.  Y nada tiene de sorprendente que la dignidad humana se encuentre bajo mínimos y que la libertad, en lugar de ir a más según el sueño de la modernidad, se recorte a ojos vistas. Caminas o revientas. Son lentejas, lo tomas o lo dejas… Y así se llega a la prostitución, a la esclavitud, así se firman contratos infumables y se dice sí señor a cualquier burrada.
     Contémplese la realidad europea, lo que nos pasa a nosotros y el completo panorama económico y geopolítico en clave de chantaje. En lugar de las razones y sentimientos que asociamos a la búsqueda de la justicia local y planetaria, vemos el completo repertorio del arte de chantajear a pueblos y personas. Lo considero una recaída en la barbarie de pronóstico pésimo. Las negociaciones no son tales. Son simulacros.
      ¡Qué tiempos estos en los que el chantajista endosa a la realidad los mandatos que se le antojan, dándoselas de honorable! ¡Qué tiempos, en los que el chantajeado, en lugar de sentirse como tal, en lugar de tragarse la humillación o de reaccionar como una víbora, le sigue la corriente al opresor, ya dispuesto a ceder todo lo que haga falta, e incluso a hablar del caloret o de otras cuestiones triviales mientras cede y cede como si fuera de lo más natural.
     ¿Cómo se llegó al artículo 135 que hoy figura en nuestra Constitución? Pues por ceder ante un chantaje. ¿Cómo es posible que el Acuerdo de Libre Comercio e Inversión EE UU/UE se haya pergeñado a puerta cerrada y que los señores europarlamentarios no se hayan echado abajo esa puerta? ¿Cómo es posible que estos representantes de la ciudadanía europea se hayan dejado contentar con una especie de resumen sin poner el grito en el cielo, sin reaccionar siquiera cuando el chantajista les prohibió que lo leyeran como es debido y hasta tomar notas? Por la dialéctica chantajista/chantajeado.
    ¿Qué pasa con las propuestas económicas de todos los partidos que se presentan a las elecciones del presente año en España? Pues que han sido escritas bajo la amenaza del chantaje local y global.
     Nadie quiere exponerse a que el chantajista se enfade, nadie quiere reconocer siquiera que está siendo víctimas de un chantaje y de que así no hay manera de establecer un programa coherente, ni tampoco de fijar los objetivos con claridad meridiana, como si el punto justo estuviese en engatusar simultáneamente al chantajista y al votante chantajeado.
     El votante, viendo el garrote suspendido sobre su cabeza, pide moderación, calculitos, alguna cosilla, nada que pueda irritar a los amos del mundo. (¡Madrecita, que me quede como estoy!) Quien amenace con volcar la mesa del tahúr se verá castigado en las urnas, como bien saben el chantajista y la masa ovejuna. Y por eso es muy conveniente hablar de corrupción, de manzanas podridas, caer en el juego del tú más, como si aquí el problema fueran los chorizos y no el sistema y su infame doctrina de fondo.
    ¡No hay alternativas! Esta necedad que contradice la razón de ser de la política, encubre las pezuñas del chantajista y esconde las vergüenzas del chantajeado. Ni se dude de que el las próximas elecciones, millones de españoles irán a votar convencidos de que son libres, pero en realidad entregados a la lógica del Síndrome de Estocolmo, la misma que domina a la mayor parte de los líderes que aspiran a conquistar La Moncloa, como domina a su actual inquilino.
    Y naturalmente  esos electores timoratos y calculadores han sido tenidos en cuenta por los redactores de los programas económicos. Aquí nadie está libre de temer el mencionado garrote, tampoco ellos, todavía aferrados a la curiosa esperanza de que el capitalismo salvaje entre en razón, nostálgicos de un capitalismo bueno o roosveltiano que no volverá a fuerza de comedimiento y bajadas de pantalones.
    ¡Véase lo que pasa en Grecia! Por no rendirse a la primera, véase, véase. El chantaje apunta más que a expulsar a Grecia del euro, a provocar la caída de Syriza y a devolver el poder a alguno de los blandengues de ayer. Si Syriza cae o se traiciona, ¡qué alegría más repugnante se llevarán al cuerpo los encumbrados matones de la Bestia neoliberal, y que alegría los simples cagones, viendo en ello una justificación y una disculpa moral!
     El chantaje ha sido tan masivo y sostenido que ya no hay quien se atreva a llevar el debate político al estricto plano de la justicia, por preferir todos los juegos de números, como si debiéramos dar por supuesto que en esos juegos tiene tan digna dama algún papel (podría tenerlo, pero actualmente no lo tiene).
    Chantajistas y chantajeados hablan en un idioma común, caídos en el economicismo inherente a la narrativa del chantaje en curso.  La mayoría de los economistas críticos huyen como de la peste de que los tomen por militantes antisistema, ateniéndose al guión de lo que hay, a las reglas del juego escritas y no escritas del sistema. A ver si se puede hacer algo sin irritar a los que tienen la plata. Es una manera de ceder al chantaje. ¿Se atrevió el señor Miliband a cuestionar de raíz la política económica de Cameron? No, claro que no. Otro que dobló el espinazo y acabó en la cuneta.
     Esto sucede cuando está ya clarísimo que el chantajista es un perfecto inmoral, un enemigo de la democracia y de la humanidad, y que, por lo tanto, no tiene nada que ofrecer aparte de las operaciones de saqueo y socialización de las pérdidas. Que para servir a la causa de la justicia los números tendrían que ser otros y distinta la escala de valores, esto es sabido, pero el miedo es libre.
    El chantaje ha pervertido nuestras mentes y corazones. A duras penas es posible traer a primer plano a los pobres y hambreados europeos  y ya es imposible que a uno le tomen en serio si alude al espantoso daño que el actual sistema está haciendo a la gente en el plano vital, un daño atroz del que sus hijos no se librarán por estar ya en la categoría de los sin futuro.
     El chantaje opera a diversos niveles, y ya han pervertido las mentes hasta el punto de que se debe dar por sobreentendido que tener un trabajo precario y miserablemente pagado, no ser desahuciado y contar con luz eléctrica es extraordinario, más que suficiente para llevar una vida digna (y  no digo plena porque esta palabra ya no se usa por no ser del agrado del chantajista,  solo interesado en la plenitud de sus negocios). Nótese que defendemos educación en nombre de los beneficios económicos futuros y no del desarrollo libre de las personas. Quien defienda este desarrollo de las personas será tomando por loco y fichado como tal.
     Creer que si uno cede el chantajista se portará bien es una imbecilidad, la esperanza del tonto. Cuanto más se cede, peor. Y además, llegados a este punto, la idea de ceder para ganar tiempo carece de valor operativo. Porque aquí el único que puede sacar partido de ella es precisamente el chantajista.

    Y si uno no está dispuesto a ceder, debe atarse los machos. Debe estar preparado para que de los modales melifluos, tecnocráticos  y pseudodemocráticos el chantajista pase directamente a los brutales.  Y puede que de esto no estemos lejos a juzgar por los preparativos jurídicos, policiales e informáticos. El chantajista se cura en salud, consciente de que lo que se trae entre manos es de rango genocida y de que su supervivencia depende cada vez más de la pura fuerza bruta, la de las plantaciones de esclavos, la de Auschwitz o del Gulag. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

EL VOTANTE DE IZQUIERDAS

    Urnas a la vista, el votante de derechas  solo tiene que elegir entre dos opciones. O se inclina por el PP o por Ciudadanos,  por la opción jurásica o por la emergente. 
    El votante de izquierdas, en cambio, no lo tiene tan fácil. ¿A quién debe confiar su representación? En este campo el panorama es complejo. Solo está claro que aquí y ahora de lo que se trata es de hacer frente a la a Bestia neoliberal, antes de que sea tarde, antes de que termine de retrotraernos al siglo XIX.
    Y como esto sí que está claro, por ser cuestión de supervivencia, es inevitable que la visión de las urnas le cause a este votante una sensación rara y hasta de enojo con sus pares. Debería estar ilusionado, lo estuvo hasta hace poco, y ahora anda cejijunto.
    Es una  pésima idea entrar en el futuro con las fuerzas divididas por personalismos, rencillas de familia y cálculos esotéricos. Donde ya debería haber formado un frente amplio, resulta que no lo hay. Es muy de lamentar precisamente ahora, por estar la mencionada Bestia en un apuro. Es de género tonto no ver y no aprovechar la oportunidad, sobre todo si se piensa en su temible capacidad de reacción y en el odioso y semioculto programa que se trae entre manos. En fin, con división interna o sin ella, el cometido de la izquierda es ese.
     Y siendo así, con pena o sin ella, el votante de izquierdas se ve ante la desagradable evidencia de que, a juzgar por su ejecutoria, el PSOE no es de fiar. Ha servido a la Bestia, ha traicionado a sus votantes, y hasta la fecha no ha ofrecido ninguna prueba de que no vaya a repetirlo. Es más, dada su hipersensibilidad a los chantajes oligárquicos, dada su habituación al arte del acomodo, está cantado que volverá a las andadas en cuanto se le pase el sofocón.
     Ahora como siempre, el PSOE va de “izquierda responsable”, tildando de idiota a cualquiera que no se comporte como un oso de feria. Y esto vale por una declaración de intenciones. Mucho le habrá dolido que el 15-M lo metiese con el PP en el mismo saco, pero méritos sí que hizo, como sabe cualquier votante de izquierdas que se precie, haya votado o no al PSOE en el pasado.
     ¿Está Pedro Sánchez decidido a eliminar el maldito artículo 135 que Zapatero urdió a escondidas con el PP? ¿Decidido denunciar los aspectos siniestros del acuerdo de Comercio e Inversiones EE UU/UE? ¿Decidido a poner en su sitio a la casta extractiva? ¿Decidido a apoyar a Grecia en los altos foros internacionales? ¿Decidido  a dar cuenta en el Congreso del chantaje de turno, lo que debió hacer Zapatero y no hizo, decidido a dimitir antes de entregarnos? ¡A saber!
    Aquí y ahora, el votante de izquierdas que realmente esté convencido de que hay que pararle los pies a la Bestia, no pudiendo fiarse del PSOE, tendrá que elegir entre Podemos, Izquierda Unida y sus asociados, Ganemos y los suyos… y reclamarles que lleguen a un entendimiento sincero y práctico lo antes posible, porque sin él serán triturados de uno en uno  o de un solo golpe todos sin que la gente que les apoya tenga la menor oportunidad de hacerse valer como lo que es, un conjunto humano numeroso y poderoso, indignado ante el curso de los acontecimientos. 

lunes, 27 de abril de 2015

MÁS ALLÁ DE LA CONFUSIÓN

   Tras el arranque andaluz, enfilamos hacia nuevas citas electorales y la confusión va en aumento. Nadie quiere mostrar sus cartas para no espantar a los famosos votantes del centro, todo se personaliza, se excitan las filias y las fobias, se huye de los temas serios y se amañan hasta las sumas y las restas.
    La confusión es, sin embargo, más aparente que real. Tenemos, por un lado, a los partidos que desean poner límites y hacer retroceder a la Bestia neoliberal-neoconservadora  y por el otro a quienes sueñan con engordarla ilimitadamente a nuestra costa y a la de nuestros hijos y nietos.
     No hay ni puede haber un punto de convergencia entre ambos proyectos, por eso ya dije alguna vez que, de hecho, el centro político ha desaparecido.  No digo que no haya gente que se sienta en ese espacio, en una posición muy de clase media, convencida de que ahí reside el equilibrio y el buen sentido. El problema es que esa gente se encuentra en una especie de tierra de nadie. Quienes aspiran a representarla no se encuentran allí, sino a la derecha o a la izquierda, como los hechos no tardarán en acreditar.
    La clase media, engañada y traicionada por sus presuntos representantes, ya ha sido destruida en Estados Unidos y en otros países caídos en las garras del neoliberalismo. Ahora ocurre en Europa. Lo sufrimos en nuestras propias carnes, una experiencia que esa buena gente “del centro” no es capaz de admitir ni cuando la pisotean.
   Tarde o temprano la confrontación  entre neoliberales-neoconservadores y sus oponentes irrumpirá brutalmente y pondrá a todos en su sitio. Sucederá tras las próximas elecciones municipales y autonómicas, antes o después de las generales, quizá más tarde,  porque todo depende de cómo vayan las cosas aquí y en el mundo. Sí, llegará el momento, lo presiento, en que no habrá el menor margen para la simulación.
    Si ganan los partidarios de la Bestia, más de lo mismo: seguirán llevándonos a empujones y por etapas al siglo XIX, entregados a un designio oligárquico que no hay democracia que resista. Si ganan sus oponentes, toparán de frente con el establishment  mundial y con una agrupación de las fuerzas sobrevivientes que tan fielmente le sirven. Si por miedo decidieran no hacer nada y marear la perdiz, dejarán a las víctimas sin la representación que les prometieron,  o sea, rotas o airadas, lo que también sería funesto para nuestro sistema democrático.
    Ahora bien, a  juzgar por las encuestas en este país todavía no se ha llegado al punto en que una abrumadora mayoría experimente el ferviente deseo de dejar atrás lo malo conocido en busca de lo bueno e incierto por conocer. Es un dato a tener en cuenta.
     ¿Hace falta más sufrimiento para que se llegue a ese punto crítico?  Tal parece, como parece que hace falta más dolor para que los adversarios de la Bestia dejen de hacer el tonto, incapaces de dar vida a un frente amplio a la altura de los desafíos que nos van a salir al paso indefectiblemente, como parte del embolado global.  
     Sería de desear que  los representantes de la izquierda no perdieran el tiempo con cominerías, personalismos  y desmesuras, pues les ha caído encima la responsabilidad de impedir que nuestro país pierda el tren de la historia. Sería muy triste que España reaccionase tarde y mal y encima sola y desunida contra dicha Bestia, como ahora le pasa a Grecia. Sería como para tirarse de los pelos, pues en estos mismos momentos la Bestia está  enferma de muerte, como consecuencia de su criminal locura. Como no será que ya ha despuntado una hornada de economistas que han dejado de reírle las gracias. Thomas Piketti no está solo, señal  inequívoca de que los tiempos están cambiando, aunque no tan rápido como algunos desearíamos.
     A mi entender al menos, el tren de la historia ha llegado a un punto en que el neoliberalismo-neoconservadurismo ya se ha exhibido ante grandes masas humanas y ante un significativo número de cabezas pensantes como lo que es: una salvajada sin porvenir, mortal para la gente y para la salud de la tierra, un constructo ideológico impresentable  y falaz, surgido de la matriz de una oligarquía local y transnacional tan ciega como egoísta y cutre. Como ya no puede prometer a la gente prosperidad alguna, al neoliberalismo solo le queda mentir y abusar de su indecente instrumental propagandístico y represivo. Hemos llegado al punto de que hay que ser muy necio o muy malvado para sostener esa ideología es la mejor, la última, la incontestable. La Gran Crisis Política nos espera, pues, a la vuelta de la esquina.

lunes, 16 de marzo de 2015

PODEMOS Y VENEZUELA

    El establishment vocea cualquier vínculo de Podemos con el chavismo, a ver si así consigue pararle los pies. Salta a la primera página que Íñigo Errejón le cayó en gracia a una hija de Hugo Chávez… ¡Pues sí que han llegado lejos el entendimiento y la complicidad!
      Ya hemos visto lo sucedido con las cuentas de Juan Carlos Monedero, entendidas como una revelación trascendental, como prueba de un delito de financiación subterránea  de Podemos. ¿No debería ese hombre ser pobre como una rata? ¡Aquí hay algo sospechosísimo!
     La noticia de ayer: se le pidió a Pablo Iglesias que condenase la detención del alcalde de Caracas y él se fue por la tangente. Manifestó que le desagrada que un alcalde se encuentra entre rejas. O sea, no la condenó… (¿Y cómo la iba a condenar porque sí, solo para darle el gusto a la caverna? ¿Y si el conocido antichavista estaba involucrado en una intentona golpista como asegura el gobierno venezolano?). 
     La noticia de hoy es que los europarlamentarios de Podemos rechazaron las sanciones que el Partido Popular Europeo, portavoz del establishment mundial, pretende imponer a Venezuela por una supuesta vulneración de los derechos humanos. O sea, Pablo Iglesias  y los suyos defendieron a Maduro, se retrataron, mostraron sus cartas, quedando probado lo que se pretendía demostrar, a saber, que son unos bichos, que los derechos humanos les importan un bledo, que no son demócratas… Acosado por los medios, Pablo Iglesias añadió que no conoce personalmente a Maduro y que está a favor del diálogo y no de las sanciones.
      La derecha vernácula aprovecha la crisis venezolana para meter miedo a los españoles. Caiga sobre Podemos toda la basura lanzada sobre Chávez y sobre Maduro, ahora elevado a la categoría de "peligro para la seguridad de los Estados Unidos", categoría reservada a personajes como Manuel Noriega, Sadam Hussein o Muhamar Gadaffi, de lo que nada bueno cabe esperar, pues el paso siguiente suele ser una acción “humanitaria”, en “defensa de la libertad”, de terribles consecuencias para el pueblo.
     Podemos se nos pone de perfil, lanza balones fuera y trata de que esa basura no le sepulte. No le conviene que esa identificación con el chavismo, hoy en crisis, se consolide en el imaginario colectivo. Como no le conviene tampoco presentarse como un enemigo declarado del establishment,  un enemigo a la Chávez. De ahí que se abstenga de defender al chavismo con la rotundidad que cabría esperar, aun al precio de quedar indefenso ante los ataques que recibe, e incluso al de dar la impresión de doblez que encanta a sus enemigos e irrita, a no dudar,  a una parte de sus simpatizantes.
   Como yo no pertenezco a Podemos (ni a ningún otro partido), como estoy a solas con mi ordenador y mi perro, me voy a tomar la licencia de decir algunas cositas. Dada la situación mundial, en la que se está a favor de la barbarie neoliberal o contra ella, no hay nada indecoroso en haber tenido o tener buenas relaciones precisamente con el chavismo (como tampoco tenerlas con Rafael Correa, con Evo Morales o con José Mújica, por ejemplo).   
     ¿Acaso era Venezuela un país idílico antes de la democrática llegada de Hugo Chávez a la presidencia?  ¿Acaso el país era un modelo a seguir en tiempos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, devenidos ambos en peones del Consenso de Washington, decididos a hacer lo mismo que ahora se está haciendo en España (desplumar al pueblo)?
    ¿Acaso es decente ignorar los indiscutibles logros sociales del chavismo, todos indigestos desde el punto de vista de la oligarquía local y transnacional? ¿Se puede ignorar que ésta ha estado maniobrando contra el chavismo desde el primer día? ¿Se puede olvidar que en estos momentos el presidente Maduro está siendo objeto de una feroz campaña de acoso, en la que sus enemigos parecen dispuestos a ir a por todas?
     Eso de echar abajo el precio del petróleo y dejar las tiendas desabastecidas no dice gran cosa sobre su capacidad de gobierno de Maduro y mucho, en cambio, sobre el poder de sus enemigos  (lo mismo se hizo contra Salvador Allende en Chile, donde se echó por tierra el precio del cobre nacionalizado…). Para la derecha mundial es de vital importancia que el chavismo y otros proyectos similares  descarrilen y muerdan el polvo. Se trata de demostrar, por las malas, que “no hay alternativas”. Esto lo sabemos todos, como deberíamos saber que, en caso de que Podemos llegue al poder  no lo tendría nada fácil para desmentir este absurdo criminal que se sacó de la manga la señora Thatcher. El establishment se defenderá con uñas y dientes.
    En rigor, lo verdaderamente escalofriante, lo que habría sido devastador para la esperanza que representa Podemos en España habría sido descubrir  un entendimiento entre sus principales dirigentes  y los hermanos Koch… un entendimiento con los magos de la banca en la sombra, una repentina admiración por Peña Nieto, un trato preferente del señor Juncker, un favorcito del rey de Arabia Saudita…
    A juzgar por los compadres, capataces  y empleadores de los enemigos de Podemos, ni siquiera soy capaz de sobresaltarme con la noticia de que no sé que programa televisivo de Pablo Iglesias ha contado o cuenta con patrocinio iraní. Esto es lo que han conseguido sus enemigos al presentarse como unos santitos, como altísimos modelos de solvencia democrática y moral. Resulta cargante que se escandalicen como hienas ante tales o cuales relaciones de Podemos, como si ellos tuvieran las manos limpias. Y ya es el colmo que se movilicen masivamente en defensa del alcalde de Caracas, porque son los mismos que tienen por norma no decir nada sobre Guantánamo y silenciar todas y cada una de las barbaridades de los “buenos” de esta historia para no dormir.

     

martes, 9 de diciembre de 2014

LA PROSTITUCIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR


     Desde hace  tres décadas los predicadores neoliberales se han dedicado a denostar al Estado en cuanto tal. Incluso, hablaron de reducirlo hasta el punto de que fuera posible “ahogarlo en una bañera”, siempre en nombre de la “libertad económica”.
     De más está decir que, en realidad, nunca se les pasó por la cabeza liquidar el Estado. Se trataba de conquistarlo y de reducirlo simple maquinaria de extorsión y dominación al servicio de los peces gordos, lo que, por otra parte, siempre formó parte de su esencia.
   El grueso de la artillería neoliberal cayó sobre el Estado de Bienestar o Estado de Servicios. Este fue tildado de Estado-Niñera, de vampiro burocrático y antieconómico, de  fábrica de holgazanes. De su historia y su razón de ser, ni una palabra. Se ha predicado el bulo de que fue un invento de tiempos de vacas gordas, una forma de enterrar en el olvido que en Gran Bretaña se puso en pie en tiempos de vacas muy flacas (como en España). Ni siquiera es casual que no se hable de “Estado de Servicios”, por ser de mayor efecto hablar de “Estado de Bienestar”; en tiempos malos bienestar suena a país de Jauja, a cosa insostenible que pide a gritos unas tijeras o un hacha.
    Siempre se pasa por alto que entre los beneficiarios del viejo  Estado de Servicios debemos contar no solo al los trabajadores y los pobres.  También fue de gran ayuda para los empresarios y banqueros, en condiciones de operar sin tener que hacerse cargo de todos los gastos de sus trabajadores y directivos, familias incluidas. Hechos los cálculos, los empresarios y los banqueros de ayer comprendieron que salían ganando si contribuían al desarrollo del Estado de Servicios en el plano económico y, lo que era vital, en el plano social, no fuera una revolución a estallarles en la cara.
    A mediados de los años setenta del pasado siglo, los peces gordos se hartaron del invento. Ya no querían pagar su parte. El proyecto de ir mejorando el Estado de Servicios como parte del progreso fue arrojado a la papelera de la historia. Por un lado, porque ya no era tan fácil hacer negocios facilones a gran escala (shock del petróleo, competencia de países libres de grandes gastos militares como Alemania y Japón);  por otro lado,  porque los tiburones se habían llevado una sorpresa muy desagradable para ellos. Los progresos realizados en el plano de la cohesión social por medio del Estado de Servicios,  no tenían por resultado, como ellos habían esperado, unas  sociedades conformistas.
     En efecto, los tiburones se toparon con la evidencia de que los pueblos relativamente bien educados y bien servidos y atendidos querían más y no menos, como querían más libertad. De modo que había que meterlos en cintura por las malas, provocando un regreso forzoso al encuadre hobbesiano, ricardiano, maltusiano y espenceriano. En cuanto se vio que la Unión Soviética se venía abajo, cuando esos caballeros ya no le vieron ninguna utilidad a tener “en libertad” las mejores escuelas y hospitales, los mejores servicios públicos, dieron el carpetazo a lo social sin el menor escrúpulo. Sin miedo a las consecuencias (los tiburones no son historiadores, ni sociólogos ni estadistas). Y en ello estamos, ya avanzado el proceso, conducente a la restauración de una desigualdad lacerante, digna de épocas que creíamos felizmente superadas.
    Ya pisoteado el contrato social, rotos todos los frenos morales, estos caballeros remataron la jugada: ahora el Estado está a su servicio. Del Estado de Bienestar de pasados tiempos hemos pasado al Estado de Servicios para los Grandes Banqueros, Especuladores y Empresarios. Si sumamos las subvenciones, terrenitos,  facilidades, bonificaciones, descuentos,  si sumamos las aportaciones de los ciudadanos a estos vampiros por medio del Estado, descubriremos que lo que era una niñera se ha convertido en una vaca. Los pobres y la clase media se quedan con un poquito, a modo de consolación,  y los peces gordos se llevan la parte del león.  Hoy los tiburones arramblan con el grueso del “dinero social” disponible, sudado por la gente hasta la última gota, y encima con el dinero todavía virtual que esta pobre gente y sus hijos y nietos ganarán el  futuro… Como el nuevo Estado pertenece a los tiburones, dado que la iniciativa les ha sido gentilmente cedida, nada tiene de extraño que se construyan aeropuertos sin aviones o que hayan saqueado Bankia. Lamento dejar constancia de que nos escandalizamos ante lo que en este fase histórica es absolutamente normal.
     Por no hablar de las formidables ayuditas que recibía la duquesa de Alba, tómese como referencia la chapuza de Castor. Ahora resulta que durante los próximos treinta años los consumidores de gas tendrán que pagar casi cinco mil millones de euros, temblando de frío si es preciso. Los genios del fracasado negocio se van de rositas, con los bolsillos llenos. Resulta que el Estado no puede hacer nada frente al drama humano de los desahucios, nada por los niños españoles hambrientos, nada por lo que se mueren de frío, pero sí por los locos de Castor.
    Si unos banqueros hacen locuras, adelante, las pagaremos entre todos, exprimidos por el Estado, al que en realidad nadie pensó en ahogar en una bañera. Ya se encargan los tiburones neoliberales de mantenerlo a pleno rendimiento, como ente socialmente irresponsable pero necesario para ejecutar su política de tierra quemada, necesario como avalista, como garante de los contratos leoninos, como simpático donante, como encubridor de absurdos, como cobrador de impuestos al honrado trabajador y como brazo armado. Si al Estado de Servicios de ayer se le acusó de ser una antieconómica fábrica de holgazanes, al nuevo, al servicio de los tiburones, se me permitirá que lo defina como fábrica de dementes, chapuceros y malvados, incalculablemente más caros y dañinos para el conjunto de la sociedad.
      Las diatribas neoliberales contra el Estado, envueltas en promesas de gran prosperidad, surtieron efecto, como es sabido. Se dijo que las empresas públicas no podían funcionar satisfactoriamente por “carecer de dueño” [sic!]. Ola de privatizaciones, todas trileras,  Iberia, Repsol y Telefónica, etc. Ya va quedando poco. Ahora les toca el turno a los ferrocarriles, a AENA, al agua, en el mismo plan. Y como queda poco, ya no se habla de liquidar el Estado de Servicios: a la chita callando se procede a privatizarlo por partes.  
     Desde las cárceles hasta el registro civil, desde los hospitales a las universidades y los paradores de turismo, hay de todo, muy atractivo para tiburones de todos los tamaños, locales o extranjeros, con nombre propio o con nombres misteriosos inventados para la ocasión. Así aparece una constructora en la recogida de basuras de Toledo. No es extraño que los trabajadores de los servicios privatizados tengan salarios bajísimos y un porvenir incierto. De sus patronos solo cabe esperar que presten atención a los beneficios, que suban los precios, que bajen los salarios, que se quiten de encima todos los compromisos molestos y que aprovechen las ayuditas de la administración con ellos compinchada. El resultado es la prostitución del Estado de Bienestar, un negocio seguro.
    No hace falta ser un genio para saber que esa prostitución irá a más, sin dar nunca la cara como lo que tiene de robo y de atentado masivo contra el bien común. Su irreversibilidad será claramente establecida en el todavía secreto Acuerdo de Libre Comercio e Inversiones EEUU/UE.  No es un problema exclusivamente español. ¿Qué hace Goldman Sachs invirtiendo en el principal presidio de Nueva York? Ahora los genios del emprendimiento son todos iguales. ¿Problemas en África? Ya se luce el señor Gates con su fundación caritativa, y de paso les impone a sus ayudados las bondades de Monsanto. Es el paso siguiente. En lugar de justicia, caridad, pero no la que antaño obedecía al temor de Dios o al buen corazón, sino otra caridad, de increíble retorcimiento y bajeza.