sábado, 29 de octubre de 2011

CHRISTOPHER PISSARIDES


   La Academia sueca acaba de otorgar el Nobel de Economía a este profesor del London School of Economics,  una nueva indicación sobre lo mal que van las cosas y sobre lo que nos cabe esperar.
    Interrogado sobre el caso español, con sus cinco millones de parados, el sabio sentencia que nuestros males se remontan... a los años setenta y ochenta, en los que, según él, se cometió el error de dar demasiado dinero a los obreros y demasiado poder a los sindicatos. Suena como música celestial en  los dominios de la CEOE  y del Comité del Dolor formado por banqueros, financieros y grandes empresarios. Ahora resulta que los culpables de la crisis hemos sido nosotros, los trabajadores, y los blandengues que nos han agasajado con derechos y salarios a todas luces inmerecidos. Sinceramente: hay que tener mucha jeta para decir una cosa así. 
    Parece mentira, pero a principios del siglo XXI estamos a punto de vernos reconducidos a los parámetros capitalistas del siglo XIX. Este Pissarides, por ejemplo, haría un buen papel al frente de una plantación de esclavos. A juzgar por la simpleza de sus planteamientos,  no creo que llegase a tener, ya metido en faena, eso que antes se llamaba mala conciencia. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

EUROPA HA PERDIDO EL HABLA


     Por lo visto, se está librando en la trastienda del sistema político-económico un forcejeo del que depende la suerte del proyecto europeo. Digo “por lo visto”, porque aunque ciudadano directamente afectado por las decisiones que se tomen, carezco de información seria y contrastada. Me encuentro  mareado por las cifras, hundido hasta el cuello en un amasijo de datos, en el que se incluyen las fintas de Berlusconi, las contradicciones de Sarkozy y las admoniciones ininteligibles de la señora Merckel.  Como europeo, no recibo explicaciones serias, y me siento rodeado de una oscuridad de tipo soviético.
   Me reconozco pendiente de las gesticulaciones de nuestros líderes políticos. Y esta irritante situación me recuerda la época en que uno vivía tratando de descifrar las intenciones de El Pardo, atento a las palabras sueltas de “los enterados”. Bien entendido que estos  líderes ni siquiera tienen el carácter necesario para dirigirse a la ciudadanía en primera persona, ni para dar explicaciones ni para responsabilizarse por sus actos. Sólo son capaces de hablar entre sí.  De sobra es sabido que hasta los tiranos tienen que dar algún tipo de explicación y responder de alguna manera a las inquietudes de la gente, y que es muy mal asunto cuando no dicen ni pío.
  ¿Qué les está pasando a los líderes europeos, a los que hemos elegido y a los que se han enchufado por sí mismos? ¿Se les comió la lengua el gato? No me cabe duda de que tienen cosas importantes que decir, pero me temo han perdido el habla porque no pueden decir nada presentable, nada respetable, nada decoroso, y eso que no les faltan medios para pintar de blanco lo que es negro. Quizá no haya otro misterio, pues todo indica que, por segunda vez, se echará mano del dinero del contribuyente –del ganado y del que presuntamente gane el día de mañana– para mantener a flote el sistema bancario y financiero… sin ninguna garantía de devolución, al tiempo que se deja en los huesos el Estado de Servicios. Se entiende, pues, que no digan esta boca es mía. El presidente Roosevelt fue capaz de reconducir muchos espíritus con sus charlas radiofónicas: tenía cosas positivas que proponer. Esta es la diferencia. 

martes, 25 de octubre de 2011

GADAFI Y HIJO MUTASSIM, LINCHADOS


    He recibido unas cuantas cartas en las que se me reprocha lo que escribí en la nota precedente, también la alusión a que Gadafi había cumplido  la promesa de morir en su tierra. Se me hace saber que los libios se han librado de un tirano, que lo están celebrando, que ahora son libres, que la comunidad internacional ha obrado de manera intachable. Y tengo que reafirmarme en lo dicho, punto por punto.
    En particular, tengo que redoblar mi repulsa sobre lo sucedido, con las nuevas evidencias. El linchamiento de Gadafi fue aún peor, si cabe, de lo que pareció en un primer momento, porque no sólo fue asesinado. También fue salvajemente torturado. Y resulta que su hijo Mutassim también ha sido asesinado, al parecer a manos de la misma jauría.  Todo esto es inaceptable y hay que exigir a las Naciones Unidas que tome cartas en el asunto con la mayor seriedad y prontitud. Es inútil buscar disculpas en tales o cuales presuntos crímenes de Gadafi y de su hijo. Inútil. Tomarse una cosa así a la ligera sería tanto como abdicar de nuestra condición de seres humanos. Quede claro.
   Nótese que esto  no ha ocurrido en un oscuro callejón. El mundo entero –niños incluidos–  ha podido verlo. Si no se hace nada al respecto, ¡qué inmensa vergüenza, qué deshonra para la humanidad! Y nótese que tras Gadafi y su hijo... hay miles de libios en situación de riesgo.

jueves, 20 de octubre de 2011

LA MUERTE DE GADAFI


      La visión del cadáver del líder libio, como  la de los despojos de Sadam Hussein, no me causa ni la menor satisfacción. Al contrario.  El vídeo  muestra un auténtico linchamiento, algo moralmente repulsivo. La "comunidad internacional" debe necesariamente cuestionarse el significado de haberse involucrado en semejante acción. Lo sucedido nos indica en qué fase de la historia nos encontramos. Empeoramos y ciertos cadáveres se exhiben como trofeos, por la tele, como antes se hacía en la plaza pública. 
    Anteayer enemigo de la potencia imperial, que en tiempos de Reagan bombardeó Trípoli y Bengazi haciendo pagar a justos por pecadores –en respuesta a un atentado acaecido en La Belle, un pub de Berlín–, ayer amigo de nuevo, tan amigo que hasta daba gusto sentarse en su jaima, hoy acribillado, Gadafi ha acabado sus días trágicamente,  previamente demonizado. Cumpliendo, eso sí, su promesa de morir en su patria.
    Se nos ha hecho saber que la intervención de la OTAN ha sido de tipo humanitario. La ministra Chacón acaba de agradecer a nuestros aviadores su contribución a “salvar vidas”.  ¡Un tirano menos, viva la democracia! ¡Qué buenos somos! "¡Guau!" ha exclamado la señora Clinton, al recibir la noticia del linchamiento de Gadafi... Obama a felicitado a los rebeldes a raíz de este suceso, dándoles el título de "vencedores"... 
      Mejor no pensar en los intereses petroleros, en los intereses geoestratégicos y en las divisas que controlaba Gadafi, un bocado apetitoso. Mejor no pensar en que lo sucedido nos confirma la disposición a derribar gobiernos incómodos a cualquier precio, sangrientamente, a lo que se supone que tenemos que ir acostumbrándonos.
   Mejor no pensar de qué forma se armó a la oposición a Gadafi, ni de qué manera se bombardeó el país, mucho más allá de lo que se nos dio a entender y siempre al servicio de los rebeldes.  Mejor no pensar en los inocentes masacrados. 
   Y mejor no pensar tampoco en lo que les espera a los libios.  Pero de algo podemos estar seguros, y es de que, por mucho que los intereses materiales y rapaces  se camuflen mediáticamente bajo lindas apelaciones humanitarias, todos vamos a acabar, tarde o temprano, igualmente mal. Nuestra civilización está fallando y nadie puede considerarse a salvo de la barbarie. Desde el punto de vista de la pobre humanidad, aquí lo terrible no es que Gadafi no fuera lo que se dice un buen hombre, lo terrible es que los que presumen de ser mejores evidentemente no lo son.

viernes, 14 de octubre de 2011

EL CASO FIDALGO

    José María Fildago, hasta hace poco secretario general de CCOO, todavía miembro de su Ejecutiva y del Consejo Confederal, se ha pasado al Partido Popular y se rumorea que podría ser el próximo ministro de Trabajo.
    Está de moda decir que derecha e izquierda son conceptos anticuados, y el caso puede servir  para que no nos quedemos completamente ciegos.
   Porque no estamos ante una traslación sin importancia: el flujo va –siempre en la línea del mínimo esfuerzo y de la máxima gratificación– de izquierda a derecha, y no al revés...   
    No ha sido un pequeño  éxito por parte de los agentes de la revolución de los muy ricos haber amaestrado a los sindicatos y haber contribuido a que se vean desacreditados ante los propios trabajadores. La operación ha salido tan bien que ya se puede fichar, con toda naturalidad, al señor Fidalgo, quizá sin que él mismo  y sus compañeros de la Ejecutiva se den cuenta del significado de esta traslación, del descrédito que proyecta sobre el sindicato, sobre todos los sindicatos y sobre el sistema político en sí mismo.
   A  juzgar por la indignación reinante,  nótese que de forma clamorosa se exige  de los representantes un mínimo de respeto por sus  representados y también  –¡a ver si se enteran!– por lo representado.

miércoles, 12 de octubre de 2011

EL SÁBADO 15 SALGO A LA CALLE

  Saldré, sí, a manifestarme pacífica y seriamente, en unión con todos los indignados.
   Lo haré porque estoy indignado, por  solidaridad con mi gente y también porque creo todavía en la posibilidad de conseguir un mundo mejor, convencido –además, sensación terrible– de que el tiempo se agota y de que la partida se está decidiendo precisamente ahora.
    Y saldré a la calle porque la clase gobernante española, europea y mundial necesita un severo toque de atención para recapacitar sobre las consecuencias de desplumar a la humanidad en beneficio de una minoría de egoístas locos y feroces.  Que se sepa que les hemos visto las cartas, que se acabaron los juegos trileros con la verdad y con los números. 
   Si me quedara en casa me sentiría un colaboracionista, un lacayo de esa minoría totalitaria, un cómplice, y en el mejor de los casos un tonto útil,  un imbécil.

viernes, 7 de octubre de 2011

EL ESCUDO ANTIMISILES…


    De forma súbita, el presidente Zapatero nos comunica que, como españoles y  europeos, estaremos bien  protegidos, gracias a nuestra incorporación al escudo antimisiles... Se habla de que el peligro puede venir de Irán y de Corea del Norte. Y ya está, pues se sobreentiende que no hay que hacer caso del enfado de los rusos.
     Sucede todo esto sin el menor debate, en el último tramo de la legislatura, con el parlamento disuelto, y uno se entera como de refilón, como si se tratase de un asuntillo de andar por casa. Una vez más, nuestra democracia se ha lucido, sonriendo mucho eso sí. Cuando el general Franco se entendía con los norteamericanos, al ciudadano, al menos, no le cabía ninguna clase de responsabilidad. Ahora, en cambio, se da por supuesto que alguna tiene, lo que da una pátina de respetabilidad a los acuerdos tomados a puerta cerrada, de cuyo alcance nos enteraremos cuando ya no haya nada que hacer.
     En su día, Gorbachov se mofó del escudo antimisiles, por lo visto fácil de burlar, pero –claro es– la gracia no estaba en su eficacia sino en el gran negocio, que se llevó los famosos “dividendos para la paz”, de cuyo reparto nunca se supo.