Mostrando entradas con la etiqueta #indignados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #indignados. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de marzo de 2016

¿INHUMANOS O POSTHUMANOS?

     Europa se desliza, a cámara lenta, hacia la barbarie de sus tiempos más oscuros. Y esto, me digo, solo puede ser así por el olvido de sus antecedentes peores, en parte atribuible a los relevos generacionales, pero sobre todo a la recaída en el sórdido darwinismo social que inspiró al mismísimo Hitler, la clave de arco de la mentalidad neoliberal.  Hay varias hornadas de europeos formateados en función de los intereses neoliberales, poco o nada interesadas en la historia y sus lecciones, claramente desprovistas referencias morales y filosóficas de altura. No estamos simplemente, como uno quisiera creer, ante unos dirigentes de muy baja estofa moral. El mal habita en incontables europeos, no solo en aquellos que son víctimas del lepenismo y sus variantes. Hay miles de presuntos liberales que están en la misma onda, más o menos disimuladamente. 
    Las criminales políticas de los chantajistas de Bruselas en Grecia, ¿habrían sido posibles de no contar con el apoyo tácito de incontables europeos  bienpensantes? Lo dudo. Como dudo de que, sin considerable apoyo de clase bienpensante se pudiese seguir maltratando a los refugiados que llaman a las puertas de Europa en demanda de protección y asilo.
     A propósito de la idea de enviar a los refugiados a Turquía se me ocurrió decir, en una reunión, que me subleva el propósito de crear allí un campo de concentración gigantesco. Los reunidos saltaron como víboras.
     Es una buenísima idea, me dijeron, para limpiar las calles de Europa, para hacer posibles las devoluciones en caliente, para seleccionar después a los refugiados auténticos, que son pocos…
   El razonamiento: como los auténticos refugiados son pocos (?), no hay problema en asimilarlos, el problema es la avalancha de pillos, de individuos que quieren vivir bien a nuestra costa… A continuación, hablaron de la gentuza, de los peligros del “efecto llamada”, de las alemanas acosadas y violadas, de la infiltración terrorista, todos de acuerdo en que aquí no hay sitio, de que Europa tiene derecho a defender su modo de vida.
    Ya no me sorprendió que celebraran las alambradas, los muros, la acometida de los buldozers contra el jungla de Calais, las multas contra las acciones humanitarias a título individual, las políticas de Cameron, etc., etc. Intenté recordar la responsabilidad de Europa en las demenciales guerras y expoliaciones que han tenido este drama por consecuencia. ¿Responsabilidad?, se enfadaron. Ninguna responsabilidad:  hay pueblos atrasados, semibárbaros, medievales, a los que es contraproducente tratar de ayudar.
      Era una reunión de personas ilustradas y viajadas, antaño aparentemente progresistas, y  sentí náuseas:  Hablaban de los emigrados como otros, en su día, hablaron de los indios pieles rojas o de los judíos. ¿Inhumanos o posthumanos, de qué van estos europeos de mediano pasar? ¿De dónde sacan la estúpida creencia de que el sistema que maltrata a sirios, afganos, libios, iraquíes o lo que sea, tendrá a bien protegerles  a ellos de la barbarie que forma parte de su abecé? Encima de malos,  merecedores de un cero en empatía, los tengo por unos  imbéciles.

lunes, 7 de marzo de 2016

CREO QUE PODEMOS SE HA EQUIVOCADO

    Por lo visto no soy el único que tiene esta impresión en el campo de quienes no somos afectos ni al PSOE ni a Ciudadanos.  Íñigo Sáenz de Ugarte reprocha a Podemos su “maximalismo”. El profesor Juan Torres López, coautor del borrador de un posible programa económico de Podemos, ha dejado una bien razonada constancia de su incomodidad. El fiscal Villarejo se ha dado directamente de baja del partido, en señal de protesta.
      Iglesias y Errejón anuncian ahora que tienen –que siempre han tenido…– la “mano tendida", pero que yo sepa, la política del patadón y la mano tendida nunca ha funcionado. Y no le va a funcionar a Podemos, como tampoco a Rajoy, que acaba de anunciar, como gran cosa, que “esta semana” tendrá a bien llamar a Sánchez, como si aquí no hubiera pasado nada.
      Por el lado izquierdo no se suelen tomar en consideración dos hechos de la mayor relevancia. El primero  es  que el entendimiento entre Sánchez y Rivera comporta  la exclusión de Mariano Rajoy y, de últimas, su jubilación.  Este no era el guión de la Gran Coalición. Estamos ante una novedad que merece ser alentada en la medida de lo posible, no vaya a ser que el rajoyato se prolongue de una forma u otra como consecuencia del desdén de la izquierda. 
     Otra novedad es, desde luego, el texto del acuerdo firmado por los líderes del PSOE y Ciudadanos. Si estos no han querido bailar como osos en la feria monotemática del PP, es evidente que sí han querido ganarse la aprobación de los parlamentarios de la izquierda. De hecho, el documento que firmaron tiene tantos mimbres socialdemócratas que con toda razón el señor Rajoy puede decir que su política económica se iría al carajo en caso de aplicarse.
     Por descontado que ese documento no colma las aspiraciones de la izquierda, pero algo es algo, un indicio significativo, no el único, de que los tiempos están cambiado y de que los viejos mantras neoliberales ya no funcionan, admisión que por venir de partidos del mismísimo establishment merece interés y aliento, no desdén.
     Por descontado que Ciudadanos no ha cambiado de piel. Por descontado que el PSOE tendrá que hacer muchas cosas más para reintegrarse a la órbita de una izquierda seria, pero, ¿qué se gana desdeñando la propuesta? ¡Solo dañar a los líderes de Ciudadanos y del PSOE, dejarlos a los pies de las facciones más cerriles de sus respectivas formaciones y darle el gusto al IBEX y a los chantajistas de Bruselas!   No tiene gracia.
      Para colmo,  ya puesta a desdeñar ese acuerdo y a confundirlo con los gustos de la Gran Coalición, la izquierda se expone tontamente a que la tilden de intransigente e insaciable, de proceder maquiavélicamente, de jugar al cuanto peor mejor, y otras cosas por el estilo, encima sin ningún beneficio conocido.
     A quienes verdaderamente beneficia el desdén de la propuesta de Ciudadanos y el PSOE es a quienes desean continuar la galopada neoliberal a cara descubierta. Y me parece muy mal rechazar que otro gobierne en base a ese acuerdo habida cuenta de que la izquierda propiamente dicha carece la fuerza necesaria para gobernar por sí misma en estos momentos (lo que quizá sea una suerte, desde luego que nada fácil de reconocer como tal).  El horno no está para bollos. Y hasta podría ocurrir que, obligada a gobernar antes de tiempo, esta izquierda acabase pergeñando un programa de gobierno más o menos similar al que nos ha sido propuesto. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

LO BUENO Y LO MALO DE LA SESIÓN DE NO INVESTIDURA

    Lo bueno es que  por fin nuestros representantes muestran sus cartas en el Parlamento; y lo malo es que esas cartas vienen mal dadas: cualquier entendimiento posterior olerá a cuerno quemado, a chapuza contra natura. Las fuerzas que a izquierdas y derechas  han sido llamadas a refrendar la investidura de Pedro Sánchez han pegado tan duro y a la cabeza que no hay manera de imaginar un entendimiento futuro entre  apalizados y apalizadores.
     Como hemos visto, la propuesta de Pedro Sánchez y Albert Rivera ha sido virulentamente rechazada tanto por la derecha como por la izquierda. Rajoy se la toma por la tremenda, como un ataque directo contra su maravillosa política económica,  Iglesias la desprecia por su tibieza y su ambigüedad. No les falta razón a ninguno de los dos, no hay entendimiento posible. Es verdad que en esa propuesta hay, a pesar de la intervención de Rivera, ingredientes socialdemócratas contrarios a la galopada neoliberal, como es verdad que no en grado necesario para frenarla… Pero, ¿está Rajoy en condiciones de continuar su galopada sin inmutarse? No, evidentemente, como tampoco está Iglesias en condiciones de frenarla en seco.
   No es extraño ni tampoco infame que Pedro Sánchez y Albert Rivera hayan perfilado su propuesta sin perder de vista el asqueroso contexto neoliberal en que nos movemos y las filias y las fobias de los amos del cotarro. Otra cosa habría sido irresponsable por su parte. Como habría  sido una irresponsabilidad, y ya una locura, no introducir elementos de corrección. No se puede seguir en las mismas porque el sistema mismo está perdiendo legitimidad a chorros. Su propuesta me parece modesta en el mejor sentido de la palabra, esto es, concebida a la luz de la conciencia de los propios límites. En cambio, tanto la respuesta de Rajoy como la de Iglesias me parecen fruto de la desmesura, de la ausencia total de dicha conciencia. No es raro, por lo tanto, que tanto Sánchez como Rivera me parecieran  presidenciables a diferencia de sus feroces oponentes.
    Añadiré que no entiendo que la izquierda propiamente dicha no valore  la propuesta de Sánchez y Rivera. No entiendo que desperdicie la oportunidad de dejar fuera de juego al PP. No entiendo que desdeñe la posibilidad de hacer valer su peso, medida tras medida, en el Parlamento, ni que se olvide de que la llave de la gobernabilidad estaría en sus manos  (con la ventaja de que los palos de Bruselas se los llevaría otro).
    No entiendo que use en plan escandaloso la evidencia de que el PSOE ha sido y es parte del establishment (¡vaya novedad!) con la aviesa intención de burlarse de los pujos socialdemócratas de Sánchez, en sí mismo novedoso. ¿Qué gana la izquierda con dejarlo a los pies de la parte peor y dominante de dicho partido? No entiendo que no se contemple la posibilidad de que el sucesor de Sánchez sea precisamente de esa parte peor. No entiendo que se deje la puerta entreabierta para que se nos cuele en el sistema algún Monti. En fin, que ni entiendo ni trago la desmesura, la falta de sentido de las proporciones y de las propias fuerzas, y menos cuando se trata de ideales tan altos como la justicia social y de empresas tan difíciles como detener a la horda neoliberal.

lunes, 29 de febrero de 2016

LA INVESTIDURA IMPOSIBLE

    Seguimos a la espera de  gobierno. Salvo alguna novedad de última hora, la cosa va para largo. En un postrer esfuerzo por atraerse a Podemos, Pedro Sánchez le ha hecho llegar a Iglesias una versión de su acuerdo con Ciudadanos. Y he aquí que el líder de Podemos se ha apresurado a declarar que le parece vergonzosa, un mero corta y pega de dicho acuerdo, sin sal ni pimienta.  Y no es posible saber qué esperaba Iglesias, pues resulta obvio que Pedro Sánchez no podía ofrecerle ningún ingrediente incompatible con los gustos de Rivera, ya forzado al máximo.   
    Seguimos, pues, en las mismas, metidos en un círculo vicioso que podría servir de pretexto para algún juego de poder encaminado a imponernos un gobierno completamente libre de los compromisos sociales que Pedro Sánchez logró pactar con Albert Rivera.
     Habrá quien me diga que tales compromisos, por insuficientes y ambiguos, como todo lo relativo a la ley mordaza y a la reforma laboral, no valen el papel en que han sido escritos, por venir de quienes vienen.  Hay mucha ofuscación en el aire, tanta que ni siquiera se tienen ojos para ver en el acuerdo PSOE-Ciudadanos un primer reconocimiento retórico, por parte de figuras del establishment, de que aquí no se puede seguir gobernando de espaldas al bien común, como hasta hoy mismo se ha hecho con un descaro que hiela la sangre. Es un dato crucial. Claro que no cabe duda de que ese acuerdo fue escrito con el propósito de no enfurecer a los chantajistas de Bruselas y a los señores del IBEX y asimilados,  pero me pregunto quién se habría atrevido a escribir algo más osado en las actuales circunstancias, con la presente correlación de fuerzas. Y me digo que solo un demente o alguien sin escrúpulos.
    Hay quien no cabe en sí de rabia ante la evidencia de que Pedro Sánchez prefirió entenderse primero con Ciudadanos, antes que con la izquierda propiamente dicha, en lo que cualquiera puede señalar la mano de los santones del PSOE y del mismísimo IBEX. Pero hay que reconocer que Iglesias le pidió demasiado, de forma coactiva además, sin respetar su espacio. Vistas las cosas desde la calle, no da la impresión de que Sánchez e Iglesias pudieran formar un equipo funcional, con o sin intervención del IBEX. Y esto nos pone ante otro problema, no precisamente aritmético, de muy difícil solución.
    Ahora mismo, el señor Rajoy cree que, fracasado Sánchez, le llegará el momento de reaparecer por la puerta grande, listo para muñir la famosa “gran coalición”. Semejante hipótesis de trabajo no repara en el hecho de que a estas alturas las incompatibilidades van más allá de las personas. Puede que él le haya negado el saludo a Sánchez por considerarlo ya caído e irrelevante. Pero ya puede Sánchez irse a su casa que no por ello verá allanado, ni con toda la presión del IBEX, su entendimiento con el PSOE, ni con nadie más.
    Hace mucho, mucho tiempo que las relaciones del PP con el PSOE están por debajo de los estándares de lo que se entiende por buena educación.  Lejos están los tiempos en que los políticos de ambos partidos podían charlar amigablemente en los entreactos de sus labores.  Se han dicho tales animaladas que ya puede irse Rajoy también a su casa que ni con esas se volverá a la normalidad.
    Entre otras cosas porque tales animaladas han pasado al cuerpo social, sembrando no solo la división y la discordia sino también la necedad y la irracionalidad en dosis tremendas. Si ahora se impusiese la gran coalición como por ensalmo, a buen seguro que desde la calle no tendría visos de funcionar, que alteraría los nervios de los votantes tanto del PP como del PSOE, y que a los millones de votantes ajenos les valdría la primera instantánea del nuevo gobierno como prueba irrefutable de que todo es una farsa. En fin, con ello quiero recordar a los señores negociadores, también a los de Podemos, que la buena educación es para ellos un deber. Palabras tales como mentiroso, deshonesto, vergonzoso, indecente o ruin no pueden ser emitidas al margen de las elementales reglas de urbanidad, aunque vengan al caso.  Ya se ve adónde conduce la mala educación en política. A que nadie pueda entenderse, ni como aliado ni como honesto rival. 

lunes, 22 de febrero de 2016

YO APOYO A VAROUFAKIS Y AL DIEM25

    El proyecto para Europa de Yanis Varoufakis se ha concretado en el movimiento DiEM25. Se trata de conseguir de aquí al 2025 la completa democratización del sistema político y económico europeo. Se parte de la evidencia de que en la actualidad la Unión Europea no es democrática.
    Recuerda Varoufakis, para decirlo todo con una sola frase, lo que le dijo cierta autoridad de triste memoria, aquello de que unas “elecciones democráticas no pueden modificar la política económica”. ¡Acabáramos!
    Los parlamentos nacionales operan en el vacío al igual que el parlamento europeo, sometidos todos a autoridades no electas insensibles a los requerimientos de la ciudadanía, dadas al secreteo, pringadas en negocios extraños y claramente compinchadas con los mandamases de las finanzas. Y Varoufakis da por descontado que, si nada se hace para remediarlo, en el 2025 a más tardar, tan loco y antidemocrático procedimiento conducirá a la desintegración de la Unión Europea, con consecuencias catastróficas para sus pobladores. DiEM25 se propone salir al paso de esta eventualidad y refundar el proyecto europeo antes de que sea tarde.
    Completamente harto de los usos hipócritas, gangsteriles e inhumanos de la Europa que padecemos, apoyo a Varoufakis y a DiEM25. Y me complace saber que hasta el papa es partidario de la refundación. Esto no puede seguir así.
     Me gusta, como ya dije en un post anterior, que el llamamiento de Varoufakis se dirija a personas de distintas sensibilidades políticas de todas las nacionalidades, pues estoy convencido de que los males europeos no podrán ser remediados por acciones en solitario, de un partido o de un solo país. Para hacer frente a los graves problemas que nos afligen, desde el austericidio al drama de los emigrados, pasando por el TTIP el TiSA  y lo demás, necesitamos una plataforma potente, como espera ser el DiEM25, de ámbito internacional y profundas raíces sociales, como instrumento de expresión y presión, y también como instrumento de conocimiento, esto es, de defensa contra las manipulaciones en curso.
    Celebro en especial la voluntad democratizadora de DiEM25. Puede que a algunos les sepa a poco, por no fiarse ya del potencial de la democracia en orden al establecimiento de la justicia. Y precisamente porque tal creencia empieza a difundirse a ras de tierra,  la aparición de DiEM25 no puede más oportuna. Por un lado, porque nos permite reafirmarnos colectivamente como demócratas sin pecar de estúpidos; por el otro, porque los publicistas y los intelectuales orgánicos que sirven al establishment neoliberal se están arrogando el grotesco privilegio de monopolizar los términos democracia y libertad, dando por sentado que toda fuerza progresista es totalitaria y liberticida. No fue ninguna broma que Andoni Samaras metiera miedo en el cuerpo del electorado con la amenaza de que Tsipras convertiría a Grecia en una especie de Corea del Norte. Los de por aquí, en la misma línea, siembran la especie de que Pablo Iglesias y los suyos son de la estirpe de Fidel Castro, unos enemigos de la democracia, unos tipos deseosos de conquistar las instituciones para cargárselas.  ¡Y ya está bien de sofismas! 
     Considero la aparición de DiEM25  una nueva señal de que la era neoliberal y antihumana se acerca a su fin. Como claras son al respecto las apariciones de Jeremy Corbyn y de Bernard Sanders, que no habrían podido levantar cabeza hace unos años y que hoy cuentan con el apoyo millones de personas del mundo entero, entre las que me cuento. Y es que el neoliberalismo ya no tiene nada que ofrecer, nada de nada, salvo dolor, manipulación y represión. Véase a Rajoy, callado, a la espera de que el poder recaiga en sus manos. No tiene nada que decir, salvo dárselas de optimista al antiguo modo de Milton Friedman y sus secuaces.

jueves, 18 de febrero de 2016

A VUELTAS CON LOS PACTOS IMPOSIBLES

    Corre el tiempo y nada cierto se puede decir sobre los pactos que se trae entre manos Pedro Sánchez, ya emplazado a jugarse la investidura el 3 de marzo. Las así llamadas “negociaciones” parecen encaminadas a ninguna parte, esto es, a nuevas elecciones, y empiezan a irritar. 
    Todo porque el 20-D no ganó nadie, aunque todos cantasen victoria. Nadie se libró de sufrir pérdidas cuantiosas. Podemos no logró “conquistar el cielo”, Ciudadanos se quedó por debajo de sus expectativas, el PSOE sufrió un tremendo bajón, poco faltó para que Unidad Popular-Izquierda Unida desapareciese, el PP perdió su mayoría absoluta y quedó a merced de aquellos con quienes no sabe o no puede comunicarse.
     Tomados los resultados del 20-D en conjunto, se puede concluir que el electorado sigue más o menos donde estaba, ligeramente inclinado hacia el centro izquierda, como en tiempos de Adolfo Suárez. La suma de las fuerzas de signo progresista ha aventajado a las de signo conservador, pero por muy poco. Lo que quiere decir que hay mucha gente en este país que, por inercia,  por miedo a lo desconocido, por sufrir el síndrome de Estocolmo, por autoengaño o lo que sea, ha encajado los recortes y los chantajes sin sublevarse contra los principales responsables de lo sucedido.
      Con ser numerosas las fuerzas que demandan un gobierno de progreso, no son suficientes. No me parece un dato menor que Podemos lograse encaramarse al tercer puesto jugando como partido atrápalo-todo, jugando a la centralidad, a no ser ni de izquierdas ni de derechas. Y es muy significativo que Unidad Popular-Izquierda Unida, un partido que se ha distinguido por su claridad, quedase cruelmente descolgado, al filo del desastre.
    Todo eso indica que el electorado todavía no está en disposición de respaldar una opción clara de ruptura con las políticas que nos han empujado al presente desfiladero. Por algo será. La derecha conservadora ha recibido un aviso, pero también la izquierda, obligada a reconocer que, tomadas en su conjunto, las buenas gentes no quieren que sus representantes políticos echen a correr en plan vanguardia desatinada. Y como la posibilidad de hacer frente a los chantajistas de aquí y de allá depende de que las fuerzas progresistas cuenten con un amplio y generalizado respaldo social, harán bien en no ir por libre ni con prisa.
      En definitiva, creo que más nos vale contar con una oposición fuerte a las políticas austericidas que entrar a formar parte de un gobierno confuso y de corta duración. Los recortes, los desahucios y demás prácticas neoliberales se pueden combatir a pie firme desde la oposición, sin el peligro de quedar pringado en las soluciones a medias  o cosméticas que a no dudar se plantearán. De un recto, sensato y creativo ejercicio de oposición solo cabe esperar un aumento del  atractivo y del poder de convicción de la verdadera izquierda, sobre todo porque se ven venir nuevos y más terribles motivos de indignación por parte de quienes nos quieren imponer, paso a pasito, un modelo de sociedad hobbesiano, malthusiano y demencial. Quizá sea el momento de celebrar que ciertos pactos sean imposibles…

miércoles, 10 de febrero de 2016

CASO TITIRITEROS: ESTO NO HA TERMINADO

    Por fin, al cabo de cinco días, nada menos,  el juez ha excarcelado a nuestros dos titiriteros… Pero, ay, con una justificación que demuestra que seguimos metidos en un bucle de lo más inquietante. Se nos hace saber que ya no representan ningún peligro para la sociedad, no habiendo riesgo de fuga, no habiendo riesgo de “reiteración delictiva […] en razón de que ha sido incautado judicialmente todo el material”.
    Increíble pero cierto: el teatrillo y los monigotes se encuentran en poder de las autoridades. Si ya es fuerte imaginar a la bruja,  a don Cristóbal y demás títeres en el espacio reservado a bombas de relojería y quién sabe qué mecanismos peligrosos, me estremece imaginar cómo se encuentran los artistas, privados de su por definición simpatiquísimo e inofensivo medio de expresarse.
    La señora Carmena acaba de declarar que es una “buenísima noticia” que los artistas, por fin conocidos por sus nombres, Alonso Lázaro de Lafuente y Raúl García, hayan sido excarcelados. También para mí lo es. Se diría que la alcaldesa y yo temimos que no hubiera nada que hacer dada la magnitud de los cargos y la implacabilidad kafkiana del mecanismo. 
    Ahora bien, atención, porque libres en el sentido que he demandado en mi apunte anterior no lo son en absoluto. No solo se ven privados de sus monigotes y de su teatrillo; también de sus pasaportes. Todos los días tendrán que acudir a la comisaría, y los cargos (“enaltecimiento del terrorismo”,  “incitación al odio”, etc.), no han sido retirados. Les espera a lo que parece un calvario burocrático, a saber con qué final desgraciado en forma de multa o de enchironamiento, de acuerdo con la modalidad represiva que se encuentra en pleno rodaje.
     Como el lector ya habrá advertido, llamo artistas a Alonso Lázaro y Raúl García. Lo son y como tales deben ser tratados y defendidos, sin merma ni limitación. Merecen, por lo tanto, el respaldo de nuestros artistas e intelectuales, que en un asunto que les compete tan directamente no deberían verse obnubilados por cuestiones secundarias como el horario de la función, la falta de renombre de la compañía Títeres desde Abajo o sus proclividades anarquistas. La mema presunción de que la cosa no va con uno es de lo peor, y prefiero no poner ejemplos históricos. 

lunes, 8 de febrero de 2016

¡TITIRITEROS, LIBERTAD!

    Ahora resulta que dos titiriteros han sido pasaportados del guiñol al trullo, cual criminales pillados con las manos en la masa en algún sangriento negocio. Me parece de pésimo pronóstico que tal cosa pueda ocurrir en nuestro país con el aplauso de no pocos opinantes de  peso.
     Veo en ello un síntoma claro de que aquí todavía abundan las personas que no se han enterado de qué cosa es la libertad de expresión. Asistimos, de hecho, a un creciente ataque contra ella al socaire de intereses que nada tienen que ver con la salud de una sociedad abierta digna de tal nombre. Raspas un poco y resulta que bajo una fina capa de liberalismo subyace el organismo verdadero, todo él intolerante hasta  la médula.  O nos tomamos en serio la libertad de expresión y la defendemos con uñas y dientes (nos guste o no lo expresado), o estamos fritos.
     Me será dicho que los titiriteros del grupo Títeres desde Abajo han incurrido en el delito de “enaltecimiento del terrorismo”con su obra La bruja y don Cristóbal.  Es lo que dice el ministro del ramo y lo  que por lo visto piensa el juez que los mandó a la cárcel. Y núblase la conciencia, como antaño ante palabras como “masón”, “comunista” o “fascista”.
    El concepto de “enaltecimiento del terrorismo” se amplía o encoge como un acordeón. No parece lejano el día en que cualquier expresión o comportamiento crítico aparezca en ese rubro. Sin ir más lejos, los dos titiriteros presos sufren en su piel una de esas licencias que se toma el sistema  a partir del impreciso concepto.
    Oigo protestas airadas contra el Ayuntamiento, por haber programado la obrilla con motivo de las fiestas de carnaval. Dichas protestas no son lo más significativo (la historia de las representaciones teatrales que acabaron mal ocuparía varios volúmenes). Lo significativo fue que se llamase a la policía, metida de súbito en un problema molestísimo.
    ¿Acaso le corresponde a la policía juzgar sobre la marcha el contenido de una obra ya empezada, se le puede pedir? A partir de esa  llamada teléfono  (¿y cómo no iba a actuar la policía al oír la voz “terrorismo" con el agravante de comportamiento escandaloso ante los niños?), se produjo la escalada de despropósitos, dejándonos ver el mecanismo represor en toda su crudeza. Como no será que el propio Ayuntamiento ha demandado a los titiriteros, una manera de abandonarlos a su suerte y de darse por engañado. Un mal rollo. En los viejos tiempos la función habría contado con un delegado gubernativo, con poderes para detenerla, y el texto habría pasado por las manos de un censor. ¿Es a eso a lo que queremos volver? ¡A cuatro años de cárcel se exponen los titiriteros!
    Las primeras noticias que recibí de este “escándalo”  hacían referencia a una exaltación de la ETA, a una monja violada y a una serie de asesinatos (todo de pésimo gusto). Cuando por fin pude encontrar un resumen del argumento, me sorprendí al no encontrar ninguna monja violada ni tampoco “enaltecimiento del terrorismo”.  No se trata de una obra para niños pequeños,  ni fue concebida como tal. El error fue no advertir a los padres de lo que se les venía encima.
       Ahora bien, a juzgar por el resumen, el mensaje de La bruja y don Cristóbal es, oh ironía,  de género moralizante,  clásico además, mil veces recreado en todos los formatos artísticos: la injusticia, con sus valedores habituales,  genera una sucesión de desgracias. Un buen tema de conversación para padres e hijos.
     Claro que alguien dirá que lo grave aquí es que la bruja se sobreponga a los sucesivos ataques de las autoridades, siendo lo bastante bruja como para conseguir que el juez se ahorque en su lugar. ¿Es a esto a lo que hoy se llama enaltecimiento del terrorismo? En fin, amigos, lo dicho. Me sumo a quienes piden la libertad de los titiriteros, por una cuestión de principios en primer lugar. ¿O es que aquí hace falta ser brujo para ganarle la partida a don Cristóbal?

viernes, 5 de febrero de 2016

LA PROPUESTA DE IGLESIAS A SÁNCHEZ

     El primer encuentro formal de estos dos líderes políticos me producía, seré sincero, cierta inquietud. ¿Y si a la hora de la verdad Iglesias le ponía las cosas fáciles a Sánchez, por tales o cuales motivos, por una responsabilidad de Estado mal entendida, por ejemplo?
     Ya estoy tranquilo. Iglesias no me ha defraudado. Lo que él propone a Sánchez es una “coalición de progreso” PSOE-Podemos-Confluencias-Unidad Popular-IU, incompatible con fuerzas de la derecha. De modo que si Sánchez quiere negociar a derechas con Ciudadanos, debe olvidarse de Podemos. Más claro, agua. ¡Y menos mal!
    Iglesias todavía se declara esperanzado, quizá Sánchez opte por Podemos... Hasta le pareció proclive a ello. Sin embargo, el líder socialista ya salió por peteneras, decidido a seguir negociando con Ciudadanos, que a su vez le pide que negocie también con el PP. Las líneas rojas de unos otros están claras gracias a las precisiones de Iglesias, y esto es muy de agradecer. Me alegra que el líder de Podemos haya arrojado lejos de sí  la tentación del gatopardismo, afirmándose como un líder de izquierdas hecho y derecho. En este lance está jugando sus cartas con acierto.
    La posibilidad de que Sánchez se avenga a formar un “gobierno de progreso” con Podemos y sus afines no entra en mis previsiones.  Sánchez apunta a un “gobierno moderado y  reformista”,  cosa muy distinta. Sin embargo, hay que agradecerle que se haya reunido con Iglesias en un clima de cordialidad. Hay que agradecérselo, aunque para ello no haya corrido ningún riesgo. Tengamos en cuenta que al  establishment le gustaría que Sánchez fuera capaz de seducir y embridar a Podemos, algo imposible sin  “dialogar”, el verbo de moda. Lo ideal para el establishment sería abducirlo ya, con suavidad, antes de que se erija en una molestia tipo Syriza.
     Sobre el papel, es mucho lo que se juega Sánchez tras el órdago de Iglesias. Durante su breve ejercicio de liderazgo, ha intentado reverdecer la titulación socialista de su partido, ha intentado ir de progresista, sea por su propio impulso, por entender que el PSOE acabará como el PASOK si sigue en las mismas o por ambas cosas a la vez. Pero cuesta creer que pueda mantener el rumbo, habida cuenta de que su partido ya está enviciado con la acomodación. Ahora mismo, por ejemplo, sus pares europeos se encuentran en complaciente sintonía con sus homólogos del PP, metidos hasta el cuello en la turbia negociación del TTIP y el TiSA. De ahí que en ciertos labios las palabras progresistas suenen a hueco, en el mejor de los casos a fantasías personales.
     Entiendo que lo mejor que le puede pasar a Podemos es no pringarse en el débil gobierno que resulte de las negociaciones en curso. Lo primero que ocurrirá cuando ese gobierno se concrete se ve venir: una nueva vuelta de tuerca del garrote neoliberal. Lo que a la izquierda le conviene es que la culpa recaiga en los culpables, directa  e íntegramente. Las elecciones del 20-D demostraron que mucha gente sabe ya de qué va esto, pero no la suficiente. Paciencia. El respaldo a la izquierda aumentará, el tiempo corre a su favor. De aquí a poco, la Bestia neoliberal ya no podrá engañar a nadie, ni aquí ni en Europa.

lunes, 1 de febrero de 2016

¿Y PARA QUÉ SIRVE EL PARLAMENTO?

    Mucho se ha perorado últimamente sobre la “regeneración democrática” y la “transparencia”, y ahora resulta que todo  lo relativo a la tarea de formar gobierno se opera en la trastienda del sistema, como en tiempos de Franco mismamente.
     Los votantes del 20-D nos tenemos que contentar con una sucesión de ceremoniosas  escenas en Palacio y con declaraciones a la prensa de los diversos líderes políticos, ya sea equívocas o beligerantes, todavía en tonillo electoral y todas informales,  nada informativas, polisémicas, con segundas intenciones y, por ende, sofísticas. Es lamentable, ¿no creen?
     Como demócrata que soy, no se me puede pedir que me tome a la ligera este modus operandi extraparlamentario. Me parece anormal, sospechoso, insano, oscurantista, nada democrático,  franquistoide, y también una forma de retrasar sine die la obligación de que unos y otros muestren sus cartas.
     ¿No es el colmo que los señores parlamentarios electos del PSOE no se basten a sí mismos para tomar decisiones inaplazables, siendo considerado normal que se vean presionados por elementos no electos de pasadas épocas? ¿No es el colmo que el candidato a la presidencia del PP pase por alto la obligación de exponer sus propósitos en sede parlamentaria, para ganar o para perder apoyos  con luz y taquígrafos, como es debido?
     Si el Parlamento estuviera operativo, puestas ya las cartas sobre la mesa, ya sabríamos a qué atenernos. Tendríamos ya presidente, o sabríamos ya la fecha de la nueva cita con las urnas, con una ventaja añadida: tendríamos, además, los elementos de juicio necesarios para ratificar o enmendar el voto del 20-D. Tal como están las cosas, en este clima de secreteo y navajeo extraparlamentario, si hay nuevas elecciones, iremos a las urnas como si en el ínterin hubiéramos estado en la luna de Valencia.

viernes, 29 de enero de 2016

HABLÓ FELIPE GONZÁLEZ

    El ex presidente está empeñado en convencernos de las bondades de un gobierno PP-Ciudadanos, al que, según su parecer, el PSOE debería dar su anuencia.  Se ha apeado de su gran coalición PP-PSOE, lo que nada tiene de extraño a la luz de los resultados electorales.
    La existencia de Ciudadanos podría servir, cree,  para salvar al PSOE. Lo de la Gran Coalición era una jugada a la desesperada, tramada para salvar el status quo, no a su partido. Vista no le falta a González. Ahora ve la ocasión de que el PSOE, ofreciendo unos servicios menores, pueda eludir la responsabilidad por los recortes y atropellos que se avecinan. Y tanto le complace su arreglo que no ve ningún inconveniente en dejarle el campo libre al PP,  decidido a hacer la vista gorda ante los aspectos de este partido que a muchos nos han revuelto las tripas.
     Y memorable ha sido su juicio sobre Podemos. Se trata, nos dice, de un partido leninista y chavista de la peor especie, en lo que, significativamente, viene a coincidir con la apreciación de José María Aznar, ya convencido de que el propósito secreto de Podemos es cargarse la democracia.
     No se trata de una pequeña anécdota al margen. Que ambos personajes, insignes voceros del establishment, nos vengan con estas es mucho más grave que la pueril campaña encaminada a pintarnos como grandes corruptos y vendidos a Iglesias, Monedero y Errejón. Eso es lo que piensa el establishment, capaz de presentarse como el campeón mundial de las libertades.
    Por lo visto, ya no se considera lo bastante fuerte tildar a Podemos de populista. Es leninista, antidemocrático,  esto es, potencialmente violento. Lo que de buenas a primeras justifica que se prefiera apoyar a Rajoy en este trance, y podría justificar luego cualquier medida de excepción.
  Si tenemos en cuenta lo dicho por González, ¿qué posibilidades tiene Pedro Sánchez de entenderse con Podemos? Ninguna, y además se demuestra que Podemos hizo muy bien en poner duras condiciones a un posible pacto de gobierno con el PSOE. 
    El  PSOE está dividido, y la parte progresista, la de Pérez Tapias, en evidente minoría. No por otra razón ha habido espacio de sobra para el nacimiento y la expansión de Podemos, tema que el señor Felipe González pasa por alto en todas sus intervenciones como si también él, como un posmoderno más, considerase inanes las consideraciones históricas más elementales. Este hombre quiere seguir arrogándose el monopolio de la izquierda después de haberla traicionado alevosamente, y encima se permite meter miedo a los ignorantes y a los timoratos con eso del leninismo. Antes se apelaba al comunismo y  al oro de Moscú para mejor perseguir a cualquier opositor, hoy al leninismo y mañana al oro de Irán... 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL MOMENTO DE LA IZQUIERDA

    Por lo que veo,  nos sigue costando adaptarnos al tempo democrático. En democracia las cosas suceden a su ritmo, se toman su tiempo. Por ignorarlo, los protagonistas principales de las pasadas elecciones se presentaron todos como vencedores numéricos o espirituales, el colmo del ridículo. Helos aquí imbuidos de esa mentalidad de ahora o nunca que jamás le ha sentado bien a una democracia digna de tal nombre.
    Por mi parte, opino que la ventaja obtenida por la izquierda en el cómputo total de escaños debe ser justipreciada sin triunfalismo alguno. Las voces que piden que se la haga valer como sea, para formar gobierno, me dan grima.  ¿Acaso no figura el PSOE en la combinación? ¿Y qué pruebas tenemos de su voluntad de hacer honor al socialismo de su fundador? ¿De qué combinación de izquierdas estamos hablando?
    Seamos conscientes, al menos, de que la  ventaja invocada es demasiado corta y de que las fuerzas están divididas. La castración del PSOE, esta cortedad y esta dispersión son argumentos de mucho peso para no intentar siquiera cargar con la responsabilidad de formar gobierno en clave izquierdista.
     Hay que respetar el tempo democrático, hay que saber esperar, no hay que cantar victoria antes de tiempo. Y sobre todo, hay que caer en la cuenta de que ahora, por fin, la historia corre a favor de la izquierda, si esta no se presta a asumir responsabilidades que no son de su incumbencia, si se abstiene de tocamientos que desde la calle serían vistos como sucios.
     Que el peso de la responsabilidad por la que se nos viene encima caiga íntegra sobre los peones de la Bestia neoliberal que nos han traído hasta este estado de cosas. La izquierda real debe protegerse incluso contra la tentación, que le será servida, de compartir dicha responsabilidad  de alguna manera, para pringarla y desprestigiarla.
     Se nos viene encima un año atroz según ha admitido la señora Lagarde; se reclamarán nuevos ajustes y recortes; se nos vienen encima el TTIP, el TiSA y quién sabe qué más. Que los señores neoliberales carguen con sus culpas, que hasta el último despistado comprenda de qué van y cómo se las gastan. Luego, muy pronto, llegará la hora de la izquierda. Por una razón muy sencilla: a la derecha neoliberal ya no le quedan conejos en la chistera.
      Si ahora, bajo la presente correlación de fuerzas, a la izquierda no le conviene acceder al poder (solo para pagar los platos rotos por la juerga de otros), que haga el favor de no proponer soluciones absurdas, como esa de que se apele a una personalidad ilustre  para que se haga cargo del embolado de formar gobierno (la misma que se usó contra Suárez con un resultado pésimo), no sea que se nos suba a la chepa el Monti de turno. No, no, paciencia, un poco de paciencia. El gobierno al servicio de la Bestia que se forme no durará mucho. El tiempo hay que usarlo para servir a la verdad, para informar,  para dar ejemplo, para rechazar de plano las leyes, disposiciones y conductas inhumanas, para establecer un frente unido contra la Bestia neoliberal, para perfilar una alternativa clara y distinta. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

ACLARACIONES SOBRE PEDRO SÁNCHEZ

    Un corresponsal me reprocha mi “falta de confianza” en el PSOE y en particular que lo tenga metido en el saco de la mafia neoliberal. Me dice que he sido injusto con Pedro Sánchez, a quien considera el líder natural de la izquierda y el hombre indicado para liderar la operación de dejar fuera de juego a Rajoy.
     Me recuerda que Pedro Sánchez acaba de negarle su apoyo al PP ayer mismo. Lo sé, me he fijado, pero yo adscribo al PSOE al campo neoliberal desde hace mucho tiempo a la luz de sus hechos, esto es, en clave de poder y no de juegos de prestidigitación.
      Admito que en mis comentarios no le he otorgado a Sánchez el beneficio de la duda. No le conozco personalmente. Solo sé de él lo que he visto en los periódicos y en la tele. Puede que él se crea las mejores palabras que ha pronunciado al calor de la campaña electoral, puede que tenga las mejores y más socialistas intenciones, pero carezco de pruebas.
      Ahora bien, he tomado nota de que dejó de hablar de la eliminación del artículo 135 de la Constitución en cuanto se vio presionado por el establishment y de que se declaró más próximo a Valls que a Corbyn. No puedo ignorar tampoco que tiene un asesor llamado Jordi Sevilla, neoliberal y partidario de una gran coalición PP/PSOE, ya compinchado al respecto con Josep Piqué y correligionario económico del señor Garicano, el asesor de Ciudadanos.  
     ¿Pequeñeces? No, a mi parecer, aunque entiendo que mi corresponsal no haya prestado atención esos elementos de juicio: el candidato saltó a la palestra en clima electoral,  definiéndose al calor de las circunstancias, empujado por la necesidad de hacer valer lo que por razones históricas el PSOE aun pueda tener de socialista en el imaginario colectivo. Pero de ahí que tenga la cabeza y los huevos para romper con la herencia de los González y los Solchaga media un trecho.
     He visto a Pedro Sánchez andar por el filo de la navaja, tratando de conciliar los buenos propósitos del socialismo con el orden de cosas existente, como si tal cosa fuese posible en la práctica.  Le he visto eludir temas tan graves como el TTIP y el TiSA, de cuyos pormenores ya debe estar más que enterado. Y además, lo que me parece sintomático, recibió tan mal a Podemos como lo recibieron los del IBEX y de la caverna.  Encima, se ha presentado como el continuador de los maestros de la acomodación y el gatopardismo, desde González a Zapatero, a mucha honra me ha parecido entender.
    Admito que Pedro Sánchez me halagó los oídos cuando expresó su deseo de barrer de un plumazo la reforma laboral, pero, ¿cómo podría hacerlo sin pelearse con el establishment, provisto de excelentes peones dentro de su propio partido?
     Por su juventud y por las dramáticas circunstancias, Pedro Sánchez bien pudo declararse socialista renacido, echar pestes sobre la tercera vía, condenar la capitulación de la socialdemocracia ante los intereses del gran capital. Y no lo hizo. Para mí, esto quiere decir que el PSOE, balandronadas sociales aparte, está donde estaba, esto es, en la acomodación. Y por esta razón no lo puedo colocar en el frente antineoliberal. Y conste que me irritan más los neoliberales encubiertos que los declarados.
    Quizá Pedro Sánchez, desprovisto de escamas, por salud juvenil o por no estar atrapado en las redes clientelares, se sienta en posición nueva, quizá crea en el proyecto que los socialistas no contaminados por los intereses particulares todavía atribuyen al PSOE. Pero con eso no me basta. El partido que preside hace mucho que dejó de cumplir sus deberes, hace mucho que actuó como cómplice necesario del desplazamiento a la derecha de nuestro sistema político.
     Entiendo que mi corresponsal defienda a Pedro Sánchez.  Y reconozco que yo no quisiera estar en el pellejo de su defendido. Para salvar al PSOE de la trampa histórica en la que ha caído, tendría sacar del sótano a Pablo Iglesias el Viejo, apoyarse en la parte sana de su partido  y darles la patada a los profesionales de la acomodación, tendría que sacar pecho ante el establishment local y transnacional. Es lo que, a mi juicio, le toca, porque de seguir igual el PSOE se irá al carajo en plan Venizelos.
    ¿Lo veo capaz de tamaña heroicidad?  Pues no. Quizá esté deseando poner manos a la obra, pero yo no creo que le dejen. Y es que el PSOE, como el PP, ya quemó sus naves al servicio de la Bestia neoliberal para mejor disfrutar de sinecuras y zanahorias. 
     En fin,  querido amigo, que de aquí a nada se pondrá de moda la palabra “responsabilidad”, para justificar la siguiente ronda de acomodación, con o sin Pedro Sánchez. Ya se sabe, a la irresponsabilidad social por la responsabilidad corporativa, responsabilidad esta que en las urnas cotiza cada vez menos, como acaba de demostrarse. Y no se me enfade si le digo que presiento que la historia no tardará en sepultar al PSOE y al PP en la misma sima política, abrazaditos los dos. 


miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿Y AHORA QUÉ?

     Con los resultados electorales a la vista, reina la incertidumbre. Se consideran las más diversas combinaciones, a ver si es posible formar un gobierno con lo que hay. 
      Lo único que sabemos  a ciencia cierta es que nos daremos de bruces contra la dura realidad. Ya están los portavoces de la Bestia neoliberal reclamando una nueva vuelta de tuerca en la reforma laboral y nuevos ajustes, es decir, nuevos recortes sociales, como parte del proceso que nos obligará a pasar por las horcas caudinas del TTIP y el TiSA.
     ¿Y ahora qué pasará?  En realidad, verbosidades electorales aparte, nos encontramos ante un asunto de poder, de resultado previsible. Habrá un pacto de gobierno entre las fuerzas neoliberales, PP, Ciudadanos y PSOE, a medida de los intereses del poder establecido y no se hará concesión alguna a los intereses de la parte desplumada de la sociedad.
     Si el indecente y el ruin no consiguen entenderse, serán relevados.  Y es que con lo que hay, hay de sobra para repetir la listeza del príncipe Salina y todo seguirá más o menos igual, a placer de la Bestia neoliberal. Tiempo al tiempo. Eso sí, los tres acabarán chamuscados, por aquello de que no se puede servir a dos señores, en este caso a la Bestia y al Bien Común.
     Por mi parte, considero una suerte que la izquierda propiamente dicha no se haya alzado con una victoria por los pelos. Hemos quedado momentáneamente a salvo de que se repita aquí el drama de Syriza. La hora de esta izquierda no ha llegado. Pero llegará, pues las cosas han quedado colocadas de manera tal que serán los neoliberales quienes acabarán merecidamente quemados, víctimas de sus propias iniquidades. Por mucho que prometan y mientan, la próxima vez no podrán salvar ni los muebles.

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL PANORAMA ELECTORAL

   Reina una gran agitación en el centro del espacio político, donde los partidos atrápalo todo, Podemos entre ellos, agitan sus banderas. Se pugna por seducir a la masa de indecisos. Lamentablemente, ese centro es un espejismo. No hay tal centro, como constataremos después del 20-D.
     De hecho, la Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker –genio de la evasión fiscal, capo austericida–, acaba de puntualizar que, sea el que sea, el próximo gobierno de nuestro país tendrá que dar una vuelta de tuerca a la reforma laboral y atenerse a los  límites del déficit y de la deuda públicos (nuevos recortes sociales).
     Nótese que la Comisión, ya impaciente,  no ha tenido a bien esperar hasta después del 20-D para emitir este Diktat. Y no hace falta ser ningún genio para saber que  nos empuja de mala manera, como sobre raíles, a las coordenadas del TTIP y el TiSA, esto es, a un modelo de sociedad hobbesiano y darwinista en el que todas las lindas palabras  de ahora estarán fuera de lugar.
    No hay centro, insisto. Ni podría haberlo en circunstancias como estas.  O se está del lado de las personas, o se está del lado de la Bestia neoliberal. No otra es la confrontación, aquí, en Europa y en el mundo. Si nos atenemos a esta cruda realidad, la confusión deja paso a una visión ante la cual no cabe hacer el avestruz, pues el propio sistema democrático se encuentra en peligro aquí y en todas partes, por la incompatibilidad entre los fines de la Bestia y los de la gente.    
    Las encuestas predicen que tanto el PP como el PSOE algo pagarán en las urnas por lo que han hecho, pero nada dicen del daño que dicha incompatibilidad producirá a los partidos emergentes a partir del punto y hora en que se vean en el trance de pasar por el aro.
    Las encuestas predicen el final del bipartidismo imperfecto, pero mucho me temo que con eso no basta inaugurar una nueva fase histórica. Veo venir más desgaste. En cuanto se disipen las fantasías electorales, ¿qué creemos que van a sentir los votantes del PP y del PSOE, por muy curtidos que estén? La catarsis electoral durará poco.  
    En cuanto a los emergentes, su desgaste será rápido, porque obedece al mismo mecanismo perverso y sus votantes tienen menos estómago. Todo esto es malo para nuestra democracia en sí misma, y es pronto para saber si será capaz de sobreponerse, pues el daño es demasiado grave, no un simple toque de atención. En teoría, una democracia puede regenerarse, pero no hay manera de lograrlo a fuerza de abusar sofísticamente de su legitimidad en perjuicio de los intereses comunes. La crisis y su gestión, he aquí dos armas de destrucción masiva contra los sistemas democráticos, cuya salud no importa un comino al establishment.
    Para mí, hay dos frentes en liza. Por un lado, el frente neoliberal, del que forman parte el PP y Ciudadanos. Todo indica que tendrán tanta fuerza en el Parlamento que hasta me parece estúpido dar pábulo a una reforma constitucional, no vaya a ser que veamos sustituida la Constitución de 1978 por un sofrito neoliberal.
    El papel del PSOE se presenta equívoco aunque Sánchez haya tratado de girar hacia la izquierda. No le hemos vuelto a oír hablar de eliminar el sucio artículo 135; declaró sentirse más cerca de Valls que de Corbyn; y encima, tiene un consejero económico neoliberal, el señor Jordi Sevilla (hasta ayer mismo, un firme partidario de un gobierno de concentración PP/PSOE…). También es muy significativo que haya tratado de fastidiar a Podemos por el sencillo expediente de agitar el fantasma de Syriza, una manera de declarar su fidelidad al establishment.  Todo indica que el PP y Ciudadanos podrían contar con el apoyo del PSOE en los temas verdaderamente importantes, cualquiera que sea el resultado que  obtenga Pedro Sánchez el día 20. Que el PSOE se juega su porvenir es cosa sabida, pero es incierto que vaya a reaccionar. Piénsese en los casos de Venizelos y de Hollande, dispuestos a hundirse a mayor gloria del sistema.
    Nos queda el otro frente, el antineoliberal, en el que encontramos a Podemos, Unidad Popular-Izquierda Unida y las diversas mareas. Hoy separados por cuestiones menores, creo que estas fuerzas formarán un todo compacto en el Parlamento, aunque sin posibilidad alguna de influir en el curso de los acontecimientos.  El frente neoliberal no las dejará llevar adelante ningún referéndum, no les dará opción a dejar su huella en la reforma constitucional; no conseguirán la eliminación del artículo 135, ni sacar adelante sus proyectos sociales. Esto es triste, pero cabe esperar que se consolide una fuerza clara de oposición, tanto más digna de confianza cuanto menos doble el espinazo, tanto más importante para el día de mañana cuanto mejor informe a la ciudadanía de lo que está urdiéndose en la trastienda del poder. Como la indignación irá en aumento, como el otro frente cargará con toda la responsabilidad, su hora llegará, tarde o temprano. A menos que el sistema colapse por el camino.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL DESTINO DE LOS INOCENTES

       El destino de los inocentes ofrece una clara indicación sobre el nivel moral de los asuntos humanos. A juzgar por los hechos de nuestro tiempo, la humanidad, por lo que se refiere a sus rectores visibles e invisibles, ha recaído en un grado de barbarie digno de los tiempos de Auschwitz e Hiroshima. No es extraño, por lo tanto, que nos veamos invitados a hacer la vista gorda, a consentir e incluso a aplaudir con una mentalidad para nada distinta de la que hizo posible tamañas aberraciones.  La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) no se habría materializado hoy. Y pensado en ella, confirmando lo que aquí afirmo, cierta afamada colaboradora de los think-tanks neoliberales ha dicho que le parecen “un cuento de hadas”.
      Ya no estamos hablando de barbaridades puntuales del poder establecido, ejecutadas más o menos a escondidas, típicas de los “treinta gloriosos”.  Hablamos de acciones de gran envergadura perpetradas  con descaro por elementos que ni se toman el trabajo de esconder la mano. Hasta deben considerar estupendo que la humanidad palidezca ante el despliegue de su poder, tanto más aterrador cuanto más desprovisto de lo que se entiende por altura de miras. La barbarie económica y barbarie militar que padecemos son de pésimo pronóstico, vistas las cosas desde la perspectiva de los inocentes, la única que debería interesarnos.
     Los atentados de París pertenecen a la categoría de los que se condenan por sí solos.  Fueron perpetrados contra personas como usted y como yo, a las que pretendieron confundir con cruzados a sabiendas de que eran inocentes. Si el asesinato es aborrecible aunque se perpetre en nombre de ideas políticas o religiosas,  la elección arbitraria de las víctimas representa el colmo de la atrocidad. Y en ello andamos.
     Para la humanidad el problema no es que un puñado de elementos con el cerebro lavado lleguen a ese extremo repugnante, pues ella va muy sobrada de anticuerpos contra tales sujetos. El problema, ya gravísimo, es que sus máximos dirigentes sean cultores de la misma lógica de la atrocidad a una escala incomparablemente mayor, como prueban los arrasamientos de ciudades y países enteros con fines geoestratégicos y económicos indeciblemente rastreros.  La estatura moral de una época no se deduce de las acciones de un puñado de criminales desnortados, sino de la lógica del poder establecido, en nuestro caso atroz.
     La famosa guerra contra el terror iniciada por Bush se ha cobrado ya no menos de dos millones de víctimas en Afganistán e Irak, inocentes en su inmensa mayoría. Lo que digo: la lógica de la atrocidad.  La que se usó en Libia y la que se viene empleando en Siria, donde se quiso repetir la jugada. 
    Ninguna sociedad está libre de que en su seno se forme algún grupo de locos asesinos, pero es gravísimo que gentes que se dicen civilizadas se pongan a dar lecciones de inmoralidad a los elementos que pueda haber por ahí en disposición de convertirse en tales. En este punto estamos con la autoridad moral por los suelos. Sin vergüenza y sin propósito de enmienda.
      Pero no se crea que a esta situación se ha llegado en un día. El neoliberalismo y el neobelicismo han ido de la mano durante años, llevándose por delante todos los avances de la humanidad.
      Allá por el año 1986  se produjo un hecho sintomático, un anticipo de lo que vendría. Ronald Reagan, “un campeón de las libertades”, decidió aprovechar la muerte de dos soldados americanos en un confuso incidente acaecido en un club nocturno berlinés. Se difundió la especie de que la seguridad de los Estados Unidos se encontraba en peligro. Se anunció una inminente una invasión de los sandinistas… precedida por una sucesión atentados terroristas  perpetrados por agentes libios, unas mentiras risibles que llevaron a miles de americanos a la correspondiente paranoia.  Seguidamente, de manera por completo ilegal, Estados Unidos bombardeó Trípoli y Benghazi, matando a no menos de cien personas.  ¿Qué tenían que ver esas personas con el incidente del bar berlinés? ¡Nada en absoluto! ¿Y los derechos humanos? ¡Al diablo con ellos!  Y el mundo se lo tragó con patatas. Sí, se tragó esa represalia en plan Lídice, con los resultados que eran de prever.
    Sólo tres años después, cuando le entraron prisas por raptar a Manuel Noriega, Bush senior  invadió Panamá, previo bombardeo. ¡Otra vez lo mismo! Noriega, colaborador de la CIA, viejo conocido de Bush,  fue repintado para la ocasión: un monstruo en calzoncillos rojos que esnifaba coca mientras hacía vudú. Murieron unos 4.500 panameños; no menos de veinte mil personas se quedaron sin hogar. No hubo reacción tampoco, y no se tomó en consideración, como nos habría exigido Tucídides, el espinoso tema del Canal, verdadero motivo del sangriento atropello.  Pronto nos veríamos ante la novedosa expresión “bombardeos humanitarios”. Ya estaba a punto el modus operandi que tomó como pretexto los atentados del 11-S para dar alas a la  “destrucción creativa”.
    No, no hemos llegado de la noche a la mañana a la presente degradación. El problema de fondo es la lógica de la atrocidad, la mismita que creíamos haber dejado atrás en 1945. El valor del ser humano se ha venido abajo. Asistimos a una escalada de barbarie, con un imparable aumento de los “daños colaterales”, que ya forman parte de la banalidad del mal de nuestro tiempo. El destino reservado a los inocentes no puede ser peor. Si logran salvar el pellejo y llegar a nuestras sociedades, mejor no pensar en lo que les espera. Nótese que ya hay gente inteligente y sensible que apuesta por acabar con el Estado Islámico sin pensar, ni por un momento, en los inocentes que se encuentran bajo su ocupación. ¡Como si aquí debiéramos dar por sobreentendido que carecen de importancia y que la clave de todo es bombardear más y mejor! Es de lamentar que esa gente no se percate de que tal como sean tratados los inocentes de regiones remotas seremos tratados todos. 

martes, 10 de noviembre de 2015

LOS DOS FRENTES EN LIZA

     El PP  nos promete un futuro muy lindo, merecidamente ganado por su buen hacer, luce simpático como nunca, muy moderado, se saca de la manga intereses sociales de última hora. El PSOE da muestras de socialismo y  promete derogar la reforma laboral. Todos defienden los bienes públicos, la sanidad, la educación, las pensiones, faltaría más.  Muy tranquilizador, se adormecen los malos recuerdos. También Ciudadanos tiene lo suyo, con su limpieza y su juventud, con ese líder de refresco que sabe hablar  estupendamente sin atenerse al consabido argumentario.  En fin, que dan ganas de votarles, que apena tener que elegir entre tres opciones tan buenas, que además están de acuerdo en la defensa de la unidad de la patria.
     Ahora bien,  ironías aparte, después del 20 de diciembre, cuando se disipen los narcóticos y los anestésicos, la cosa se pondrá brava.  Se prevén nuevos requerimientos de las altas instancias económicas, se prevén nuevos ajustes de la tuerca que nos tiene asfixiados.  Y si te he visto, no me acuerdo.
     ¿Se imagina alguien a Rajoy dando marcha atrás a las medidas económicas de las que tanto se ufana?  ¿Cree alguien que Sánchez se acordará del compromiso de eliminar el maldito artículo 135 que Zapatero y Rajoy calzaron en la Constitución? Lo que cabe esperar de él ya lo dijo, elegantemente, al declararse más próximo a Valls que a Corbyn. No preveo que haga historia plantándole cara al TTIP ni al TiSA. Doy por seguro que, como Rajoy, no tendrá el buen gusto de informarnos antes de las elecciones sobre lo que sin duda ya sabe  sobre tan secretos y decisivos tratados.  Y con Garicano como economista de cabecera, no preveo que Rivera se salga ni tanto así del guión. Se trata de un frente neoliberal. Y si se cumplen los vaticinios de los expertos, si finalmente gana Rajoy seguido por Rivera, si se acaba el duopolio, ya sabemos lo que nos espera. Se entenderán en lo principal, flanqueados por el PSOE de un modo u otro y con grave daño para sí mismo. En todo caso, parece que nos libraremos de la mayoría absoluta, instrumento que en manos de nuestros políticos ha demostrado ser peligrosísimo.  Algo es algo.    
     Del otro lado tenemos un frente antineoliberal, también dividido entre distintas sensibilidades. Por un lado tenemos a Podemos, por el otro a Unidad Popular. Compiten entre sí, pero tendrán que sumar sus fuerzas en el Parlamento. Separados, estos grupos serían cruelmente ninguneados.
    Las diferencias que no pudieron limar a priori,  se limarán por sí solas. Según los sondeos, el cielo no será asaltado, lo que tiene sus ventajas. Una victoria a lo Artur Mas sería peor que la derrota parcial que se ve venir. Nada menos recomendable que una victoria por los pelos si tenemos en cuenta el tremendo desafío que se nos viene encima. 
        Visto el peligro, se entiende la impaciencia, la sensación de ahora o nunca. Pero la historia tiene su tempo, y hasta se puede insinuar que le está haciendo un favor al desunido frente antineoliberal, al obligar al frente opuesto a cargar con toda la culpa del atraco y del cambio de modelo de sociedad que nos ha sido impuesto, privándole de la posibilidad de echársela encima.  Un favor, porque le da tiempo a madurar y constituir la alternativa necesaria, dentro de lo real posible, mientras sus oponentes se queman por completo; un favor, porque le da tiempo a que estos se quemen  no solo aquí sino en todas partes; porque le da tiempo a encontrar sus verdaderos amigos europeos, evitándole la penosa soledad que padeció Syriza. Y tiempo también para que hasta el más despistado se harte de votar contra sus propios intereses y se movilice en consecuencia. 

lunes, 10 de agosto de 2015

CON HIROSHIMA Y NAGASAKI EN LA MEMORIA

    Hace setenta años dos ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki, fueron arrasadas por sendas bombas atómicas. Desde entonces, al llegar estas fechas, se pide en todos los idiomas la renuncia a tales armas, sin resultado.
     En estos momentos hay unas 15.000 cabezas nucleares, más que suficientes para destruir el planeta no una sino varias veces, evidencia que no se puede encajar en una visión de progreso digna de tal nombre. Las masacres que ahora evocamos proyectan su maligna luz sobre nuestro presente y sobre el futuro, sin que podamos consideradas un asunto pasado o ya maduro para el olvido.
    No fue una sorpresa menor descubrir que Japón estaba en trance de rendirse cuando fueron lanzadas esas primeras bombas atómicas sobre objetivos netamente civiles, preservados intactos hasta ese momento con la siniestra finalidad de dejar bien clara la superioridad destructiva de las nuevas armas. También fue escalofriante descubrir que el objetivo  primordial fue hacerle saber a Stalin que debía quedarse quieto.
    Conocidos los entresijos de la decisión de lanzarlas, la publicitada teoría que las pinta como un “mal necesario” encaminado a salvar vidas de soldados norteamericanos ha caído en el descrédito, al menos por lo que se refiere al círculo de los estudiosos del tema. Es más, ya no parece posible inscribir tales bombazos en la lista de los hechos de guerra propiamente dichos. El mismísimo general McArthur dejó constancia de que eran “completamente inútiles desde el punto de vista militar”.  Ni se dude de que el viejo santo Tomás los hubiera considerado inmorales.
     Creo que lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki nos obliga someter a un concienzudo peritaje los cimientos morales de la civilización, cosa que desgraciadamente no se hizo al término de la II Guerra Mundial. La victoria sobre el III Reich y sobre su asociado japonés no permitió ir al fondo de la cuestión. La victoria había hecho buenos a los Aliados y por lo visto no es nada fácil sustraerse a la lógica de la guerra total, inscrita en el ADN de nuestro tiempo a despecho de las amables apariencias.
   ¿Acaso no se echan de menos unas palabras de arrepentimiento? Que Estados Unidos tuviera en su mano la posibilidad de elevarse moralmente por encima de todos sus enemigos, por el simple procedimiento de abstenerse de usar la bomba atómica, y la desdeñase olímpicamente, para después festejar sus efectos con bochornosa algarabía, esto debe ser motivo de reflexión.
    Obligados a filosofar después de Auschwitz y del Gulag, estamos también obligados a hacerlo después de Hiroshima y Nagasaki. No vaya a ser que estemos bajo el maligno imperio del mismo poder criminal que atribuimos a Hitler y a Stalin, sospecha que se cierne pesadamente sobre nosotros.
    Visto el panorama, no es un asunto de patrias y banderas. Estamos, me temo, ante un problema de civilización. Resulta que más allá de las lindas palabras, el ser humano carece de valor. Si tiene la desgracia de cruzarse en el camino del poder, no vale nada. El maltrato a los inocentes, del que hoy somos testigos constantemente, implica una reviviscencia de Auschwitz, pero también de los crematorios de Hiroshima y Nagasaki.
   Eso de atacar países o bombardear ciudades so pretexto de neutralizar a un par de individuos odiados, como ahora se hace, ¿tiene algo que ver con la superioridad moral?  ¿Se puede pasar por alto que los neoliberales tienen entre pecho y espalda la misma porquería intelectual que alentó Hitler, la milonga del “darwinismo social”?
   Alambradas, cuchillas, torres de vigilancia, murallas, “campamentos para refugiados”, hambreados, muertos de hambre, emigrantes a la desesperada, “daños  colaterales”, bolsas de miseria, poblaciones esclavizadas, un Auschwitz posmoderno en Guantánamo, todo esto adquiere un sentido preciso a la luz de lo acontecido en Hiroshima y Nagasaki. Bien podía estar en fase de construcción un gulag planetario, comparado con el cual las criminales ambiciones imperiales japonesas y alemanas fueran asuntos menores, horrores localizados. Confío en que seamos capaces de impedir tamaña locura antihumana, una artera repetición. 

lunes, 3 de agosto de 2015

RESPUESTA A UN LECTOR

    Un lector me reprocha mi “radicalización”. De mi afirmación de que a raíz del caso griego me he visto obligado a dejar en suspenso mi filiación socialdemócrata, deduce que me he vuelto comunista al antiguo modo (no privándose de recordarme los horrores de Stalin y de Pol Pot, a ver si me echo atrás). ¿Y si lo veo todo negro para mejor  engolfarme en las profecías de Marx sobre el final del capitalismo? ¿Y si soy un intelectual pesimista, imposible de contentar?
    Este lector tiene razón en lo de mi radicalización. El caso griego, tan trágico, sobrevenido tras años de cultivar yo la esperanza de que las altas autoridades económicas entraran en razón, ha tenido el efecto de una revelación: la socialdemocracia no funciona ni funcionará en este contexto; es impotente por inadecuación al medio y no por la miseria moral e intelectual de sus capitostes actuales, como yo quería creer, como si esta bastase para explicar su fracaso.
     Me  harté de soslayar lo obvio: la socialdemocracia no nació para hacer frente al capitalismo salvaje. Nació cuando el capitalismo estuvo dispuesto a hacer concesiones significativas (concesiones que jamás habría hecho si solo hubiera tenido que enfrentarse con esta versión blanda del socialismo).
    Como el capitalismo ha vuelto a sus orígenes salvajes, no le queda otra opción a la izquierda que volver a los suyos, a cara de perro además. Salvo que quiera atenerse al papel que le han asignado los salvajes, que no es otro que el de cómplice de la barbaridad en curso. Tal es mi punto de vista en estos momentos.
   Al capitalismo vigente le corresponde una respuesta anticapitalista tan actualizada y refinada como seamos capaces de concebir, pero desde ahora mismo decidida. ¡Ya está bien de soportar la milonga thatcheriana de que no hay alternativas! La economía debe ser sometida a los intereses de la humanidad y punto.
     Dicho lo cual, debo añadir, para tranquilidad de mi corresponsal, que no debe ver en mí un admirador de Stalin o de Pol Pot. Soy,  por encima de todo, un humanista. Esos personajes me repugnan tanto como a él. A lo que debo añadir que los primates del capitalismo salvaje me inspiran no menor repugnancia.
    Aunque mi corresponsal no lo crea, hay un comunismo humanista, hay un socialismo humanista, hay un anarquismo humanista e incluso un liberalismo humanista, como hubo, mal que le pesase a Althusser, un Marx humanista, como hay, por cierto, un cristianismo humanista (pregúntele al papa Francisco lo que piensa del sistema económico). En esos espacios, si me busca, podría encontrarme. De esos humanismos saldrá la economía del futuro, si es que lo hay.
    No le doy más pistas. Pero me permito añadir que, entre las tareas pendientes de la izquierda figura, en primer lugar, y su carta me lo recuerda, la de quitarse de encima de una vez por todas el sambenito de ser tan inhumana como sus enemigos capitalistas. Y nada más sencillo, porque canallas como Stalin y Pol Pot no representaron ni entonces ni ahora a toda la izquierda, por mucho que lo publicite el establishment  con la impagable ayuda de unos nostálgicos completamente ajenos al sentir de la izquierda progresista.
     En cuanto al futuro, admito que no las tengo todas conmigo y que entiendo que me considere un pesimista si es, como sospecho, un ciudadano bienpensante, capaz de hacer buenas hasta las mentiras, que quiere creer que él no tiene nada que temer de la progresión de la Bestia neoliberal.
    La  terrible crisis planetaria causada por la Bestia está siendo aprovechada por ella misma de la manera más alevosa para imponernos un modelo de sociedad clasista y criminal. Lo que no deja mucho margen para la esperanza.
     Si nada la frenó en el punto de partida ni tampoco al derrumbarse la pirámide de Ponzi en que nos había metido, si continúa su galopada, ¿por qué iba a detenerse ahora, siete años después, cuando ya ha conseguido que los pueblos desprevenidos paguen la factura de su juerga global y alzarse con nuevos beneficios estratosféricos?
    No ignoro que la humanidad ha sido capaz de sobreponerse a la barbarie en varias ocasiones, siquiera relativamente, como ocurrió, por ejemplo, al término de la Segunda Guerra Mundial, y por eso mismo me estremezco. ¿Hasta qué punto tendrá que llegar ahora el sufrimiento antes de que se consolide un cambio de mentalidad que deje sin aire a la Bestia, antes de que se genere un significativo cambio a mejor?
   En buena ley, el ciclo neoliberal debería estar agotado y sus rapsodas  con el rabo entre las piernas. Pero no. De modo que queda mucho sufrimiento por delante. La manera en que se provocan y tratan los problemas, sean puramente económicos o geoestratégicos y económicos no permite hacerse ni la menor ilusión (piénsese en Afganistán, Irak, Libia y Siria, por ejemplo, medítese sobre la socialización de las pérdidas como modus operandi ).
   Ojalá que la humanidad encuentre la manera de sobreponerse a tanta barbarie, pero no puedo ignorar que el tiempo trabaja en contra.  Se ciernen sobre nosotros tremendos problemas ecológicos y la Bestia sigue adelante sin inmutarse.
    Mi admirada Naomi Klein cree que, quizá, la magnitud del desastre ecológico que se nos viene encima a consecuencia del cambio climático y de la tóxica fijación a los combustibles fósiles podría dejar fuera de juego a la Bestia neoliberal,  bajo cuya demencial dirección vamos  en línea recta e irreversiblemente hacia un infierno.
   Hasta puede venirnos bien topar con los límites ecológicos,  cree ella,  en orden a resolver de una tacada el problema del calentamiento global y el horror de la desigualdad  y la pobreza, y claro que la acompañaré en esta esperanza, hasta donde me sea posible. Me fío de su criterio, del criterio de las buenas gentes y de los científicos que no se han dejado sobornar, pero del poder establecido no me fío un pelo. Lo considero capaz de cualquier barbaridad. Pedirle que frene, venirle con razonamientos morales y llamadas a la cordura está tan fuera de lugar como lo estuvo en el caso de Hitler, dicho sea en plan clínico.